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La fiesta de beatificación de los hermanos mártires

02/11/2007: Casa general

Hermanos y alumnos visitan la Casa general
Durante el día 26, viernes, en vísperas de la beatificación, la Casa general acogió a dos grupos de alumnos de Alemania y a un nutrido grupo de hermanos que venían de diversas partes del mundo. Varios de ellos aprovecharon la oportunidad para recorrer tranquilamente la exposición sobre los hermanos mártires, colocada en el corredor de los Superiores, y poder concluir el recorrido en la iglesia con una oración contemplativa, junto la gran cruz levantada ante el altar y el cirio pascual rodeado de 47 pequeñas lámparas, colocadas cada una de ellas junto al nombre de los hermanos mártires.

Presencia significativa fue la del hermano Francisco Peruchena Ollacarizquieta (Policarpo Luis), compañero de los mártires en la cárcel pero que no murió y ha sobrevivido para poder ser hoy, con sus 91 años, testimonio vivo de lo que ocurrió. El hermano Francisco Peruchena nació en Sarasa, Navarra, el 22 de octubre de 1916.

Al caer de la tarde, el hermano Superior general, Seán Sammon y su Consejo compartieron una oración con los Consejos generales de las cuatro ramas maristas y los señores arzobispo de Burgos D. Francisco Gil Hellín y el embajador de España ante la Santa Sede D. Francisco Vázquez. Reunidos en el espacio superior de la escalera principal, que da acceso a los despachos del hermano Superior general, a la capilla de los Superiores y a la sala del Consejo, se proclamaron los nombres de los nuevos beatos intercalando el canto del magníficat y concluyendo con el canto de la Salve. En el centro de este lugar de reunión se podía contemplar una composición realizada con raíces secas de entre las cuales surgían unas preciosas flores y un manojo de espigas bien granadas. En cuatro idiomas se leía esta frase: “Dios saca bien del mal”. A continuación se sirvió una cena a todos los invitados en el comedor de Villa EUR.

Encuentro de los maristas en el santuario de La Madonna del Divino Amore

El sábado día 27 de octubre los hermanos, los familiares directos de los nuevos beatos y los peregrinos maristas tenían una cita con el Consejo general y con los hermanos de la Administración general en el santuario de La Madonna del Divino Amore, en las afueras de Roma. A este encuentro asistieron un millar de peregrinos venidos de distintas partes del mundo: Malasia, Argentina, Italia, México, Brasil, Alemania, Grecia, Chile, USA, Canadá, Holanda, Gran Bretaña, Francia, Venezuela, América Central, Paraguay... y, sobre todo, de España. Durante dos horas celebraron la memoria de los mártires en la amplia y hermosa nave del santuario. El hermano Luis García Sobrado, Vicario general, saludó a las delegaciones de todos los países entre las que se destacaron un nutrido grupo de peregrinos jóvenes.

La celebración destacó lo que hizo creer y esperar a los hermanos mártires. Con cuatro signos se representó el fuego y la pasión que habitaba en sus corazones. Entró en primer lugar el cirio pascual, la luz que se pone sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa. A continuación se introdujo procesionalmente la Palabra de Dios recordando a los presente que son bienaventurados quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. El tercer signo era un puñado de espigas granadas, portadoras de semillas de vida que recordaban las vidas de los hermanos sembradas en tierra fecunda. Y, finalmente, el cuarto símbolo fueron dos hogazas de pan recién horneado, dorado por el fuego. El grano de trigo que cae en tierra y muere da mucho fruto. Estos cuatro símbolos, acompañados de cantos y de silencio contemplativo, precedieron la proclamación de las bienaventuranzas.

El hermano Seán Sammon, Superior general, en la alocución que publicamos íntegramente en el espacio de nuestra web dedicado a las beatificaciones, hizo una glosa del regalo de la vida de los nuevos beatos. Destacó la juventud de los mismos, su procedencia de familias humildes, la sencillez de lo que hicieron, pero que “llegaron a comprender que Jesús debía ser el centro de sus vidas”. “En cada generación hay unos pocos que alcanzan la grandeza al entregar libremente sus vidas. Al tener en más estima a Dios que a la propia vida”.

El hermano Seán destacó que “los mártires son peligroso. No por su creencias, sino porque están dispuestos a pasar a la acción a causa de sus creencias”. E invitó a los presentes a sacar dos lecciones de la vida y de la muerte de estos hermanos: Tomarse en serio el evangelio, como lo hicieron estos hermanos y entregar la vida al servicio del evangelio. Y concluyó su intervención, proclamando el nombre de cada uno de los hermanos mártires precedido de la palabra “beato”

A continuación, mientras se cantaban las letanías de los nuevos beatos, cuarenta y siete personas de distintas edades se acercaron al altar procesionalmente con ramos de palma en sus manos. Con esos ramos se quiso significar el triunfo de cada uno de los hermanos que murieron por la fe en Jesucristo. El cuadro se completó cuando los familiares de los mártires pusieron rostro a cada uno de esos símbolos, llenando las gradas del altar. Fue uno de los momentos más emotivos.

El acto concluyó con una ofrenda de todos los presente a la Buena Madre que presidió toda la celebración bajo la advocación de “Madonna del Divino Amore”. En los alrededores del santuario, cada uno de los grupos se organizó para compartir la comida.

Por la tarde de ese mismo día, a las 1830 se realizó la ceremonia de acogida de los peregrinos en la basílica de San Pablo Extramuros, organizada por la Conferencia Episcopal Española. Música, testimonios de algunos de los mártires, oración. En el acto intervinieron el Presidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, Mons. Ricardo Blázquez , para dirigir un mensaje de saludo a los peregrinos. También intervino el Arzobispo de Sevilla, cardenal Carlos Amigo, con una alocución sobre Las Bienaventuranzas. Quiénes son y de dónde vienen estos mártires. También se interpretaron distintas piezas musicales, entre ellas, los himnos en honor a los 498 mártires del siglo XX en España, interpretados por el coro de la catedral de la Almudena de Madrid y el coro de la Filarmónica romana.

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