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Quy, uno de los aspirantes del Sector ad gentes

 

Reflexiones del hermano Luis Sobrado, Superior del Sector Misión ad gentes

Cmi

13/07/2010: Tailandia

Para el nuevo Superior del Sector Misión ad gentes, hermano Luis Sobrado la cuestión de las vocaciones locales es fundamental para enraizar el carisma marista en esas tierras. Desde ahora debemos desarrollar una pastoral vocacional bastante agresiva. El hermano Luis nos habla de una experiencia vocacional

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Recientemente se le concedió al padre de Quy un Diploma por haber completado veintisiete años como catequista en la parroquia. Después de 27 años de trabajo como catequista, se ofreció voluntariamente a retirarse, porque la Escuela Catequética necesitaba sangre nueva y nuevas formas de pensamiento. Sin embargo, después de haber estado ausente de la escuela unos meses, el Consejo de la parroquia envió una delegación para pedirle que volviese a enseñar el catecismo y a formar catequistas. Quy aprendió de su padre en la Escuela Catequética de la ciudad, y fue su padre quien le introdujo en la labor de animación de grupos de jóvenes en la parroquia. Fue mientras Quy trabajaba con la juventud en la parroquia, que llegó a conocer a los Hermanitos de María y pronto fue atraído por nuestra misión y nuestro estilo de vida.

Los padres de Quy tienen cuatro hijos: dos niños y dos niñas. Su hermano es un monje cisterciense. Una hermana es religiosa profesa y la otra está en el noviciado.

En mi conversación con el padre de Quy, le pregunté acerca de sus sentimientos y pensamientos, ahora que el único hijo que quedaba en la familia, es decir, Quy, estaba listo para dar el paso importante de ir a las Filipinas como un Postulante de los Hermanitos de María. Se puso muy serio, cerró sus ojos y rápidamente respondió: Esto es un asunto entre Quy y nuestro buen Padre Dios. Si Quy está llamado a convertirse en un Hermanito de María, no me interpondré en su camino.”
A continuación, sabiendo que la pesca es una de mis aficiones, pasamos el resto de la conversación hablando de pesca con red. Gentilmente efectuó para el hermano Canisio y para mí el arte del lanzamiento de la red con el brazo derecho y, a continuación, se balanceó y la lanzó. Hizo su actuación en el patio de la casa, utilizando una de las redes que colgaba de un clavo en la pared exterior de la casa.

Al alejarme en la moto de Canisio, sentí una de esas emociones interiores profundas que a menudo tocan nuestros corazones respetuosamente, siempre cuando nos acercamos a la presencia de Dios. Lágrimas de una inmensa alegría llegaron a mis ojos pensando en este hombre pequeño, delgado: uno de esos grandes hombres que se han enamorado del Buen Dios y de nuestra Buena Madre María. No pensaría dos veces antes de alentar a todos los miembros de su familia a convertirse en personas consagradas a ese Dios, trabajando desde las primeras horas de la mañana para conseguir lo mínimo necesario para sobrevivir como persona y como familia, y dedicar la mayor parte del día y de su energía enseñando a otros a conocer y amar a Jesús y a María. Me sentí privilegiado al ver a uno de sus hijos atraído por la forma de vida y misión de los Hermanitos de María.

¿Por qué estoy compartiendo esta experiencia con usted?

Por varias razones:
Una, para compartir con ustedes mi creciente convicción de que la llegada de los Hermanitos de María a esta parte del mundo tiene mucho que ver con ser liderados por María, nuestra Buena Madre y primera Superiora. Que tres de nuestros hermanos han sido llevados a través de una secuencia complicada de circunstancias para establecer una comunidad de los Hermanitos de María aquí, en el corazón de la vida católica del país, que tiene mucho que ver con ser guiados por María. Cada lugar donde nos encontramos hoy, en el Sector Misión ad gentes, tiene su propia historia y yo no puedo dejar de pensar que, en cada caso, hay una llamada y existe la orientación de la parte de nuestra Buena de Madre, de María. Tal intuición es una invitación a crecer continuamente en un espíritu de discernimiento y disponibilidad, listo para ir allí donde se encuentran los niños y los jóvenes más pobres.

Dos, el ejemplo del padre de Quy me indica que la misión de los Hermanitos de María es hoy más necesaria que nunca: que Jesús sea conocido y amado, como lo hizo María. Antes de sacrificar a esta misión a dificultades financieras o dificultades culturales o contextuales, tendría que estar satisfecho con lo que un pobre pescador, con una familia que cuidar, y vivir de la manera más simple y más digna, no lo puede hacer un Hermanito de María. El padre de Quy es, efectivamente, un catequista de la comunidad católica local, ayudando a ejecutar lo que veo como un programa catequético de primera clase y el plan de desarrollo de la Iglesia dentro de una situación que permite la sostenibilidad auto-financiera.

Aunque un proyecto y una comunidad de los Hermanitos de María no es como la familia de Quy, el desafío sigue siendo muy similar, y necesitará mucho amor de Dios y amor a los niños y jóvenes pobres para poder funcionar, de tal manera que nuestras comunidades y apostolados estén plenamente vivos con celo y caridad y, al mismo tiempo, económicamente sostenibles. Tres, éste es el punto más importante para mí. Nos estamos convirtiendo en parte de una comunidad de fe que tiene mucho que ofrecernos y enseñarnos. Es importante que continuemos siendo muy sensibles a la visión y maneras de estas diferentes comunidades de fe que encontramos a medida que avanzamos. Personas como el padre de Quy merecen ser escuchadas muy atentamente. A ellos hay que tenerles gran respeto y apoyarles. Tenemos el privilegio que se nos permite formar parte de su comunidad y su manera retadora de practicar la fe cristiana.

Oremos los unos por los otros para que podamos ser dignos y verdaderos apóstoles y Hermanitos de María en estos países de Asia.

La lectura de estos días de la tercera semana de Cuaresma está embarazada con ideas del corazón de Dios y, particularmente, de nuestro Señor Jesucristo. Tomemos, por ejemplo, el Evangelio de hoy (11 de marzo de 2010): el hombre mudo recuperó el poder de la palabra, cuando fue liberado de la presencia del mal en su corazón. Probablemente todos tenemos diferentes presencias del mal en nuestro corazón. Necesitamos urgentemente entrar en un contacto más cercano con Jesús, para que él pueda tocar nuestras vidas y nos libre de estas malas presencias. Probablemente, no hay ninguna otra manera, sino este suave, potente y cariñoso contacto de Jesús, que pueda verdaderamente liberarnos y curarnos.

La cuaresma nos recuerda, además, las tres formas tradicionales de acercarnos a Jesús: la oración, el ayuno y las obras de caridad. Es decir, rezar diariamente durante un período de tiempo más largo y rezar mejor, tanto a nivel personal y como comunitario; ayunar de la manera que san Marcelino usaba para explicar a los jóvenes hermanos: poner algún tipo de disciplina en nuestra vida al servicio de nuestros hermanos; y obras de caridad – los niños y jóvenes pobres son el espacio privilegiado de encuentro con Jesús para un Hermanito de María. Según vamos creciendo y consolidándonos como una comunidad de misioneros Hermanitos de María, descubrimos siempre con mayor evidencia, la importancia y las amplias implicaciones del ayuno de san Marcelino: la práctica diaria de las pequeños virtudes. Los jóvenes y las personas de esta parte del mundo parecen ser muy sensibles a la presencia y la práctica de estas pequeñas virtudes. Ellos son fácilmente atraídos y se enamoran con las comunidades de los Hermanitos de María donde florecen estas virtudes. Durante mi visita, más de una vez los hermanos tuvieron que decir a los jóvenes que estaban invadiendo la casa que fuesen a su casa a dormir. ¡Se sentían tan en casa con nosotros! Este es el ayuno que es agradable a nuestro buen Señor y a nuestra Buena Madre: ¡el servicio incondicional dedicado y permanente, trabajando en la construcción de comunidades de Hermanitos de María donde todos realmente puedan sentirse como en su casa!

Les invito a compartir en una de las reuniones de la comunidad vuestra manera de practicar la oración, el ayuno y la obras de caridad y tratar de aprender de vuestros hermanos diferentes maneras de practicar estas importantes dimensiones de la vida cristiana. Uno podría fácilmente agregar, y formas de vida musulmanas, budistas e hindúes”.

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H. Luis Sobrado

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