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El Hermitage renovado - H. Emili Turú, Superior general

23/09/2010: Francia - Álbum fotográfico

Palabras del H. Emili Turú, Superior general, el 22 septiembre 2010, durante la inauguración del Hermitage renovado.
_______________

Monseñor, autoridades civiles; queridos hermanos y amigos, queridos invitados,

En este día, con la inauguración del Hermitage renovado, concluye una nueva etapa. La idea de esta renovación fue lanzada en 2005, durante la Conferencia general que tuvo lugar en Negombo, Sri Lanka. Más tarde, hacia finales del año 2006, el Consejo general y el Consejo provincial de l’Hermitage, tomaron juntos la decisión de renovar algunos de estos edificios y de transformar otros.

Después de un periodo de consultas y estudios, el Consejo general dio su consentimiento al proyecto en febrero de 2007. Y un año más tarde, en mayo de 2008, comenzaron los trabajos. Hoy tenemos el gozo y la satisfacción de poder admirar un trabajo bien logrado; una nueva etapa de la historia de nuestra primera Casa Madre.

Me atrevo a imaginar a San Marcelino, escondido entre los árboles, observando la obra en detalle, los planos, los obreros, los progresos de los trabajos, preguntándose: ¿Qué están haciendo mis hermanos? Él, que había comprado esta propiedad en mayo de 1824, empleando medios mucho más sencillos que los que nosotros hemos utilizado, había sido capaz de inaugurar el viejo caserón apenas un año más tarde, en el mes de agosto de 1825.

Yo creo que nuestro Fundador, pensando en las dificultades de aquellos trabajos, realizados penosamente por albañiles expertos, con la preciosa ayuda de los primeros hermanos y de él mismo, nos sonríe ahora a todos, porque él sabe bien que, detrás de esta “aventura”, hay un gesto de amor hacia él, un deseo de mantener vivo y adaptado a los tiempos actuales, todo lo que él había soñado para Nuestra Señora del Hermitage.      

El corazón de Marcelino y el de sus primeros hermanos, nuestros pioneros, exulta hoy de gozo y de agradecimiento. Y quisiera, a título personal, en nombre de mi consejo, y en nombre de todos los hermanos y laicos maristas extendidos por todo el mundo, decir un gran “gracias” y expresar mis felicitaciones a todos lo que han hecho posible este Hermitage renovado.

  • Gracias a los miembros del anterior Consejo general, particularmente a los hermanos  Seán y Luis, y al Consejo de la Provincia del Hermitage, que idearon el proyecto, lo estudiaron, planificaron y llevaron a buen término.
  • Gracias a las Provincias del Instituto que acogieron este Proyecto con entusiasmo y que contribuyeron económicamente a su realización.
  • Gracias al Sr. Joan Puig-Pey y a su equipo de arquitectos, técnicos y peritos, así como también a los obreros especializados que asumieron el difícil rol de transformar sin traicionar, y que mantuvieron el complejo equilibrio entre conservar y modernizar. Yo sé bien que para Joan, este proyecto, además de haber puesto de manifiesto sus cualidades profesionales, ha sido una profunda experiencia de vida. Gracias.
  • Gracias a la nueva comunidad, formada por personas venidas de los cuatro puntos cardinales del mundo, a los que se ha confiado la delicada, comprometida y atractiva misión de ser el corazón de este Proyecto. Una comunidad que acoge y acompaña a los peregrinos maristas y a los visitantes. Gracias por vuestro esfuerzo para construir esta comunidad cristiana y marista más allá de las diferencias de sexo, raza, cultura y nacionalidad.
  • Y finalmente gracias a los Amigos de Nuestra Señora del Hermitage, a los voluntarios y a tantas personas que, de un modo u otro, han aportado su grano de arena a esta obra: pensemos simplemente en los trabajos de mudanza, de vigilancia, de limpieza, de amueblamiento, de decoración, de transporte… Tantos servicios pequeños y grandes, a menudo escondidos pero siempre importantes y tenidos en consideración en nuestra tradición marista.

Queridos amigos, « Cuando se sueña solo, no es más que un sueño, cuando varios sueñan juntos, es el comienzo de una realidad; la utopía compartida es el motor de la historia”, decía el recordado obispo brasileño Helder Camara. Y estoy convencido de que, tanto la construcción del Hermitage por parte del Padre Champagnat, como el Hermitage renovado, que tenemos ante nuestros ojos, son la expresión de un acto de fe en el futuro.

Con palabras de Victor Hugo: “el futuro tiene muchos nombres: para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos es lo desconocido, para los valientes, es una oportunidad”. Hemos soñado en el Proyecto Hermitage, no como en una quimera, y menos todavía como una ilusión o un espejismo.

Para nosotros, soñar en el futuro es más bien, caminar hacia la utopía, la creatividad y la imaginación. Los sueños nos hablan de visión, de aspiración, de esperanza y de ideal. En síntesis, queremos que el Proyecto Hermitage que acaba de nacer y que se ha vuelto realidad tangible, mire hacia el futuro como un signo, un símbolo y un icono de nuestra vida y nuestra misión maristas, compartidas por hermanos y laicos y abiertas a la riqueza de los pueblos y de las culturas.

No se trata de un esfuerzo nostálgico para agarrarnos al pasado y crear un museo para mostrar las proezas de tiempos que ya han pasado a la historia. El Hermitage renovado nos habla, nos grita, la profunda convicción de que nuestro carisma y nuestra misión son más actuales que nunca, y que el Instituto tiene un futuro lleno de esperanza. Y es por eso que yo quisiera desarrollar brevemente, lo que pienso al hablar del Hermitage renovado como un signo y un icono del futuro de nuestra vida marista.

1.  El Hermitage renovado es un signo, un icono de una Iglesia-comunión, de una Iglesia con rostro mariano

La casa del Hermitage es verdaderamente la Casa de María; la presencia, la inspiración y el recurso a María impregnan estas paredes de modo indeleble. Para Marcelino la protección de María impidió accidentes durante la construcción. El canto de la Salve Regina protegió la casa durante la revolución de 1830. En torno a la imagen de la Buena Madre se tomaron decisiones importantes. Y “en torno a la Buena Madre los primeros hermanos profundizaron el sentido de la fraternidad, de la abnegación y de la entrega a los demás” (Const. 49).

Siguiendo el ejemplo del fundador, el H. Francisco atribuyó a los cuidados maternos de María la protección de la casa contra la peligrosa crecida de las aguas del Gier. Y la imagen de Nuestra Señora de las Victorias está allí para recordarnos que es Ella la que nos obtuvo el reconocimiento legal del Instituto.

El Hermitage renovado es una invitación a vivir con más intensidad esta rica herencia mariana de nuestro carisma y de nuestra tradición y a actualizarlo con más fuerza aún. Poco antes del XXI Capítulo general, el H. Seán publicó su última circular en la cual habla de María como “fuente de renovación”. Durante el Capítulo, los participantes tomaron conciencia de la presencia de María; decían que Ella había entrado en la Sala capitular por la puerta grande.

Esto es una invitación a redescubrir todo lo que María significa para nosotros, maristas, y el lugar que Ella ocupa en nuestras vidas, nuestras comunidades, nuestro carisma, nuestra identidad, nuestra espiritualidad y nuestra misión. Nosotros traducimos esta realidad con la expresión “Iglesia mariana” o, con otras palabras, Rostro mariano de la Iglesia o Principio mariano de la Iglesia.

Haciendo esto, respondemos a la invitación que nos había hecho el Papa, en su mensaje a las cuatro ramas maristas: “Os toca a vosotros manifestar, de manera original y especifica, la presencia de María en la vida de la Iglesia y en la vida de los hombres”. Es también el llamado lanzado por Vita Consecrata a ser “hermanos que hacen reinar una mayor fraternidad en la Iglesia”, y la invitación del Capítulo general que nos impulsa a construir una Iglesia-comunión, de la mano de María, caminando con Ella, de prisa.

“Vivimos una nueva relación entre hermanos y laicos, basada en la comunión, buscando juntos una mayor vitalidad del carisma en el mundo de hoy”.

Y también “Creemos que estamos ante un “Kairós”, una oportunidad clave para compartir y vivir con audacia el carisma marista, formando todos juntos una Iglesia profética y mariana”. (XXI Capítulo general).

El Hermitage renovado se convierte en un signo vivo de esta Iglesia de rostro mariano, sobre todo por la comunidad que acoge y que acompaña a todos los peregrinos actuales y futuros. Los hermanos, los laicos y el capellán son el núcleo viviente de esta Iglesia inspirada por María, un signo profético de una fraternidad que, por el hecho mismo de su carácter internacional, rompe las fronteras de lengua y de cultura. Por su vida y su servicio, la comunidad anuncia ya “de modo profético, una nueva manera de hacer Iglesia, más comunitaria, más participativa, una familia de hermanos y hermanas, cada uno con su propio carisma” (XIX Capítulo general).

Este icono mariano del « nuevo Hermitage » es también un desafío para todas nuestras comunidades y nuestras obras educativas en todo nuestro mundo globalizado, verdadero crisol de razas, culturas y creencias. Inspirados por María y “en torno a la misma mesa”, estamos llamados a ser un signo: el signo de que es posible un modo diferente de hacer Iglesia.

2. El Hermitage renovado es un signo, un icono de una auténtica espiritualidad apostólica marista

En el Hermitage el P. Champagnat vivió la mayor parte de su vida; aquí es venerada su urna-relicario; aquí el hermano Francisco y las primeras generaciones de hermanos dieron forma y carácter a la vida, a la espiritualidad y a la misión maristas; aquí se encuentra el pequeño cementerio donde reposan sus restos. Todo esto nos habla de la vivencia de una espiritualidad apostólica que ha dado sentido a sus vidas.

Hace años que nos esforzamos por encontrar el equilibrio entre acción y contemplación, por integrar en nuestras vidas, en lo cotidiano, las exigencias de nuestra consagración, de nuestra comunidad y de nuestra misión. Ser contemplativos en la acción como María, como Marcelino y sus primeros discípulos, es para nosotros una tarea insoslayable, un desafío necesario y urgente si queremos salvaguardar nuestras identidades específicas como hermano, laico o sacerdote.

Miremos un poco hacia atrás hacia los primeros tiempos del Hermitage.

  • Por un lado los hermanos trabajan duro para construir su casa, ensucian sus manos y cargan sobre sus espaldas pesadas cargas; y al mismo tiempo, estos mismos hermanos se reúnen muy temprano, de mañana, en el improvisado oratorio, celebran la misa, cantan a María y provocan el asombro de la personas que pasan apresuradas por el camino que desciende de La Valla a St. Chamond.
  • Se describe al Hermitage como una colmena infatigable, en la que los hermanos se dedican a todo tipo de trabajo manual: el huerto, los diferentes oficios útiles para la casa, la cría de ganado… y, al mismo tiempo, estos mismos hermanos pasan horas en la gran capilla o desgranan su rosario paseando por los senderos.
  • El Hermitage era un centro de formación; aquí los más jóvenes hacían sus primeros pasos en su trabajo de maestros, y los más experimentados venían para recuperar sus fuerzas; entre estas paredes los corazones de los hermanos eran tocados por las charlas profundas y paternales del Fundador; pero, al mismo tiempo, estos mismos hermanos, bajo la guía del P. Champagnat, ardían de celo por la misión. De esta casa partieron los hermanos que asumieron la responsabilidad de las escuelas de la zona para ofrecer a los niños pobres los beneficios de una educación integral. Desde aquí, el Fundador, que abrazaba a todas las diócesis del mundo, envió a los primeros hermanos a Oceanía.

Éste es, mis queridos amigos, el icono del Hermitage, el icono de una espiritualidad apostólica, centrada en Jesús, inspirada por María, abierta a las necesidades de nuestro mundo, sobre todo a los jóvenes más abandonados; una espiritualidad de discernimiento, compartida en comunidad.

San Marcelino sabía descubrir los signos de la presencia de Dios en la soledad del lugar, en la paz de la contemplación silenciosa; pero también durante sus recorridos pastorales en búsqueda de los enfermos, como el joven Montagne, o en sus trámites administrativos en pleno París. Siguiendo sus huellas, nosotros queremos “ver el mundo con los ojos de los niños y de los jóvenes pobres, y cambiar así nuestros corazones y nuestras actitudes” (XXI Capítulo general).

El agua del Gier, que sigue corriendo junto a la casa, evoca el « Agua de la roca », que fluye de la tradición de Marcelino Champagnat. Este documento sitúa la espiritualidad apostólica marista en el lugar de preferencia que debe tener en la vida de cada uno de nosotros y de todos los que llegan a conocer y a amar al fundador como lo hicieron aquellos primeros discípulos suyos hace tantos años. (Cf. Agua de la roca, presentación).

3. El Hermitage renovado, un icono del trabajo de renovación que se realiza en el Instituto

Con estas palabras el Consejo general precedente intuía el nuevo proyecto para el Hermitage, en el informe presentado al Capítulo. Y agregaba: “En este tiempo de crisis generalizada que nos ha afectado profundamente, el Instituto ha ido encontrando energía para llevar a cabo su misión, no sin sufrimiento, y a veces pagando un alto precio, especialmente en personas”.

La construcción del Hermitage y su desarrollo constituye una aventura sembrada de dificultades y de contradicciones. Es el recorrido de un grupo de hombres, guiados por un líder clarividente, arraigados en la fe y en una visión de futuro llena de esperanza, que han sido capaces de ir a contracorriente, de soñar juntos en un mundo mejor para los niños y los jóvenes pobres.

  • Conocemos bien los contratiempos sobrellevados por el P. Champagnat, tanto en los tiempos de la construcción, como después de la misma. Era difícil comprender para el clero de la época que un sacerdote como Marcelino trabajara con sus manos, desdeñando así la “dignidad sacerdotal”. Se le considera pretencioso por el hecho de embarcarse en un proyecto tan ambicioso.
  • Le llegan críticas de personas que le conocen; visto con ojos humanos, lo que Marcelino emprende en el Hermitage es insensato; le acusan de asumir riesgos inútiles comprometiéndose en un proyecto sin tener los medios necesarios. Aun los más cercanos a Marcelino, sus amigos y sus hermanos, le hicieron sufrir: hubo deserciones, conflictos, desaliento.
  • Algunos meses después de la inauguración oficial en agosto de 1825, Champagnat debe guardar cama; está agotado, al límite de sus fuerzas. Los médicos son pesimistas; le aconsejan que haga su testamento… Y es en este contexto de sufrimiento que Marcelino tendrá la profunda experiencia de la centralidad de Dios en su vida. El famoso « Nisi Dominus » se volverá un tema recurrente.

La renovación del Hermitage ciertamente ha tenido que afrontar problemas. Los que han estado comprometidos de cerca podrían hablarnos de los mismos: a veces son los plazos no respetados, los obstáculos inesperados, los comentarios negativos, hasta incluso el escepticismo de algunos. Pero la inauguración que estamos viviendo hoy es la prueba de que han podido superarlos.

El Hermitage renovado es y seguirá siendo un icono, un signo viviente de la importancia de asumir en nuestras vidas la realidad del misterio pascual: morir para vivir. El último Capítulo general nos recuerda la propuesta de Jesús: “la conversión del corazón, que implica decisión profunda y apertura a la gratuidad de Dios para ser transformados por Él… El amor de Dios nos urge a convertirnos y a reencontrar el corazón de nuestras respectivas vocaciones”.

Quisiéramos que las cosas fueran de otro modo, a nuestro gusto: que las vocaciones llegaran numerosas, que recuperáramos el renombre de antaño, que el entusiasmo por nuestra vocación fuera más evidente… Actualmente la vida consagrada sigue caminando a contracorriente. Y el icono del Hermitage nos recuerda que Dios tiene sus propios caminos, sus propios pensamientos. Nos corresponde a nosotros ponernos en camino con María, peregrina de la fe, y proseguir nuestro camino de conversión personal e institucional. “¡Con María, salid de prisa a una nueva tierra!”

Conclusión: un reto

Queridos hermanos y amigos, la renovación física del Hermitage ha terminado. Es una obra maestra que nos llena de gozo y que nos impulsa a entonar un himno de agradecimiento. Pero sabemos bien que esto no es más que un punto de partida, una nueva etapa abierta a un futuro radiante. Lo que nos permitirá avanzar hacia esta meta vendrá de la fidelidad a los objetivos que han inspirado esta obra y de la apertura a los signos de los tiempos que se presentarán. Éste es el gran desafío.

El Hermitage construido por San Marcelino no fue una obra terminada de una vez por todas; a lo largo de los 185 años de su historia, el Hermitage ha conocido transformaciones, se construyeron nuevos edificios, se reformaron otros. Esta casa ha sido postulantado, noviciado, escolasticado, enfermería… “Le Cèdre » y « Le Rocher » son frutos de esta renovación.

El Hermitage ha sido igualmente casa provincial, lugar de investigación, centro de jóvenes y también – y quisiera subrayar esto - , un lugar de encuentro entre los Hermanitos de María y la Sociedad de María; desde los orígenes ha habido Padres Maristas que han ejercido aquí su ministerio.

El Hermitage, un lugar con vocación universal es también un centro en comunión con la iglesia local, la iglesia diocesana de Saint Étienne. San Marcelino es un santo de toda la Iglesia pero es igualmente un hombre de su tierra natal, un hijo de esta región. Que el Hermitage renovado sea también un centro de irradiación para la diócesis, junto a otros santuarios ya existentes como Notre-Dame de Valfleury, Notre-Dame de Bonson, Notre-Dame de Pitié y Le Rozey.

Queridos hermanos y amigos, nos dirigimos junto con María hacia el horizonte del año 2017, que marcará el bicentenario de la fundación de los Hermanos Maristas.  Que el Hermitage renovado pueda seguir siendo fiel a este mismo espíritu de universalidad, de audacia y de creatividad que animaba al Padre Champagnat, a los novicios y a los hermanos que comenzaron esta empresa.

Mi sincero y fraterno apoyo y aliento para esta comunidad internacional que ha recogido el desafío de acoger y de guiar a los peregrinos que llegan aquí, de crear itinerarios espirituales que ayuden a impregnarse del espíritu del Hermitage, no sólo a los que puedan venir aquí personalmente sino también, gracias a los medios modernos de comunicación, a las personas y a los grupos que están geográficamente lejos. ¡Esto es posible! Y es un gran servicio que nosotros, los maristas de los cinco continentes, esperamos de esta comunidad.

Que María, Nuestra Señora del Hermitage, nos bendiga a todos; que Ella bendiga esta casa.

_________________Bajar PDF: Noticias Maristas 119

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