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Mensaje al equipo de animación laical

 

H. Emili Turú, Superior general

Emili Un cordial saludo desde Roma donde estamos empezando a disfrutar de las primeras semanas del precioso otoño romano. Sé que me estoy dirigiendo a equipo de animación laical, así que aprovecho la ocasión para agradecerles muy cordialmente a cada uno de ustedes la tarea preciosa que hacen  en esta animación.

Recientemente, en estos últimos meses, he tenido ocasión de, con diversos grupos de hermanos, con diversas edades y culturas, llevar a cabo un ejercicio que me ha parecido muy interesante. Les preguntaba cuáles eran los focos de animación que ellos detectaban en sus Provincias. Invariablemente, en todos los casos, ha salido “el laicado” como uno de los focos de animación, de vitalidad en las Provincias. En todas partes era muy relevante, en algunos de los casos era el más relevante. Así que estamos de suerte, ustedes y yo tenemos la oportunidad y el privilegio de estar animando uno de los focos que aportan mayor vitalidad al Instituto.

Me han pedido que les diga unas palabras al inicio de este encuentro que van a  tener. Por mi parte no puedo más que invitarles a que estén totalmente abiertos al Espíritu Santo. El Espíritu Santo que es novedad, y es sorpresa. Déjense sorprender por el Espíritu Santo.

De hecho, el Espíritu Santo nos ha interpelado ya a través del XXI Capítulo General cuando nos decía: “pónganse en camino deprisa con María”

Para mi es muy significativa esa referencia a la novedad que está por todas partes en el Capítulo. Fíjense que habla de ir hacia una nueva tierra, de un vida consagrada nueva, un nuevo modo de ser hermano, una nueva relación  hermanos – laicos. Y dice que eso va a significar una nueva época para el carisma marista.

Hablando de esta novedad a la que hace referencia el Capítulo General, el aspecto que más nos toca a nosotros es el de esta nueva relación hermanos y personas laicas. Claro, si aquí se habla de nueva relación será porque actualmente hay algo que no va en esas relaciones o que es quizá insuficiente.

¿Qué puede significar para nosotros esa nueva relación?

En primer lugar, me parece que para nosotros hermanos ha sido muy importante el hecho de que el Capítulo haya reconocido explícitamente la vocación del laico marista.  Al hacer eso, está reconociendo que es un don de Dios. Hablamos de vocación y la vocación es un don de Dios. Por tanto, no es que nosotros hermanos cedemos algo del carisma marista a las personas laicas. Es un don de Dios, la vocación laical. Por tanto nos sitúa en una relación de igualdad: la vocación de un laico marista, la vocación de un hermano marista.

¿Qué consecuencias tiene para nosotros hermanos maristas esta relación de igualdad como hijos e hijas de Dios? Si somos sinceros tenemos que reconocer que tradicionalmente esta relación ha sido desigual. Ha habido una cierta superioridad en nuestra imaginación por parte de los hermanos. Por tanto, esto va a significar para cada uno de nosotros un cambio de actitudes, un cambio de mentalidad, de práctica.

Pero también para las personas laicas eso va a significar un cambio, tiene sus propios desafíos. Si hablamos de vocación se trata de asumirla con todas sus consecuencias, en la santa libertad de los hijos e hijas de Dios. Ustedes no tienen que pedir permiso a nadie para ejercer como bautizados y bautizadas. Si es vocación, es Dios quien la concede. Ustedes son la voz de la iglesia, por tanto tienen que hablar sin miedo. Ustedes están llamados a ser fuego, por tanto se trata de arder. Ustedes están ya siendo hoy la esperanza de la Iglesia.

En segundo lugar, es interesante que en el Capítulo al hablar de esa nueva relación, se dice que “contemplamos nuestro futuro marista como una comunión de personas en el carisma de Champagnat”. Comunión de personas, otro punto al que estamos invitados a reflexionar juntos. Estamos invitados, como maristas, a construir una iglesia de rostro fraternal con claro protagonismo laical y diría sobre todo femenino, y de comunión.

Ese protagonismo y esa comunión desgraciadamente en la Iglesia de  hoy no son demasiado frecuentes y no son demasiado promovidos.

¿Podemos pensar juntos concretamente qué significa esa comunión de personas?

Una nueva relación entre hermanos y personas laicas. Ya ven que lo de “nueva” no es un adjetivo inocuo, habla de un cambio de mentalidad, de actitudes, de prácticas. Y no necesariamente un cambio por parte de los demás, sino empezando por mi mismo.

¿Qué debe cambiar en mí?

Recientemente con ocasión del fallecimiento de Steve Jobbs ha vuelto a cobrar actualidad un video de las palabras que él dirigió a un grupo de graduados de la universidad de Stanford el año 2005. Hacía un año que se le había diagnosticado cáncer y por tanto en esa ocasión habló con mucha autoridad a propósito de la vida y también de la muerte.

Me impresionó su afirmación de que nadie quiere morirse e incluso, decía, aquellos que quieren irse al cielo no tienen demasiada prisa en ir. Pero decía: “la muerte es nuestro destino común, nadie escapará de ella. Y así tiene que ser, porque la muerte es el mejor invento de la vida, es el agente de cambio de la vida. Elimina lo viejo y deja paso a la novedad”.

Efectivamente, nos cuesta aceptar que para que algo nuevo nazca, algo tiene que morir. Nos resistimos a la muerte.

Una nueva relación hermanos – personas laicas.

¿Qué tiene que morir en mí para que esa nueva relación nazca?

El Espíritu Santo nos invita a una tarea apasionante pero no necesariamente fácil porque como decía antes implica cambio, conversión, muerte. Cuanto mayor es el reto, mayor será la energía y la ilusión que tendremos que poner para superar las dificultades. Cuentan que en los ritos de iniciación de los indios de Norteamérica, los ancianos se dirigen a los jóvenes y les dicen: “Cuando avances por el camino de la vida, vas a encontrarte con un enorme precipicio… ¡salta!”

Que María que se pone en camino deprisa, sea su inspiración, su fuerza y su bendición. Muchas gracias.

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H. Emili Turú - Noviembre 2011

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