Nosotros, los laicos y laicas invitados al XXI Capítulo general, quisiéramos expresar nuestra gratitud por esta oportunidad de estar aquí entre nuestros Hermanos. Deseamos expresar nuestro agradecimiento personal por esta oportunidad de descubrir a Dios presente entre nosotros, compartir la vida en comunidad y hacer juntos un viaje espiritual único. Somos conscientes de que estamos infundiendo nueva vida al carisma de Champagnat, un carisma dinámico y precioso. Hemos participado de momentos privilegiados y sagrados, al abrirnos los Hermanos sus propias vidas, sueños y esperanzas.
Este Capítulo nos ha hecho sentir más firmemente comprometidos con las tres dimensiones de nuestro ser marista: más comprometidos con la misión, con nuestra propia vocación y con nuestra responsabilidad hacia los otros Laicos maristas, no sólo en nuestra propia región sino también en las otras regiones del mundo. Sentimos una inquebrantable necesidad de unirnos a los demás: primero, desde nuestra humanidad, con nuestras faltas y defectos, nuestros dones y talentos; y luego, como pueblo de Dios en busca de un lugar mejor para nuestros niños y jóvenes, especialmente los más pobres.
Reconocemos nuestro lugar en la historia del desarrollo de nuestro carisma y del Instituto, y nos llevamos las conversaciones y sentimientos que hemos compartido, algo único, vivido en este momento y lugar histórico.
Nuestras preocupaciones
Unidos a la gran expectativa puesta en el Capítulo y sus miembros, al igual que ustedes, no queremos defraudar los ideales y esperanzas expresados durante los días que hemos estado aquí. Sin embargo, llevamos con nosotros algunas preocupaciones, tanto personales como institucionales, que nos gustaría compartir con ustedes:
- Que en nuestras realidades cotidianas no demos prioridad a la voluntad de Dios, tal como se ha expresado en el Capítulo.
- Que en nuestras acciones y hechos no cumplamos siempre el sueño del fundador y dejemos a veces a los niños y a los pobres fuera del corazón de nuestro trabajo. Nuestros recursos económicos y humanos deben usarse para el bien de los niños y jóvenes.
- Que, a pesar de la acción del Espíritu en nosotros, el temor a perder, sufrir y cambiar, pueda bloquear nuestra marcha para responder con audacia y resolución.
- Que el buen espíritu de este proceso vocacional pueda debilitarse en algunas comunidades y a causa de algunas personas, por falta de comprensión y aceptación de los Laicos maristas como compañeros de camino, corresponsables en la misión y la vocación.
Nuestras esperanzas
También compartimos con ustedes estas esperanzas:
- El deseo de comunión que sentimos los laicos maristas entre nosotros y con los hermanos, y el creciente diálogo que compartimos cada vez con mayor profundidad.
- El caminar que, durante estos años, hemos vivido juntos Hermanos y Laicos, compartiendo vida, misión y espiritualidad con pasión, generosidad y alegría. Sabemos que la vocación laical marista es una realidad que no tiene vuelta atrás.
- La apertura del Capítulo a la fuerza del Espíritu, su sensibilidad hacia las necesidades de los niños y los jóvenes pobres, así como el deseo de impulsar el carisma marista hacia el futuro para poder responder más y mejor a sus llamadas. Estamos seguros de que empieza a brotar algo inspirador y audaz, capaz de crear nueva vida.
- La llamada a la internacionalidad de nuestro Instituto, por lo que significa de integración de la diversidad, de encuentro entre culturas distintas, de camino en común como familia.
Nuestras propuestas
Con estas preocupaciones y desde estas esperanzas, como hermanos en el camino, queremos hacerles las siguientes propuestas, con las que nos comprometemos a trabajar junto a ustedes para renovar la vitalidad del carisma marista:
1. Reconocer e impulsar decididamente la vocación laical marista.
a. Difundiendo y animando la reflexión sobre el documento ‘En torno a la misma mesa’.
b. Apoyando procesos de discernimiento para laicos con interés en la vida marista.
c. Impulsando el Movimiento Champagnat de la Familia Marista y otros grupos y comunidades laicales maristas y profundizando su relación con la vida de los hermanos, particularmente en las regiones donde el movimiento laical es más débil.
d. Ayudando a la articulación del laicado marista, que consideramos necesaria para seguir creciendo.
e. Determinando y promoviendo formas de compromiso laical con el carisma en cada Provincia.
f. Explorando las posibilidades de programas que permitan a los laicos maristas expresar su compromiso misionero con los pobres, como el de misión Ad gentes.
2. Favorecer encuentros en todo el Instituto entre hermanos y laicos maristas para compartir en profundidad nuestra vida.
a. Ampliando las propuestas de formación de laicos y hermanos; desarrollando las propuestas de formación conjunta de hermanos y laicos, e incluyendo en toda formación la complementariedad de nuestras vocaciones.
b. Creando espacios para compartir y profundizar en la espiritualidad marista entre hermanos y laicos, ofreciendo esta riqueza a los jóvenes, a la Iglesia y al mundo.
3. Reforzar las estructuras de corresponsabilidad en el carisma
a. Continuando con la creación de estructuras de corresponsabilidad en la misión y en la espiritualidad en las provincias y en el Instituto, y ayudándonos a profundizar en modelos de gestión realmente maristas en las obras.
b. Organizando una nueva Asamblea Internacional de Misión, conjunta entre hermanos y laicos, con un mensaje a tener en cuenta por el Capítulo general.
c. Ampliando y promoviendo el Secretariado de laicos en el Instituto y las distintas comisiones de laicos en las regiones y en las provincias.
d. Reforzando, juntos, el trabajo del FMSI (Fundación Marista para la Solidaridad Internacional) a nivel del Instituto y de las regiones, fortaleciendo las redes de solidaridad existentes.
Y nos comprometemos firmemente a trabajar juntos, hermanos y laicos, en el desarrollo de todas estas iniciativas.
Creemos que vivimos un kairos, un momento clave para compartir y profundizar con audacia en el carisma marista, formando juntos una imagen profética de comunión en la Iglesia. Mientras la voz de los niños y jóvenes pobres siga clamando, el carisma de Marcelino seguirá siendo profundamente actual. Sus ojos nos conmueven el corazón y nos llaman a salir a su encuentro, juntos, Hermanos y Laicos de Champagnat.
Que la Buena Madre y San Marcelino guíen nuestros pasos y nos ayuden a mirar el mundo desde los ojos de un niño pobre.
Amén.
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Agnes, Angela, Arturo, Chema, Dilma, Erica, Feno, Irma, Linda y Rufus
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