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Maristas azules - Carta de Alepo 24

11/12/2015: Siria

Esta mañana, hace frío en Alepo, un frío casi glacial y no podemos calentarnos por falta de combustible... Estamos sin electricidad desde hace más de 50 días. Menos mal que el agua, muy racionada, ha sido restablecida tras un corte de varias semanas. La única vía que une la ciudad al resto del mundo ha sido reabierta tras estar bloqueada durante 13 días.

En la tarde de ayer, A. H., un niño de 9 años, llegó a nuestra casa. Necesitó más de una hora para poder llegar. Es el décimo hijo de una familia que cuenta con 12 niños. Quería pan. Su mamá le ha enviado para que se lo proporcionáramos. No cesaba de repetir: “espero no quedar decepcionado”. No lo fue. Regresó feliz. Como él, muchos niños viven en una situación precaria: frío, hambre, salud amenazada, inseguridad...

El 20 de noviembre, el mundo entero conmemoró el día internacional de los derechos del niño. Los niños de Alepo, como muchos niños del mundo, sufren las atrocidades de la guerra cuando los poderosos del mundo persiguen sus propios intereses. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Cómo apoyar a tantos niños en la miseria? ¿Cómo proporcionar a estos niños un apoyo psíquico, humano y espiritual que les permita vivir plenamente su infancia?

Hemos optado por garantizar una educación de calidad, una educación según la más pura tradición marista, una educación que, según el deseo de nuestro fundador, san Marcelino Champagnat, haga que el niño sea en el futuro “un buen cristiano y un honrado ciudadano”.

Durante un diálogo, una voluntaria joven muy activa me hace esta pregunta: “¿Por qué estoy perdiendo los mejores años de mi vida? ¿Por qué no soy como todos los jóvenes del mundo? ¿Por qué no tengo el derecho de vivir plenamente mi juventud? ¿Es eso voluntad de Dios? ¿Por qué no responde a nuestras plegarias y a nuestras súplicas? A pesar de toda nuestra confianza en él, no vemos el final de este túnel...”

¿Qué respuesta dar, a ella y a tantos jóvenes? Escucharles, apoyarles, tratar de buscar y tartamudear palabras de confianza y de fe. No siempre resulta fácil.

Nuestros jóvenes viven angustiados... intentan escapar... salir de este infierno sin precedentes... Los padres vienen a pedir consejo... ¿Qué decir? ¿Qué respuesta dar cuando el panorama es cada vez más amenazador y preocupante? En el cielo de Alepo, como en el cielo de toda Siria, tierra de paz y de civilización, las grandes potencias están combatiendo... Hombres de toda raza y nación, armas, aviones.... Nuestro país se ha convertido en tierra y cielo de enfrentamientos.

También los padres están atormentados. Muchas de sus familias y de sus amigos ya están instalados en otra parte, en otro país, en otra ciudad Siria. ¿Qué futuro les espera? A veces, los amigos me preguntan: “¿Tú, hermano, quieres quedarte, no tienes ganas de marcharte, de escapar, de ir a vivir en otra comunidad, en otro lugar, lejos de esta situación dramática?”

Mi respuesta es muy simple: “para nosotros Maristas Azules, vivir en Alepo, es aceptar el riesgo de la espera… Esperar la paz, esperar el regreso a la vida. Esperar el nacimiento de la civilización del amor... En este tiempo de espera, en este tiempo de adviento, para nosotros, todo se parece a la espera de hace más de 2000 años. Una espera llena de preguntas. El día después que no acaba de llegar. Nos atrevemos a permanecer juntos, hasta el final.

Es cierto que muchas familias de nuestro entorno abandonan, vagan como lo hizo aquella pareja y su hijo hace 2000 años. Deambulan por los caminos del mundo en búsqueda de no sé qué país seguro. En su camino, descubren que la única garantía que les podía servir era su fe en Dios”.
Al joven que me preguntó un día: “¿Hermano, estamos viviendo el fin de los tiempos?”, le respondí: “espero que estemos viviendo el final del tiempo de odio”.

Hablar del miedo, es hablar de Alepo o de cualquier ciudad de Siria... Hablar del miedo, es hablar de los hombres y las mujeres angustiados cada vez que se levanta el sol.

Hemos optado por permanecer junto al pueblo sirio que sufre, servirlo, testimoniar el amor de Dios, ser testigos de la luz en un tiempo de oscuridad, testigos de la paz en un tiempo de violencia sin precedentes.

 

Seguimos con nuestras actividades... 

Las cestas de alimentos se distribuyen sin interrupción todos los meses. Con ocasión de las diferentes fiestas (Al Adha y Noël), también hemos distribuido zapatos y ropa a todos los adultos y a todos los niños de los que nos ocupamos. Nuestro proyecto “gota de leche” continúa: consiste en distribuir a todos los niños menores de 10 años leche en polvo o leche para lactantes. Respondemos positivamente a cualquier petición de ayuda para un alquiler. Nuestro proyecto abarca, en toda su totalidad, a más de 100 familias desplazadas. 

A través de nuestro programa de asistencia médica, apoyamos a varios pacientes que recurren a nosotros para un tratamiento médico o para las operaciones quirúrgicas. El proyecto “civiles heridos de guerra” continua a salvar las vidas de personas que resultaron heridas por los fragmentos de las bombas que caen a diario en los barrios de Alepo.

Nuestro Centro de formación, el M.I.T. que tiene mucho éxito, ha lanzado su nuevo programa para los próximos 2 meses. 

Los 3 proyectos educativos y de desarrollo: “Quiero aprender”, “aprender a crecer” y “Skill School” están a punto de terminar el primer semestre con muchas actividades que responden a las necesidades de los niños y jóvenes adolescentes.

Me gustaría terminar mi carta con estas palabras del abate Pierre:

Yo continuaría creyendo, incluso si todo el mundo pierde esperanza.
Yo continuaría amando, incluso si los otros destilan odio.
Yo continuaría construyendo, incluso si otros destruyen.
Yo continuaría hablando de paz, incluso en medio de una guerra.
Yo continuaría iluminando, incluso en medio de la oscuridad.
Yo continuaría sembrando, incluso si los otros pisotean la cosecha.
Y yo continuaría gritando, incluso si los otros se callan.
Y yo dibujaría sonrisas en los rostros con lágrimas.
Y yo aportaría alivio, cuando se vea dolor.
Y yo ofrecería motivos de alegría allí donde no hay que tristeza.
Y yo invitaría a caminar aquel que ha decidido detenerse...
Y yo extendería los brazos a aquellos que se sienten agotados.

-Abate Pierre

¡Feliz camino hacia la Navidad!

Con ustedes, nosotros elegimos la vida.

_____________

Maristas Azules, H. Georges Sabe
9 de diciembre de 2015

 

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