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Mensaje de Navidad 2015 del H. Superior general

10/12/2015: Casa general

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Nos encontrábamos en la estación de tren de una ciudad de China, lejos de la capital, y relativamente cerca de Mongolia. Los tres europeos que viajábamos juntos éramos el centro de atención de la gente, que no disimulaba su curiosidad. Un niño de unos 3 o 4 años se quedó plantado delante de mí, mirándome fijamente con sus enormes ojos. Probablemente era la primera vez que veía a un extranjero, de rasgos tan distintos a los suyos ¡y con barba! Tan pronto como le sonreí y moví una mano saludándole, el niño empezó a llorar desconsoladamente, para regocijo de todos los que estaban a su alrededor.

Tengo la impresión de que a menudo algunos de nosotros reaccionamos, como el niño de la anécdota, con miedo ante quien es diferente, probablemente porque desestabiliza nuestras seguridades. Algunas industrias y algunos gobiernos se aprovechan de esa reacción instintiva y fomentan lo que el filósofo Zygmunt Bauman llama miedo líquido ante los que aparentemente no son como nosotros, especialmente los extranjeros que llegan como emigrantes o refugiados.

Contradictoriamente, los pueblos que viven en mayor confort y con las mayores medidas de seguridad y protección de la historia de la humanidad, son quienes se sienten más amenazados, inseguros y temerosos, más inclinados al pánico y a la ansiedad que cualquier otra sociedad del pasado o del presente.

El miedo es una emoción que sirve para protegernos de los peligros, pero cuando no se basa en riesgos reales sino en nuestra propia imaginación o en lo que otros nos dicen, entonces nos bloquea y genera, a su vez, mayor miedo y ansiedad. Decía el presidente Franklin Roosevelt en su toma de posesión: Déjenme proclamar mi firme convicción de que la única cosa a la cual debemos tener miedo es al miedo mismo.

No sólo hay personas que se dejan llevar por el miedo. Muchas otras, afortunadamente, no se dejan manipular fácilmente y prefieren ver a quienes son diferentes como seres humanos que buscan una vida mejor y que pueden enriquecer la cultura local, en vez de percibir a esas personas como amenazas permanentes.

La expresión no tengas miedo se repite de manera literal en la Biblia más de 100 veces y, según algunos, más de 300 si tomamos en cuenta expresiones similares. Es como si el Señor, profundo conocedor de la naturaleza humana, quisiera  estimularnos  a no  dejarnos  apresar por nuestros miedos y a actuar con la santa libertad de los hijos e hijas de Dios.

Esta expresión aparece ya en las primeras páginas de los evangelios, justamente con ocasión del nacimiento de Jesús: No tengan miedo, porque vengo a traerles una buena noticia, que será causa de gran alegría para todo el pueblo.

Jesús, nacido en los márgenes de la ciudad porque sus padres habían sido rechazados cuando pidieron hospitalidad, fue durante toda su vida un ejemplo de acogida cordial y respetuosa de todas las personas. Su corazón misericordioso le llevó hasta identificarse con ellas: era extranjero y me acogieron (Mt 25,35).

Que la celebración de esta Navidad, memoria de Aquel que nació y murió en la periferia, ensanche nuestros corazones hasta las dimensiones del mundo y nos ayude a ser plenamente humanos.

Con mis mejores deseos para ti y los tuyos, ¡feliz Navidad! 

H. Emili Turú, Superior general

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