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Nairobi 2014

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En la reunión del 3 al 6 de diciembre de 2012, en Roma, la Comisión Preparatoria de la II AIMM seleccionó el logo de la próxima Asamblea. Se recibieron 36 propuestas de diversas partes del mundo marista. Con la participación de miembros del Consejo General, Comunidad de la Casa General y Laicos que trabajan en la Administración General, se eligió el logo que contribuirá a la difusión de la fase preparatoria y la vivencia de la II Asamblea.

Logo El logo fue creado por la Provincia Marista de Rio Grande do Sul (Brasil). La Comisión agradece la participación de todas las personas y Unidades Administrativas que contribuyeron enviando sus propuestas.El logo reúne varios símbolos de gran densidad significativa. Una palabra sobre cada uno de ellos puede ayudarnos en el camino hacia Nairobi, 2014

El fuego
El primer símbolo que salta a la vista es el fuego. La dimensión connotativa del fuego es variada. En la tradición cristiana es símbolo del Espíritu Santo. Pero es también, por naturaleza, símbolo del calor y de la luz. Asociado al Espíritu Santo, se convierte en símbolo de fuerza misionera y apostólica. No olvidemos que el tema de nuestra asamblea es “Maristas nuevos en misión”.

El fuego nos lleva así al corazón de la misión, en la fuerza del Espíritu de Dios. Una misión que debe irradiar en el mundo el calor y la luz de Dios. Pero irradiarla con pasión. Como el profeta Jeremías, que, incluso ante las dificultades para proclamar la palabra del Señor, no desiste porque ella “es en su interior como un fuego abrasador” (Jr 20,9). Un fuego así nos lleva a todos y a cada uno de nosotros a una misión renovada donde nos volvemos apóstoles que irradian la luz de Dios en el mundo. Como Jeremías, incluso en las situaciones más dramáticas, no podemos decir que no al Señor, porque al final, en el fuego de su Espíritu, El “nos seduce y nosotros nos dejamos seducir” (Jr 20,7). Sigamos, pues, el deseo de Jesús, convirtiéndonos en “sacramentos de su luz”, encendiendo, si miedo, el fuego en la tierra: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49).

En muchas culturas el fuego simboliza el lugar del encuentro, de reunión, donde la historia y la tradición son preservadas, donde se celebra el presente y se planea el futuro. Quiere simbolizar la gran asamblea que se formará en torno a la vida y la misión maristas.

El árbol
En el logo aparece también el árbol. El árbol se convierte en símbolo de acogida y de vida por la sombra y los frutos que nos ofrece. La diversidad y la internacionalidad del mundo marista serán acogidas en suelo africano. Un suelo donde el mundo marista ya está enraizado con profundas raíces.

Acoger a alguien es entrar en su historia, conocer su mundo, compartir sus tradiciones, adherirse a sus proyectos, en definitiva, amar a esta persona para que se convierta en el sueño que el Señor deseó para ella. Y viceversa, el que acoge también se va a sentir enriquecido por la experiencia y la vida compartida de aquellos a quienes acoge. Con toda certeza es lo que va a suceder en Nairobi. El mundo marista allí invitado, al venir de todos los rincones del universo, se va a sentir una sola familia, acogida bajo este “árbol africano”, que a todos da la bienvenida a la sombra de sus ramas. Bienvenida dada en un abrazo de amigo. Pero sobre todo confiando en el Señor, para que este árbol marista tan multifacético dé frutos en abundancia. La Asamblea será un momento de amistad, pero ante todo un acto de confianza en el Señor que acoge y es acogido en la acogida mutua que viviremos entre nosotros. Tenemos derecho a esperar estos frutos. El Señor no defrauda nuestra confianza. También aquí Jeremías nos conforta y nos da una certeza cuando vivimos en esta confianza, que es acogida y espera. Él habla del justo. Pero podemos aplicar la misma teología al mundo marista reunido en Nairobi: “Es como árbol plantado a la vera del agua, que junto a la corriente echa sus raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje frondoso; en año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto” (Jr 17,8).

El árbol, para África, es el hogar de su cultura y su espiritualidad. Porque los árboles sonun lugar donde los niños se inician, donde se establecen uniones familiares, donde se refugian los espíritus de los ancestros. Un lugar de meditación, un templo natural cuya grandeza sobrecoge.

Los árboles están llenos de los silencios y las voces de la Creación: del agua, de la tierra, de los animales, de los minerales…voces de niños, jóvenes, ancianos, familias que se sienten cobijados bajo sus ramas para el encuentro, la reunión, la fiesta, la vivencia de la espiritualidad, el descanso en el camino, el juego, el trabajo, el arte…los árboles son vitales para las culturas de los pueblos antiguos de todos nuestros continentes.

Jesús compara el Reino con el gran arbusto que nace de la semilla de la mostaza, el más frondoso del huerto, cuyas ramas se extienden para cobijar a todas las aves con la fuerza potente de su ramaje. Árbol y Reino son lugares donde todos caben y despliegan su vitalidad.

La línea del horizonte
Desde la inspiración de nuestros orígenes y hacia el tercer centenario de vida marista, desde este compromiso de fidelidad creativa y caminando hacia lo nuevo, vislumbramos un horizonte que nos impulsa y nos orienta en nuestra misión.

Llama azul
Rodeando la gran llama central encontramos dos llamas menores, azules. Asociamos el azul al cielo y a María.

La Asamblea puede ser un momento privilegiado para responder a la llamada del Capítulo para “salir deprisa, con Maria, a una nueva tierra”, llamada que, aunque no sea propiamente nueva, puede ser constantemente renovada. Maristas nuevos en misión.

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