Inicio > E-Maristas > Marcelino Champagnat > Tres rostros de San Marcelino


Bicentenario del Instituto
2 de enero 2017


 




 


Próximos eventos


 
 

http://www.champagnat.org/000.php?p=432
Loading

Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

Sudáfrica: St David's Marist Inanda

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

Archivo de novedades

 

Calendario marista

6 diciembre

Santos: Nicolás de Bari, Dionisio

Calendario marista - diciembre

 

Red de sitios maristas

Archivo de novedades

Tres rostros de San Marcelino

 

FMS Mensaje 28, febrero 2000

La canonización ha lanzado un nuevo rostro de San Marcelino, un rostro con dimensión universal. Ha traspasado el marco del Instituto Marista para convertirse en patrimonio de toda la Iglesia. Presentamos aquí tres rostros, correspondientes a tres momentos importantes de su historia, inmortalizados en tres pinturas. La primera, que se llevó a cabo en los instantes inmediatos a su muerte, pretende ajustarse a su realidad física. Un intento, desde otra área, ha sido realizado recientemente en Brasil a través de la reconstrucción craniométrica de Marcelino. Los datos que aporta la investigación no pueden alcanzar a la expresión del rostro. La segunda, correspondiente a su beatificación, subraya su dimensión trascendente, por razones espirituales de la época histórica y personales del artista. La tercera, colocada en la fachada de la Basílica de San Pedro en el día de su canonización, acentúa su dimensión pastoral, propia de “un corazón sin fronteras”.

El problema de un rostro histórico

Antes de que la fotografía se popularizara, el mandar hacer su propio retrato se consideraba una muestra de orgullo o de lujo que los religiosos debían evitar. La mentalidad era que el único retrato que tenían que dejar de sí mismos era el de Cristo, a quien debían imitar fielmente. Esta espiritualidad, aunque loable del punto de vista ascético, puede considerarse reprobable desde el punto de vista histórico.

Para conciliar estos dos aspectos contradictorios, las congregaciones religiosas idearon tres posibles soluciones:
- La primera y más sencilla consistía en que una asamblea o capítulo o un estatuto decidiera que todo Superior debía hacerse retratar. Un ejemplo de casa: en la sesión del 17 de julio de 1860, el Capítulo General de los Hermanitos de María otorgó al Hno. Francisco, dimisionario, el plazo de 6 meses para responder a esta obligación. Y así lo hizo.
- La segunda solución era más discutible: se echaba mano de un pariente cercano. Éste fue el caso de San Pedro Mª Chanel, martirizado en Oceanía: su hermana, religiosa marista, posó para él.
- La tercera solución consistía en esperar el fallecimiento del interesado, del que se quería perpetuar los rasgos. Ésta fue la utilizada para el Padre Champagnat.

EL RETRATO OFICIAL, Ravery, 1840

MarcellinEl día mismo del fallecimiento, 6 de junio de 1840, se llamó a un pintor de Saint-Chamond, amigo del Fundador, el Sr. Ravery (que ya había realizado trabajos de pintura para la capilla del Hermitage). Se aseó y rasuró al difunto y lo revistieron con la sotana, el roquete y la estola. Fue expuesto en su habitación, sentado sobre un sofá, y le pusieron en la mano derecha el crucifijo de su profesión. En una mesita contigua se colocaron el breviario, el bonete cuadrado usado por los eclesiásticos y las imágenes de Nuestro Señor y de la Sma. Virgen. Dos cirios encendidos alumbraban esta escena... tenuemente.

Marcelino Champagnat “estaba muy pálido pero no desfigurado; su rostro conservaba los rasgos varoniles y el semblante de bondad y dignidad que en vida le daban tanto ascendiente sobre los espíritus y que le ganaban los corazones.

Junto a él (a su cadáver), no se tenía la menor sensación de repulsa; al revés, uno se sentía a gusto y estaba feliz de poderlo contemplar” (Cf. VIDA, ed. bicenten., p. 257).

El pintor tuvo que trabajar apresuradamente -(aunque, por supuesto, lo pintó y lo terminó tranquilamente en su estudio de St. Chamond)-, y su cuadro reflejó fielmente la rigidez cadavérica y las órbitas hundidas propias de un difunto. Un blasón con la leyenda “histórica”, colocado antiestéticamente en el ángulo superior derecho, servía para identificar al personaje y conferirle el sello de “retrato oficial”.

Este retrato, conservado primeramente en Ntra. Señora del Hermitage, desde 1840 a 1858, fue trasladado a la nueva Casa-madre de St. Genis-Laval, junto y con todas las demás “reliquias Champagnat”, y allí permaneció hasta 1903. En esa fecha, y con motivo de la gran dispersión que siguió al decreto de supresión y expulsión de las Congregaciones religiosas, el famoso retrato desapareció y se le creía perdido definitivamente. En 1934, el Hno. Jean-Emile, a la sazón Secretario general del Instituto, le dedicó un artículo en el “Bulletin” (n° 95, del tomo 14). En este artículo, su autor avanza la hipótesis de que el preciado retrato había sido traído a España, a la casa provincial de San Andrés de Palomar, Barcelona, y que desapareció en ella durante el incendio que la destruyó con ocasión de la Semana Trágica de Barcelona, en 1909. El Hno. Jean-Emile tuvo la feliz idea de reproducir dicho retrato en blanco y negro, sirviéndose para ello de una vieja fotografía conservada en los archivos. Esto fue suficiente para que un Hermano localizara, en un desván, en una casa del norte de ltalia, el preciado “original” confiado “provisoriamente” 30 años antes a la casa de Carmagnola, cerca de Turín.

El hallazgo motivó la entrega del cuadro a la Casa-Madre, por entonces en Grugliasco, y luego, en 1939, junto con la Administración general, hizo retorno a Saint-Genis donde permaneció hasta 1962, fecha en la que llegó a la nueva Casa Generalicia de Roma. En ella permanece en la actualidad, expuesto en la capilla de los Superiores, junto a otras reliquias del Fundador. Las dimensiones de este retrato son de 50 x 60 cm., y se hace notar que no lleva la firma del autor ni tampoco la fecha de ejecución.

PINTURA OFICIAL DE LA BEATIFICACIÓN. Ridolfi. 1955

MarcellinEl retrato oficial para la Beatificación de Marcelino Champagnat se confió al pintor Tito Ridolfi, que aceptó el encargo con entusiasmo y puso manos a la obra. De vez en cuando, el H. Alessandro di Pietro, postulador, iba a ver el resultado de su trabajo acompañado de algún otro hermano. No le ahorraban observaciones. El pintor, un poco cansado por las indicaciones que recibía, exclamó que había puesto toda su pasión para pintar el cuadro, que a menudo se había arrodillado delante de él y que, en esa postura, había considerado darnos lo mejor de lo que él consideraba el resultado de su intuición, tras haber analizado las varias representaciones que se le habían entregado.

Cuando presentó el boceto, los hermanos consultados dieron su parecer favorable. Mientras atendía a la ejecución del cuadro, perdió inesperadamente la vista. Una vez más se arrodilló frente a la imagen del Fundador para pedirle su recuperación. Obtuvo visión parcial, de manera que, con dificultad, pudo terminar el retrato, pero no reproducir fielmente la imagen del boceto. Esta diferencia produjo desconcierto entre los superiores que no ocultaron su desacuerdo. Pero el autor no estaba en condiciones de retocarlo, cuando además la Beatificación era inminente. Quedaron desdibujados sus rasgos varoniles, acentuando de esta forma una trascendencia angelical que bien podía concordar con una cierta espiritualidad de la época, pero que no correspondía con el intento original del boceto.

PINTURA OFICIAL DE LA CANONIZACIÓN. Goyo. 1999.

MarcellinEl equipo de la canonización encomendó a varios pintores un retrato de Marcelino a finales de 1998. Se pidió a los artistas un cuadro de entorno 50 x 70 cm (técnica no definida) sobre el busto del Fundador sin ninguna imagen sobre el fondo, que corresponda a un hombre de 40 años (francés) y que exprese alegría, entusiasmo y simpatía. Se hacía también referencia a los derechos de autor y a algunos otros pormenores como la fecha de entrega, etc. Se les proporcionó un mínimo material, así como algunas descripciones literarias de personas que convivieron con Marcelino y las características del pasaporte. Llegaron realizaciones de cinco artistas, cuatro hombres y una mujer. Se escogió la obra de Gregorio Domínguez González “Goyo”, pintada en acrílico, aunque se le pidió que hiciera unos retoques para ajustarla a la edad que se había solicitado.

Se le devolvió la obra, no sin antes tomar negativos sobre la misma. Goyo efectuó los retoques sobre el original y la obra resultante es la que se transformó en gigantografía y se colocó en la fachada de la Basílica de San Pedro el día de la canonización. Goyo, 39 años, autor burgalés, residente en Villalba (España), posee un amplísimo repertorio de obras sobre Marcelino Champagnat. Su vinculación al Instituto Marista a través de los compromisos temporales le permitió un conocimiento muy pormenorizado del Marcelino. Actualmente, es pintor profesional y expone sus obras en distintas ciudades como Ginebra, Miami, Chicago... El equipo de la canonización subrayó la dimensión pastoral del cuadro.

 

SAN MARCELINO EN CINCO TRAZOS

Los datos del pasaporte. Edad 47 años Cabello color castaño Ojos color gris Barba color castaño Estatura 1m 79 cm (5 pies y seis pulgadas) Frente despejada (amplia) Mentón redondeado Cejas color castaño Boca tamaño normal Rostro alargado Tez o color pálidoSeñas particulares: Una cicatriz en la parte superior de la mejilla y otra por encima del ojo derecho.Pasaporte expedido el 22 de agosto de 1836

El Marcelino histórico caló hondo en sus contemporáneos. Además de ofrecer los datos del pasaporte, recogemos aquí cuatro opiniones de Hermanos que vivieron codo a codo con él.

H. Juan Bautista Furet, su primer biógrafo
TENÍA UN CARÁCTER ALEGRE, SINCERO, ENTUSIASTA Y TENAZ

“El Padre Champagnat era alto, erguido y majestuoso; tenía ancha la frente, los rasgos del rostro bien definidos, la tez morena. Su aspecto grave, modesto y reposado infundía respeto y hasta, a primera vista, temor. Pero estos sentimientos se trocaban en confianza y afecto en cuanto se le trataba un poco, pues bajo esta capa un tanto adusta y en apariencia severa, se ocultaba la persona más jovial. Tenía conciencia recta, juicio certero y profundo, corazón bondadoso y sensible, sentimientos nobles y elevados, Era de carácter alegre, abierto, sincero, entusiasta, ardiente, tenaz y siempre ecuánime.
Tan preciosos dones y cualidades, perfeccionadas por la gracia y realzadas por una profunda humildad y exquisita caridad lo hacían amable en sumo grado a los Hermanos y a cuantos lo trataban. Dios, que lo destinaba a formar educadores de la juventud, lo había dotado del carácter más idóneo para la enseñanza. Así, los Hermanos, en esto, como en todo lo demás, pudieron seguir su ejemplo, y hallaron en él un modelo de las virtudes y cualidades necesarias a un maestro, para realizar el bien entre los niños”
Cap. 1, II Vida.

H. Francisco Rivat, primer Superior General
ERA UN PADRE... CON TODA CLASE DE INICIATIVAS MATERNALES

Sintamos con él el gozo que sabía encontrar en los empleos más humildes y sencillos; pensemos en sus continuos desvelos, en su incansable vigilancia y en la solicitud tan paternal que siempre mostraba, a veces, por un solo Hermano.
Sabía esperar a las almas y motivar su retorno con toda clase de iniciativas maternales. Su dirección espiritual no comportaba largos discursos; con frecuencia, consistía solamente en una caricia paternal, en una palabrita, la misma palabra repetida varias veces pero, dicha por él, penetraba hasta el fondo del corazón, haciendo surgir el arrepentimiento, el amor de Dios, el deseo de ser mejor. ¡Cuántos encontraron con él la paz, la confianza, la felicidad!
Era recto y enérgico, sí, es verdad; su tono de voz o una de sus miradas podrían habernos hecho temblar; mas, sobre todo, era bueno, era compasivo ¡era un padre! Al fundar la Congregación se propuso hacer de ella una familia, una familia en la que el superior fue un padre y en la que los Hermanos mayores cuidaran y protegieran a los más jóvenes”
Libreta del H. Francisco

H. Lorenzo, Juan Claudio Audras
ALEGRE PERO FIRME

El Padre Champagnat era de carácter alegre y suave, pero firme. Sabía introducir en la conversación palabras de humor para alegrar la compañía. Nunca se sentía incómodo entre los Hermanos. A veces, le hacíamos preguntas harto complicadas, pero él jamás tenía ningún problema para responderlas, y lo hacía de modo tan atinado que los Hermanos quedaban muy contentos. Tuvo que sufrir mucho por causa de la diversidad de caracteres y por causa de algunos espíritus muy atravesados, difíciles de guiar. Éstos tenían, sin embargo, la seguridad de un recuerdo especial en sus oraciones; pero si, tras haber agotado todos los medios para ganarlos a Dios, aún se mostraban incorregibles, ¡ay, amigo! entonces tenían que marcharse.
Manuscrito del H. Lorenzo

H. Silvestre, Félix Tamet
BONDADOSO Y GRAVE A LA VEZ

Todavía me veo llegar, junto a un postulante de mi pueblo y el Hermano que nos acompañaba, a la modesta habitación de nuestro venerado Fundador... y experimentar la impresión que me causó su estatura elevada y llena de majestad, su aire bondadoso y grave a la vez, su rostro que imponía respeto, sus mejillas enflaquecidas, sus labios poco pronunciados que parecían sonreir, sus ojos penetrantes y escrutadores, su voz fuerte y sonora, su palabra claramente articulada, sin laconismo ni prolijidad, todos sus miembros bien proporcionados... En fin, presentaba en todo su aspecto uno de esos modelos de santidad que se observan en los retratos de algunos santos”
Memorias del H. Silvestre, pp. 262-63.

Fuentes: HH. Pierri Zind, Agustín Carazo, Alessandro di Pietro, Gabriele Andreucci y Lluís Serra.

10994 visitas