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…Escuchemos a Dios / Escutemos a Deus - Mercedes Leticia Casas Sánchez, FSpS (CLAR - Congreso de la Vida Consagrada)

 

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06/07/2015: Colombia

 

Em português

“…Escuchemos a Dios”
Hermenéutica del Icono de Betania, Horizonte Inspirador de la CLAR

Hna. Mercedes Leticia Casas Sánchez, FSpS
Presidenta de la CLAR - CONGRESO DE VIDA CONSAGRADA - Bogotá, Colombia, 18 a 21 de junio de 2015

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INTRODUCCIÓN

Del Icono de Betania que fundamenta el Horizonte Inspirador de la CLAR (Jn 11, 1-57_12,8) se desprenden nuestras convicciones. Algunos consideran que las convicciones son para los pequeños, para seres limitados que necesitan delimitarse.  Pero el apóstol Santiago nos da a entender que una persona sin convicciones, “es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Sant 1,6).

Nos apoyamos en las convicciones sobre todo en los momentos difíciles, o cuando hay que tomar decisiones, porque ellas son como un faro que nos guía. Las convicciones de la CLAR son sus valores, sus compromisos y sus motivaciones evangélicas. Somos conscientes de que como VC podemos tener en este momento convicciones fuertes sobre cosas que ahora ya no responden a los clamores de Dios en la vida, y que necesitamos reformularlas con fidelidad creativa, de acuerdo a nuestros carismas y a los signos de los tiempos y lugares. Desde luego que, como VC, tenemos convicciones que son tan obvias que no tendríamos por qué acentuarlas. Pero como bien sabemos, lo que es obvio hay que decirlo, porque precisamente por ser tan obvio lo damos por supuesto y dejamos de tenerlo como referente.

Habría que escuchar más estas convicciones a lo largo de toda nuestra VC, darnos tiempo para ello y reformularlas de acuerdo a lo que el Espíritu nos vaya diciendo en el camino. Puede ser que, cuando no escuchamos con frecuencia nuestras convicciones, se conviertan en clamores, que en el fondo, expresan el gemido del Espíritu que clama dentro de la VC para que sea aquello para lo que está llamada a ser: mística y profecía, ternura, consuelo y alarma que despierta a la humanidad.

En este momento la VC necesita dar un salto de cualidad hacia una VC nueva, resucitada. Tal vez demos un salto modesto, humilde; o tal vez logremos dar uno más significativo. Pero de que toca darlo, toca. Hay que hacer que pase lo que el Espíritu Santo y nosotras/os queremos que pase. 

 

Nuestras convicciones

La Palabra de Dios es el eje transversal de la Vida Consagrada en la formación, la espiritualidad, la comunión y la misión

La VC vive de la Palabra de Dios. En la medida en que esta Palabra está al centro de nuestro corazón, de nuestras comunidades y de nuestra misión, va realizando una transformación o Cristo-conformación. La Palabra de Dios cruza, atraviesa todas las dimensiones de nuestra consagración.  

Desde nuestro Icono de Betania, Marta, María y Lázaro, nos lo recuerdan: hay que vivir de la Palabra y desde la Palabra; ella nos lleva al encuentro de nuestra interioridad, espacio habitado, donde se alimentan el amor, el encuentro, la entrega, la gratuidad, la comunión; interioridad tocada por la Palabra del Maestro, por su voz. Marta,   se dirige a María, su hermana, y le dice al oído: “El Maestro está ahí y te llama. Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él… Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí” (Jn 11,28-31). Sólo la voz del Maestro que nos llama, como a María, nos puede levantar para salir a su encuentro; sólo la voz de Jesús nos puede dar la prontitud para salir de nuestro ensimismamiento que a veces “nos deja en casa”, para salir de la desesperanza y acudir al encuentro de la vida, y salir con rumbo, con horizonte.

La transversalidad de la Palabra de Dios supone para la VC hacer experiencia de Dios en lo cotidiano, aún en medio de tareas que nos absorben. Podemos desenfocarnos de la Palabra y no mirar hacia nuestro centro, hacia lo que nos vertebra la vida. Nos podemos salvar de la mediocridad y del inmovilismo en la medida en que vivimos desde lo profundo, desde la escucha, saboreando la vida por dentro, como “rumiándola”, atesorándola en el corazón. Vivimos muchas veces “distraídas/os” de la Palabra que se pronuncia de tantas maneras y se escucha sólo en el silencio del corazón.

La VC no puede privarse de una experiencia interior intensa, de una espiritualidad profunda que se deja alcanzar por el Misterio manifestado en la Palabra que es Jesús. Darse espacios para la escucha, para la oración explícita, es decir, querida, preparada, esperada, sufrida, prolongada, de manera que nos “entrenemos” a escuchar la voz del Maestro que nos llama en las distintas realidades de la vida: en sus mensajes, en las y los amigos, en las muertes, en la historia. Una de las más grandes batallas de la vida es la oración, el ponernos frente a la Palabra. Cuántas veces nos gana el activismo y perdemos de vista nuestras prioridades, nos desvinculamos de lo gratuito de la vida, del saber “perder el tiempo” en lo esencial. ¿Nos dejamos conducir en lo cotidiano por la Palabra?  ¿Nos dejamos conducir mistagógicamente por Ella y convertir en mistagogas/os de las hermanas y los hermanos, místicas/os “de los ojos abiertos” (J.B. Metz)? 

Marta, se expresa ante la Palabra-Jesús con una espontaneidad confiada. No esconde su desilusión ante la ausencia de Jesús, no espiritualiza el dolor. En ese momento es “la hermana del muerto” (v.39) la que habla: “Si hubieras estado aquí…” Frente a la Palabra afloran nuestros más hondos sentimientos, se ponen en evidencia nuestras reacciones más humanas, mundanas. Necesitamos exponernos más ante la Palabra, evidenciar lo que experimentamos en este momento como VC. Tenemos miedo a nuestra crisis, a decir que estamos pasando por un duro invierno, nos cuesta admitir que somos, como Marta, las hermanas/os del muerto o al menos del enfermo; la VC sabe que en la medida en que reconoce su realidad cruda y dura, con sus luces y sus sombras, en esa medida empieza su camino de transformación. No se da verdadera transformación sin antes reconocer el límite, la dificultad, los dinamismos de muerte así como los dinamismos de vida que ya están presentes en la VC y que van abriendo horizontes de novedad en la medida en que tomamos decisiones místicas y audaces. Cuando Marta le dice a Jesús: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”, expresa, por una parte, el reconocimiento de que cuando no está Jesús al centro de la vida y la comunidad viene la enfermedad y la muerte; y por otra parte, nuestra convicción de que sólo cuando Jesús está en el centro de la vida y la comunidad, tenemos vida y caminamos hacia adelante.
 
La Palabra también nos pone en un diálogo comunitario, en discernimiento, especialmente cuando hacemos la Lectio Divina. Es la lectura mística del texto, una participación del Espíritu de Dios para que aprendamos lo que Él nos quiere decir. Y para eso hay que darnos tiempo, “dos días” (Jn 11,6) que pueden significar horas, días, meses, antes de querer dar respuestas inmediatas a sus invitaciones. La oración nos da “capacidad de aguante” y al mismo tiempo “el sentido de lo inaguantable” que nos urge a dar respuestas audaces desde la comunión. Es una oración que pasa primero por el propio corazón y después es compartida con las hermanas y los hermanos. Nos sentimos acompañadas/os en nuestras decisiones y aminora nuestro normal miedo a “tropezar”, pues quien ve la Luz, dice Jesús, no tropieza (11,9).

Nos dice el Instrumento de Trabajo del Congreso que hemos hecho lecturas de la realidad de la VC a veces muy espiritualizadas. A Jesús hay que hablarle con franqueza y al mismo tiempo con humildad. El “si hubieras estado aquí…” no es sólo un reproche para Jesús, sino una primera profesión de fe pero en subjuntivo, un reconocimiento de que cuando Él no está en medio de la comunidad entonces todo se enferma y muere, no hay quien vea por la comunidad. Lázaro o Eleazar es “aquél por quien Dios ve”. La VC sabe qué sólo teniendo a Jesús, Palabra del Padre, en el centro, dejando que atraviese nuestros días y nuestras noches,  habrá vida, frescura, ambientes comunitarios y eclesiales sanos, humanizadores y humanizantes. Darnos tiempos sabrosos y buscados con ilusión para orar la Palabra, para arrullarla en el corazón, para compartirla entre hermanas/os, de manera que ilumine nuestra vida, la confronte y lance hacia adelante1.

La Palabra nos sensibiliza para escuchar los mensajes que nos envía la realidad. Nos pone en una actitud de contemplación que da una mirada que va más allá de los hechos: “Esta enfermedad no es de muerte” (Jn 11,4). Dice el Papa Francisco: “Digan a los nuevos miembros, que rezar no es perder tiempo, que adorar a Dios y alabarlo no es perder tiempo. Si nosotros, los consagrados, no nos detenemos cada día ante Dios en la gratuidad de la oración, el vino se volverá vinagre”2.

Esta Palabra hace procesos de fe en el corazón, en la comunidad, en la misión. Es un camino mistagógico en el que poco a poco vamos pasando de la desesperanza… “Si hubieras estado aquí…”, a la fe plena… “Sí Señor, yo sé que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo” (11,27), como sucede en Marta y María.

¿Qué tanto nos vivimos desde la Palabra, desde sus criterios y su luz? ¿Es la Palabra lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero? ¿Reconocemos que la Palabra nos sale al encuentro de mil maneras?  Como VC, ¿nos sabemos y sentimos discípulas/os: desaprendiendo para aprender de la Palabra? ¿La VC es una vida que se arrodilla a los pies de JHS y que está atenta de no quedarse sentada a los pies de sus propias ideas, certezas, terquedades?
  
La centralidad de la Palabra armoniza a Marta y María, y nos armoniza como VC, porque nos vivimos desde el centro, desde Jesús. Una vida con centro se vuelve más humana, y humaniza.  ¿Por qué da la impresión de que hay un cierto estilo de VC poco cálido, donde nos faltan expresiones tan sencillas y humanas como el “¿puedo?”, “muchas gracias” y “perdón”? ¿La falta de humanidad y de humanización no corresponderá a la falta de centralidad en la Palabra encarnada que al tocarnos nos humaniza?

 

La escucha auténtica permite acoger los clamores de la vida, en especial entre los pobres y las Nuevas Generaciones.

La escucha atenta de la Palabra nos sensibiliza el oído ante los mensajeros que nos envía la vida, la realidad que amamos: “Señor, aquél a quien tú quieres está enfermo” (Jn 11,3).

“El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que Él nos juzgará el último día por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y oprimidos” dice Mons. Pedro Casaldáliga.

Escuchar con autenticidad la Palabra nos lleva a entrar en espacios para discernir comunitariamente qué hacer, qué pasos dar y cuándo hay que darlos.
Jesús, ante la noticia de la enfermedad de su amigo, parece reaccionar con cierta lentitud. Ante nuestras prisas, expresadas ya desde el Antiguo Testamento: “Señor, date prisa en socorrerme”, Jesús reacciona a un ritmo ilógico. La Palabra nos enseña los ritmos con los cuales hay que responder ante las llamadas y urgencias que nos hacen las personas y la vida misma. Vivimos muy de prisa. Necesitamos sentarnos y darnos tiempo para escuchar en ella lo que el Espíritu nos dice: escuchar para luego mirar, es decir, discernir lo que conviene, lo mejor… y luego, tomar la decisión, ponerse en camino con prontitud.

En la comunidad de Betania está presente el “sin-sentido” a través de la enfermedad y la muerte de Lázaro. Como VC tal vez estamos viviendo momentos de “sin-sentido” en los que necesitamos retomar el sentido de nuestra vida. Necesitamos escuchar los clamores que están dentro de nuestras comunidades, especialmente en el corazón de las NG. Necesitamos recuperar el sentido de la   espera, de la lentitud, de los diálogos comunitarios en los que no nos condicione el reloj. A veces decimos que las NG están más comunicadas hacia fuera que hacia dentro de sus comunidades, y esto puede ser real. Pero también nos hace pensar: ¿será que nos encuentran siempre muy ocupadas/os, con agenda llena, corriendo a toda prisa hacia la pastoral, o con el cansancio a cuestas que nos hace inabordables? ¿Será que encuentran más calidez humana, más contención afuera que dentro de nuestras casas?

Necesitamos escuchar más nuestros propios sin-sentidos, por ejemplo, en relación con los votos. Para las NG ¿significan lo mismo que para quienes ya llevamos camino andado? Una relectura de los votos, una resignificación de los mismos nos viene bien a todas y todos, si queremos entendernos mutuamente, si anhelamos caminar en comunión desde el carisma y en la misión hoy.

Acompañar a las NG en este momento pascual de la VC es urgente. Ingresar a una VC que ya para muchos no es relevante, constatar la disminución numérica y el envejecimiento, sumergirse en la vorágine del activismo pastoral, no tener tiempo para lo gratuito, para lo bello, para el descanso en común, necesita de corazones recios, que no sólo se sientan acompañados, sino que compartan sus “visiones”, cómo ven nuestro presente y nuestro futuro; y con quienes compartamos nuestras utopías y sueños, tomemos decisiones osadas, proféticas, evangélicas que devuelvan el sentido de la vida y de la alegría. “´Tus hijos y tus hijas profetizarán, tus ancianos soñarán sueños y tus jóvenes verán visiones” (Jl 3,1b) dice el profeta. ¡Es urgente dar un nuevo espacio en nuestras comunidades a la utopía!, a la fantasía del Espíritu “que ha sido derramado en toda carne” (Jl 3,1ª; Rm 5,5).

 

El rostro de Cristo en los rostros de los pobres

“A los pobres siempre los tendrán” (Jn 12,8), no como un peso, sino como nuestro tesoro. Decía un Padre de la Iglesia: “los pobres son el tesoro de la Iglesia”. Son nuestros señores, son Jesús: “Cuanto hiciste a uno de estos hermanos míos, más pequeños, a mí me lo hiciste” (Mt 25,40). La VC emprende un nuevo éxodo a vivir entre los más sencillos, desde ellos, por ellos, sea cual fuere su carisma o campo de apostolado. El “desde dónde” nos vivimos es lo que cuenta. Un pie puesto en la Palabra de Dios y otro pie puesto en la realidad, especialmente de nuestros hermanos más pobres.

Al encuentro de los pobres hay que salir a toda prisa, pero no sin discernimiento. Tal vez en algunos momentos nuestra salida parezca asistencialista, pues no siempre se aprende rápido a pescar…, pero eso sí, “¡hay que ir a las causas!” como lo dijo el Papa Francisco a la CLAR, y ejercer nuestra dimensión profética siendo la conciencia viva de la Iglesia y de la sociedad.

La VC quiere estar ahí, donde se juega la vida, salir de nuestras comodidades donde nadie nos molesta, salir de nuestros aburguesamientos justificados, de la mundanidad que nos asecha, pues queremos tocar la carne de Cristo y dejarnos tocar por ella, queremos oler a Cristo, oler a lucha cotidiana,  a autobuses, a metro, a ciudad Bolívar, a favelas, a cinturones de miseria; queremos también oler a esas otras marginalidades con las que nos encontramos en las ciudades, en las universidades, en los hospitales, en los suburbios, en nuestras pastorales. A los pobres los tendremos siempre con nosotros, y como VC queremos invertir la vida ahí, con ellos, aprendiendo de ellos su confianza en el amor providente de Dios, su gratuidad, su capacidad de ser felices viviendo con tan poco, tal vez porque su secreto está en el compartir. Desde aquí podríamos resignificar nuestro voto de pobreza.

La verdadera renovación de la VC pasa por una renovada opción evangélica por los pobres. Nos lo han confirmado Aparecida y el Papa Francisco. Una VC que elige vivir “el lado pobre de la vida”, el lado sencillo, que opta por estar donde nadie voltea a mirar. La VC está rehaciendo sus pasos hacia la encarnación y la inserción, porque está convencida de que “a los pobres los tendremos siempre con nosotros” y, por lo tanto, nos toca acompañarlos y dejarnos evangelizar por ellos siempre, alentar su esperanza, consolar sus tribulaciones. Marta le dice a María al oído: “El Maestro está ahí y te llama” (Jn 11,28). La VC le dice a esas realidades de pobreza y marginalidad que Él está ahí, y es capaz de transformar los dinamismos de muerte, de injusticia, de violencia, en dinamismos de vida y Vida en abundancia, porque Él es la Resurrección y la Vida.

 

La unidad y la diversidad por las categorías de género que reflejan en este Icono las dos mujeres, con su protagonismo, y los varios hombres, con su pasividad.

Betania es una comunidad cristiana que tiene como protagonistas a dos mujeres, Marta y María. Llama la atención la poca acción de los varones en este texto. De seguro ayudarían a mover la piedra. Lázaro siempre está enfermo, o según Jesús, durmiendo o definitivamente muerto. Y cuando sale de la tumba necesita que le quiten la piedra y las vendas. Al final de nuestro Icono, en el banquete de Betania está sentado al lado de Jesús. Los otros varones del texto, excepto los discípulos,  se la pasan confabulando muertes. Lázaro es hermano de María y Marta y en un momento el evangelista hasta le borra el nombre y lo llama “el muerto”. Algo nos quiere decir san Juan. Está hablando probablemente de una comunidad concreta donde se ha dado un salto cualitativo, donde las mujeres tienen cabida, han sido confirmadas por Jesús, unas mujeres que daban ejemplo de servicio discipular, de diaconía. Es significativo el que en esa familia de amigos de Jesús sólo hay hermanos, no hay un padre o madre. Jesús preside como el hermano mayor, pues quien es el Padre ahí es el Abbá de Jesús: “A ninguno llamen Padre, porque uno sólo es su Padre celestial” (Mt 23,9).

La VC femenina va teniendo cada vez un papel más significativo en la medida en que se vive desde la mística profética de la diaconía y la contemplación. No sólo porque es mayoría, sino porque desde la ternura, la alegría y la paz cuida la vida, así como desde la osadía, la audacia y la corresponsabilidad. El contexto de la resurrección de Lázaro está cobijado por el amor de dos mujeres, sus hermanas. La mujer tiene una capacidad para propiciar espacios de resurrección, para dejar que salga la vida; las mujeres, en este Icono, son quienes confrontan la ausencia de Jesús, quienes la evidencian, y las primeras en dar el paso de fe: “Sí, Señor, yo creo” (Jn 11,27) que Jesús provoca con su doble pregunta: “Marta, ¿crees esto?” (Jn 11,26.40). 
 
Con todo y este protagonismo, se percibe en la cena de Betania la profunda comunión que se da desde la igualdad en la diversidad. Todas y todos hermanos, con diferentes ministerios.

Necesitamos una Iglesia con mujeres y hombres consagrados buscando juntos caminos, en diálogo sincero, fraterno, asertivo, diciendo la verdad en el amor y con humildad para aceptar los errores y también para seguir adelante. En la Iglesia, Pueblo de Dios, no debería haber “oyentes”, sino todas y todos participando, construyendo el Reino. ¿Por qué todavía en algunos espacios eclesiales la VC femenina y la de los religiosos hermanos sólo va de “oyente”? ¿Qué tal si se abrieran espacios más proféticos, inclusivos, contraculturales para la misma Iglesia, y nos escucháramos sentadas y sentados a la misma mesa? ¿Y qué decir de la participación laical?

En la medida en que la VC despierte todo su potencial femenino, su “anima”, será más fecunda. La ternura, el consuelo, el cuidado de las personas, de la madre tierra, la audacia y fortaleza, son aspectos muy femeninos que no sólo corresponden a la mujer, sino a lo femenino que vinculamos con la Ruah divina, el Espíritu de Dios, que concede los carismas y cuida la unidad.

Necesitamos una VC más pneumatizada, llena del Espíritu. Necesitamos un nuevo Pentecostés para resucitar y llenarnos de un fuego nuevo que encienda otros fuegos.

Cada vez nos necesitamos más. El Concilio Vaticano II nos ha abierto un panorama nuevo de Iglesia, Pueblo de Dios, Pueblo Sacerdotal, en el que “cada cual con su taburete tiene un puesto y una misión”, como cantamos en la beatificación de Mons. Romero en El Salvador. Esto es lo que la convierte en Iglesia de comunión. Una VC sólo tiene razón de ser cuando se sabe vinculada con, pertenencia de… Cuando camina junto a sus pastores, junto a sus hermanas y hermanos, pero desde su identidad propia: su misión místico-profética. Esta comunión sólo se da gracias al Espíritu desde la riqueza de la diversidad de los carismas y ministerios. Comunión que está bien representada en la mesa de Betania, donde están sentados todos a la par, con Jesús, teniendo sólo a Dios como Padre, y a los demás como hermanos.

Comunión donde se da también el protagonismo del servicio, de la “atención concreta”, de la diaconía que no es servilismo sino expresión de la ternura propia de la mujer representada en Marta, quien sirve el alimento, lo parte y lo reparte entre los invitados, y que ahora lo bendice desde el silencio hecho ternura y alegría, sin reproches…. Comunión eucarística que ya no es auto-referencial porque la Vida está puesta en su centro, y esa Vida es Jesús. Betania nos enseña a ser comunidades eucaristizadas.

María de Betania participa de esta comunión con la unción (Cfr. Jn 12,3). Nos habla de una VC que unge con ternura y que se lanza a hacer gestos audaces,  gestos proféticos que dejan ver la desmesura, el desbordamiento, lo exagerado, el “sin medida” del amor. La VC hoy está llamada a testimoniar esta comunión a tiempo y a destiempo tanto en nuestras comunidades, como en la misión más remota.

Marta y María nos enseñan que la comunión se construye desde el servicio y la unción; servicio que implica vivir nuestro protagonismo evangélico, fieles a nuestros carismas, atentas/os a la realidad; servicio que no busca el primer puesto, que se siente más cómodo del segundo en adelante, que no busca el reconocimiento ni la aprobación sino que “aguanta” la no relevancia; servicio que es capaz de dialogar con Jesús cara a cara y expresarle sus expectativas, sus dudas, hasta llegar a la comunión creyente: “Sí, Señor, yo creo!”.

 

La resignificatividad simbólica de la Vida Consagrada

Una VC nueva es posible y urgente. ¿Cuáles serán los odres nuevos para el vino nuevo? Nos podemos preguntar: “De cara a la cultura global, neoliberal, que trata de imponerse por doquier, ¿tiene la VC palabras o gestos proféticos que proponer?”4 Este icono de Betania está lleno de una simbología que nos motiva y cuestiona. Tenemos piedras que mover, estructuras que aligerar. ¡No podemos seguir igual!

Marta nos recuerda que la VC es una vocación de servicio a la comunidad humana, desde la gratuidad y la fascinación por Jesús. María expresa el derroche y la gratuidad del amor que se derrama sin más. No está de moda ungir los pies, y si hay alguien que lo hace, y sí que las y los hay, nunca saldrá en el periódico. Marta y María actúan por fascinación, por enamoramiento, por un amor apasionado, audaz, profético. La VC o actúa por este amor o sólo funciona bien, y a veces no tanto.

El perfume derramado por María es una invitación a esparcir el buen olor del Espíritu, el perfume de la gratuidad y la alegría. La belleza es inútil. Como inútil son los amaneceres y los atardeceres… Derrochar el perfume de la vida en servicio amoroso, ungir unos pies que después se llenarán de polvo y serán crucificados, es inútil… Desde aquí podríamos resignificar nuestro voto de castidad.

Cuando la VC reconoce, con actitud humilde, su realidad de dormición, enfermedad, o muerte... en que está   sumida, se genera un dinamismo pascual y transformador.   Sabemos que hay que despertar para despertar al mundo.

El reconocimiento de nuestra realidad, de los propios clamores, no se hace siempre con la sonrisa en los labios, pero sí con la lámpara encendida de la fe y la esperanza. Pues sabemos “que en todo interviene Dios para nuestro bien” (Rm 8,28), y que los inviernos no acaban con la vida, sino que la cobijan, la guardan, la contienen, hasta que explota en primavera. Marta, no duda en decirle a Jesús que su hermano está enfermo, que le falta su presencia. Reconocer que tenemos enfermedades tales como la falta de alegría, el apego a nuestras obras, el creernos salvadoras/es de la humanidad, el replegamiento en nosotras/os mismas/os, comunidades enfermas de patologías egocéntricas, anemia espiritual, en donde a veces el ego predomina sobre la comunidad, no es bonito, pero puede ser generador de una verdadera conversión a la Vida, a la Resurrección; de una VC que recupera humanidad y calidez hacia dentro y hacia fuera.

Es cierto que nadie crece sólo desde lo negativo, pero reconocer nuestros adormilamientos y enfermedades supone una actitud humilde, que nos hace bien tenerla, y Dios bendice la humildad: “a un corazón contrito Señor, Tú no lo desprecias” (Sal 50,19). Lo importante es creerlo. Jesús le pregunta dos veces a Marta: “¿Crees esto?” (11,26), “¿No te he dicho que si crees…?” (11,40), y la pregunta es la misma para la VC en este congreso: “VC, ¿crees esto? ¿Crees que aunque estés algo dormida, o enferma, o moribunda, vivirás, resucitarás, tendrás vida nueva?” Y nuestra convicción, como la de Marta, es la del pasar de un “Ya sé” (Jn 11,24) al “Sí Señor, yo creo” (Jn 11, 27), creo que sólo desde la fe en Cristo Resucitado se despertarán y resucitarán aquellos aspectos que se nos han enfermado al pasar de los años y se despertará también nuestra osadía para tomar decisiones que marquen un rumbo nuevo a nuestra consagración y misión.

Sólo la fascinación por Jesús y la pasión por la humanidad, mantienen con vida y con sentido vidas enamoradas, centradas en Dios, que traslucen alegría y generan paz. Rostros menos avinagrados y más esperanzados. No son las arrugas ni las canas las que ahuyentan a las personas, sino las miradas tristes, enfermas, moribundas; los gestos dominantes, las posturas rígidas y deshumanizantes. La VC centrada en Jesús hace mujeres y hombres fascinantes y encantadores. Aquí se juega gran parte de la fecundidad vocacional.

Una VC así, con pasión, remueve y aligera estructuras. En la medida en que nos aligeremos, quitemos la piedra, dejaremos que fluya más el Espíritu. “¡Salgan!”, nos dijo el Papa Francisco a la CLAR… No te quedes en tus muertes, en tus crisis, en tu invierno, porque hay vida por delante. Decídete por un presente que tenga futuro y sueña un futuro que configure y llene de vida y alegría tu presente. La vida se encuentra en la entrega, en la salida misionera. “¡Sal fuera!”, no importa la edad, el lugar, la enfermedad.

Una formación que insista en esta salida nos hace bien y mucha falta. Algunas/os jóvenes vienen a la VC con miedo a salir, quisieran un refugio después de vivir tan desprovistos en una sociedad tan líquida. Pero hay que ayudarlos a ponerse en camino, a entrar por la vía de la entrega, de la gratuidad. Cuando las NG saborean el camino de la radicalidad y el gozo, del amor hecho servicio a los pobres, a los nuevos rostros de pobreza, cuando ven una VC “acompasionada”5 son capaces de grandes cosas, y con su creatividad, fantasía, arrojo, empujan a la VC hacia nuevos horizontes. 

Las y los consagrados no tenemos miedo a envejecer, a dar la vida hasta el último suspiro, estemos donde estemos, estemos como estemos. Una VC en salida implica una obediencia a la voz del Espíritu. Lázaro, muerto, escuchó la voz recreadora del Espíritu en Jesús y sale a reconstruir la comunidad desde la centralidad de Dios. Desde aquí podríamos resignificar nuestro voto de obediencia.

Pero sabemos que esta salida misionera va acompañada de actitudes nuevas, pues no queremos salir desde el poder, sino desde el servicio; no desde quien enseña, sino desde quien aprende junto son sus hermanas/os; no desde el prestigio sino desde el no contar; no con el apoyo de los grandes de la tierra, sino sostenidos por la acogida de los más pequeños.

Nuestra VC quiere vivir la nueva profecía de la pequeñez, que es la profecía del Reino, descrito por Jesús con imágenes como el granito de mostaza, la levadura en la masa, la perla escondida, etc…

Nos convence una VC más sencilla, más igual al común de los cristianos, ya que como dice nuestro querido Papa Francisco, todos estamos llamados a vivir el seguimiento radical de Cristo. Lo propio de la VC, su identidad, es lo que se deja ver en sus ojos, en sus gestos simbólicos, proféticos y evangélicos que, con hábito o sin hábito, la hacen “ser memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús”6, y así es como despierta al mundo.

Marta, sale al encuentro de Jesús en este icono de Betania. Al final, en el capítulo doce de san Juan, lo sirve sin reclamos, a diferencia de la actitud que nos mostraba san Lucas cuando se quejaba de que su hermana no le ayudaba en nada. Marta, alcanzada también por la resurrección de Lázaro, sirve con un amor despojado de protagonismo, lleno de gratuidad, o con un protagonismo místico profético. María, unge los pies con un perfume valiosísimo, el de su propia vida; el perfume de la adoración, del amor apasionado por Jesús… Actitudes que llenan la casa de la VC y de la humanidad del buen olor del amor y de la bondad, de actitudes que humanizan, ofrecen alivio a los pies cansados. Una VC como María, que ya alcanza a ver en los pies de sus hermanas/os un asomo de las llagas del Crucificado. Y el cabello con el que seca sus pies… María relativiza su belleza, representada en su hermosa cabellera, y la pone al servicio de Jesús: pasa del cuidado propio a la teología del cuidado de los demás. Nuestros gestos tendrían que ser signo de una VC que unge y seca los pies de la humanidad, y ésta es su verdadera belleza.

Una VC que desata vendas, las propias y ajenas. Lázaro estaba atado de pies y manos; cómo pudo salir de la tumba así, más que dando un solo salto, pues no podía andar debido a las ataduras. La voz de Jesús, del Amigo Amado, de quien tal vez se había descentrado por algún tiempo… esa Voz le dio alas, porque el amor las da: “La voz de mi amado” (CC 2,8). “En las cavernas rocosas y en los escondrijos, deja que mire tu rostro y escuche tu voz!” (CC 2,14). “¡Levántate amada mía, hermosa mía y ven!” (CC 2,13). Pero necesitó la ayuda de quienes ahí estaban para soltarse y andar, ver, abrazar la vida nuevamente y caminar con la libertad del Espíritu. Pero no podemos hacer esto en soledad. Nos necesitamos mutuamente. La inter-congregacionalidad es también una llamada que el Espíritu hoy nos hace, el fortalecer vínculos, crear redes de solidaridad, de compasión, de presencia místico-profética.

En la medida en que como VC caminemos con la soltura del Espíritu iremos más allá, pero hay que dejarnos desatar de los miedos, seguridades, hay que saber soltar, y vivir más pneumatizadas/os.

Lo que hizo Jesús con Lázaro fue una pneumaterapia. La VC necesita pasar por este tratamiento, someternos a una seria pneumaterapia que nos resucite, que llene de pasión y fuego nuestra vida, de palabras y gestos proféticos; que nos ponga “luz en la mirada, profecía en los labios y fuego en el corazón”7. Y esta terapia la da solamente el Espíritu Santo.

En Betania no se habla explícitamente del Espíritu. Jesús y el Padre parecen ser los protagonistas de la Resurrección. Pero están las lágrimas de Jesús, y sus entrañas, rahamin, que se conmueven; está el Amor recirculando en los amigos. En Betania el Espíritu Santo no viene en forma de paloma, o de viento, sino que se hace presente, como decimos en el credo, como “Señor y Dador de Vida”, como la Madre que realiza un parto nuevo, como el seno de Dios Padre-Madre que se conmueve desde las entrañas ante una comunidad amada, muy amada por Dios, pero que había caído en la rutina, en la desesperanza y en la auto-referencialidad. Las vendas que cubrían y ataban a Lázaro (Jn 11,44), son como el anti-tipo del Espíritu que “con lazos de ternura” (Os 11,4) atrae nuevamente a la comunidad al encuentro con Jesús. En la VC hay Espíritu cuando hay entrañas que se conmueven y lágrimas solidarias; cuando se da la corresponsabilidad.

 

La memoria y la profecía de los 50 años de la CLAR y del Vaticano II en el Continente

La CLAR es heredera de una forma de ser y se ha dejado conducir siempre por la Palabra. Sabe que sólo desde la comunión se construye. Pero también es consciente de que no puede renunciar a su mística profética.

En sus cincuenta años de camino la VC latinoamericana y caribeña quiere ser fiel al impulso recibido por el Concilio Vaticano II en comunión con los obispos, y tiene su misión propia: ser la conciencia crítica de la Iglesia y de la sociedad. “¡No renuncien a la profecía!” nos dijo nuestro querido Papa Francisco. “¡Salgan!”, “¡Despierten al mundo!”. Sólo desde la fascinación por Jesús y desde la vida entregada en gratuidad la VC vivirá para lo que ha sido llamada. El Icono de Betania nos confirma en la herencia místico profética, discipular y misionera, que hemos recibido.

 

CONCLUSIÓN

Como la comunidad de Betania, la VC también pasa por situaciones que necesitan ser resucitadas. Nuestros cansancios, nuestra falta de vitalidad, el aburguesamiento y nuestras utopías debilitadas, pueden ser resucitadas por Jesús8.

La minoridad que estamos viviendo, el camino de reconfiguración, nuestra preocupación por la formación de las NG desde un proyecto alternativo de sociedad, de Iglesia y de VC, son oportunidades desde las cuales se puede desatar un dinamismo místico-profético que revolucione a la VC y la lleve hacia horizontes de novedad.

“Sí, Señor, yo creo” Jn 11,27), creo en que Tú estás en medio de nosotras y nosotros, en  las Nuevas Generaciones que como vino nuevo confrontan nuestros actuales odres, y nuestras generaciones mayores que son nuestra herencia, porque heredemos de ellas y ellos su fidelidad, su pasión, su felicidad, su fecundidad. En Betania, casa de encuentro, comunidad de amor y corazón de humanidad, necesitamos resucitar en comunión;  al mismo tiempo necesitamos saber esperar en comunión. María, nuestra Madre, conoce bien de estos ritmos de espera: “por su fe ve nacer el futuro nuevo y espera con esperanza el mañana de Dios…”9. La VC espera en este “mañana de Dios” y mientras tanto en el presente, quiere dejarse resucitar, como Lázaro, por el Espíritu;  porque la vida nueva, “la nueva primavera le llegará… gracias al impulso del Espíritu”10, gracias a un nuevo Pentecostés.


1 MACCISE, Camilo, En el invierno Eclesial. Memorias de un carmelita profeta. Ed. Debate, México, 2015, pág. 424: En la espiritualidad latinoamericana se busca una síntesis entre contemplación y acción, entre oración y compromiso con los hermanos, entre oración personal y oración litúrgica. Se trata de tener una mirada contemplativa que lleve a la oración la vida de cada día. Los tiempos dedicados a la oración van abriendo a una visión contemplativa de la realidad que descubre en todo a Dios. Se trata de llegar a ser contemplativos en la oración y en el compromiso de una evangelización liberadora”.

2 PAPA FRANCISCO, A la Asamblea Plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. 27 nov. 2014.

Cf. Audiencia privada del Papa Francisco a la Presidencia de la CLAR, 6 de junio de 2013.

4 GARCÍA PAREDES José Cristo Rey, Cómplices del Espíritu. El nuevo paradigma de la Misión, Publicaciones Claretianas, Madrid 2014, pág. 199.

5 Expresión de Mons. Pier Juvinville.

6 VC 22.

8 Cf.:  MACCISE, Camilo, En el Invierno Eclesial. Memorias de un carmelita profeta, Ed. Debate, México 2015, p.412.

9 PAPA FRANCISCO, 21 de nov. 2013, Benedictinas camaldunenses.

10 P. JOSE MÁRÍA ARNAIZ, Radiografía y propuesta de la Vida Consagrada, Conferencia a los Obispos de Chile sobre Vida Consagrada.

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“…Escutemos a Deus”
Hermenêutica do Ícone de Betânia, Horizonte Inspirador da CLAR

Irmã Mercedes Leticia Casas Sánchez, FSpS
Presidente da CLAR -  CONGRESSO DA VIDA CONSAGRADA - Bogotá, Colômbia, 18 a 21 de junho de 2015

 

INTRODUÇÃO

Do Ícone de Betânia, que fundamenta o Horizonte Inspirador da CLAR (Jo 11, 1-57;12,8), se desprendem nossas convicções. Alguns consideram que as convicções são para os pequenos, para seres limitados que precisam limitar-se.  Mas o apóstolo São Tiago nos faz entender que uma pessoa sem convicções “é semelhante à onda do mar que é arrastada pelo vento e lançada de uma parte à outra”. (Tg 1,6).
Apoiamo-nos nas convicções, sobretudo, nos momentos difíceis, ou quando é preciso tomar decisões, porque elas são como um farol que nos orienta. As convicções da CLAR são seus valores, seus compromissos e suas motivações evangélicas. Estamos conscientes de que como VC podemos ter, neste momento, convicções fortes sobre coisas que agora não mais respondem aos clamores de Deus, na vida, e que precisamos reformulá-las com fidelidade criativa, de acordo com nossos carismas e os sinais dos tempos e lugares. Desde já, como VC, temos convicções que são tão óbvias que não teríamos por que acentuá-las. Mas como bem sabemos, é preciso afirmar o óbvio porque, exatamente por ser tão óbvio, o consideramos evidente e não o tomamos como referência.
Seria preciso escutar mais essas convicções ao longo de toda nossa VC, dar-nos tempo para isso e reformulá-las de acordo com o que o Espirito nos vá dizendo pelo caminho. Pode ser que, quando não escutamos com frequência nossas convicções, elas se convertam em clamores que, no fundo, expressam o gemido do Espírito que clama dentro da VC, para que seja o que está chamada a ser: mística e profecia, ternura, consolo e alarme que adverte a humanidade.

Neste momento, a VC precisa dar um salto de qualidade, rumo a uma VC nova, ressuscitada. Talvez demos um salto modesto, humilde; ou quem sabe, conseguiremos dar algum mais significativo. Mas é preciso dá-lo, sem dúvida. É preciso fazer com que passe o que o Espírito Santo e nós queremos que passe.

 

Nossas convicções

A Palavra de Deus é o eixo transversal da Vida Consagrada na formação, na espiritualidade, na comunhão e na missão.

 A VC vive da Palavra de Deus. Na medida em que essa Palavra estiver no centro de nosso coração, de nossas comunidades e de nossa missão, realizará uma transformação ou Cristo-conformação. A Palavra de Deus cruza, atravessa todas as dimensões de nossa consagração.

A partir de nosso Ícone de Betânia, Marta, Maria e Lázaro no-lo recordam: é preciso viver da Palavra e a partir da Palavra; ela nos leva ao encontro de nossa interioridade, espaço habitado, onde se alimentam o amor, o encontro, a entrega, a gratuidade, a comunhão; interioridade tocada pela Palavra do Mestre, por sua voz. Marta dirige-se a Maria, sua irmã, e lhe diz ao ouvido: “O Mestre está aí e te chama!” Esta, ouvindo isto, ergueu-se logo e foi ao seu encontro ... Os judeus que estavam com Maria, consolando-a, viram-na levantar-se rapidamente e sair, acompanharam-na, julgando que fosse ao sepulcro para aí chorar” (Jo 11, 28-31). Somente a voz do Mestre que nos chama, como a Maria, pode levantar-nos para ir a seu encontro; somente a voz de Jesus pode dar-nos a prontidão para sair de nosso ensimesmamento que, às vezes, “nos deixa em casa”; para sair do desespero e correr ao encontro da vida, e sair com rumo, com horizonte.

A transversalidade da Palavra de Deus supõe para a VC a realização da experiência de Deus, no cotidiano, mesmo no meio de tarefas que nos absorvem. Podemos desligar-nos da Palavra e não olhar para nosso centro, para o que nos reforça a vida. Podemos salvar-nos da mediocridade e do imobilismo, na medida em que vivemos a partir do profundo, da escuta, saboreando a vida por dentro, “ruminando-a”, entesourando-a no coração. Vivemos muitas vezes distraídos/as da Palavra que se pronuncia de tantos modos e se escuta somente no silêncio do coração.
A VC não pode privar-se de uma experiência interior intensa, de uma espiritualidade profunda que se deixa captar pelo Mistério manifestado na Palavra que é Jesus. Reservar espaços para a escuta, para a oração explícita, isto é, querida, preparada, esperada, sofrida, prolongada, de modo que nos “treinemos” na escuta da voz do Mestre que nos chama nas distintas realidades da vida: em suas mensagens, nas e nos amigos, nas mortes, na história. Uma das maiores batalhas da vida é a oração, colocar-nos frente à Palavra. Quantas vezes nos vence o ativismo e perdemos de vista nossas prioridades, desvinculamo-nos do gratuito da vida, do saber “perder o tempo” no essencial. Deixamo-nos conduzir no cotidiano da Palavra? Deixamo-nos conduzir, mistagogicamente, por Ela e converter-nos em mistagogas/os das Irmãs e dos Irmãos, místicos/as “de olhos abertos” (J.B. Metz)?

Marta, se expressa diante da Palavra-Jesus com espontaneidade confiante. Não esconde sua desilusão ante a ausência de Jesus, tampouco espiritualiza a dor. Neste momento, é “a irmã do morto” (v. 39) que fala: “Se tivesses estado aqui...” Diante da Palavra afloram nossos sentimentos mais profundos, nossas reações mais humanas, mundanas, se põem em evidência. Precisamos expor-nos mais ante a Palavra, manifestar o que experimentamos nesse momento, enquanto VC. Temos medo de nossa crise, de dizer que estamos passando por duro inverno; custa-nos admitir que somos – como Marta – as irmãs/ãos do morto, ou ao menos do enfermo; a VC sabe que, na medida em que reconhece sua realidade crua e dura, com suas luzes e sombras, nessa medida começa seu caminho de transformação. A verdadeira transformação não se dá sem antes reconhecer o limite, a dificuldade, os dinamismos de morte bem como os dinamismos de vida, que já estão presentes na VC e vão abrindo horizontes de novidade, na medida em que tomamos decisões místicas e audazes. Quando Marta diz a Jesus: “Se tivesses estado aqui, não teria morrido meu irmão”, ela confirma, por uma parte, o reconhecimento de que, quando Jesus não está no centro da vida e da comunidade, vêm a doença e a morte; e, por outra parte, nossa convicção de que, somente quando Jesus está no centro da vida e da comunidade, temos vida e avançamos.

A Palavra também nos introduz num diálogo comunitário, em discernimento, de modo especial quando fazemos a Lectio Divina. E a leitura mística do texto, uma participação do Espírito de Deus para que aprendamos o que Ele nos deseja dizer. Para isso, é preciso tomar tempo, “dois dias” (Jo11,6) que podem significar horas, dias, meses, antes de querer dar respostas imediatas a seus convites. A oração nos dá “capacidade de paciência” e, ao mesmo tempo, “o sentido do insuportável” que nos urge a dar respostas audazes, a partir da comunhão. É uma oração que passa, primeiro, pelo próprio coração e, depois, é partilhada com as irmãs e os irmãos. Sentimo-nos acompanhadas/os em nossas decisões e diminui nosso medo normal de ‘tropeçar’, pois quem vê a Luz, diz Jesus, não tropeça (11,9).

Diz-nos o Instrumento de Trabalho do Congresso que fizemos leituras da realidade da VC, às vezes, muito espiritualizadas. Com Jesus é preciso falar com franqueza e, ao mesmo tempo, com humildade. O “se tivesses estado aqui”... não é só uma repreensão a Jesus, mas uma primeira profissão de fé, no subjuntivo, um reconhecimento de que, quando Ele não está no meio da comunidade, então tudo adoece e morre; não há quem assista a comunidade. Lázaro ou Eleazar é “aquele por quem Deus provê”. A VC sabe que somente tendo Jesus, Palavra do Pai, no centro, permitindo que atravesse nossos dias e nossas noites, haverá vida, frescor, ambientes comunitários e eclesiais sadios, humanizadores e humanizantes. Buscar tempos gostosos e reservados com ilusão para rezar a Palavra, para confrontá-la no coração, partilhá-la entre irmãs/ãos, de maneira que ilumine nossa vida, a confronte e lance para frente1.
A Palavra nos sensibiliza para escutar as mensagens que a realidade nos envia. Põe-nos em atitude de contemplação, que permite um olhar que vai além dos fatos: “Esta enfermidade não é de morte” (Jo 11,4). Diz o Papa Francisco: “Digam aos novos membros que rezar não é perder tempo, que adorar a Deus e louvá-lo não é perder tempo. Se nós, consagrados, não nos detemos cada dia, diante de Deus, na gratuidade da oração, o vinho se converterá em vinagre.”2

Esta Palavra promove processos de fé no coração, na comunidade e na missão. É um caminho mistagógico no qual, pouco a pouco, vamos passando da desesperança ... – “se tivesses estado aqui ...” – à fé plena: “Sim Senhor, eu sei que tu és o Cristo, o Filho de Deus, aquele que devia vir ao mundo” (11,27), como sucede com Marta e Maria.
Quanto vivemos nós, a partir da Palavra, com seus critérios e sua luz? A Palavra é lâmpada para nossos passos e luz em nosso caminho? Reconhecemos que a Palavra nos vem ao encontro de mil modos? Como VC, nos reconhecemos e sentimos discípulas/os: desaprendendo para aprender da Palavra? A VC é uma vida que se ajoelha aos pés de JHS e está atenta para não ficar sentada aos pés de suas próprias ideias, certezas e obstinações?
  A centralidade da Palavra harmoniza Maria e Marta, e harmoniza a nós como VC, porque vivemos a partir do centro, Jesus. Uma vida assim centrada se torna mais humana e humaniza. Por que temos a impressão de que há um certo estilo de VC pouco calorosa, onde faltam expressões tão simples e humanas com dizer “posso”?, “muito obrigado!” e “perdão”? A falta de humanidade e de humanização não corresponderá à falta de centralidade na Palavra encarnada que, ao tocar-nos, nos humaniza?

 

A escuta autêntica permite acolher os clamores da vida, em especial, entre os pobres e as novas gerações.

A escuta atenta da Palavra sensibiliza-nos o ouvido, ante os mensageiros que a vida nos envia, a realidade que amamos: “Senhor, aquele que tu amas está doente” (Jo, 11,3).
“O Evangelho é um fogo que nos queima a tranquilidade. Não se pode ser cristão e suportar a injustiça de boca fechada. Jesus diz no Evangelho que Ele nos haverá de julgar, no último dia, pelo que tivermos feito a nossos irmãos mais pobres e oprimidos”, diz Dom Pedro Casaldáliga.
Escutar a Palavra com autenticidade nos faz entrar em espaços para, comunitariamente, discernir o que fazer, que passos dar e quando dá-los. Jesus, ante a notícia da doença de seu amigo, parece reagir com certa lentidão. Ante nossa pressa, presente já no Antigo Testamento – “Senhor, dá-te pressa em me socorrer” – Jesus reage em ritmo ilógico. A Palavra nos mostra os ritmos com que é preciso responder, ante os chamados e as urgências que as pessoas e a própria vida nos fazem. Vivemos com muita pressa. Necessitamos sentar-nos e dar-nos tempo para escutar, nela, (na pressa) o que o Espírito nos diz: escutar para em seguida olhar, isto é, discernir o que convém, o que é melhor... e depois, decidir, colocar-se em caminho com presteza.
Na comunidade de Betânia está presente o “sem-sentido”, através da enfermidade e a morte de Lázaro. Enquanto VC, talvez, vivemos momentos de “sem-sentido” nos quais precisamos retomar o sentido de nossa vida. Precisamos escutar os clamores que estão dentro de nossas comunidades, especialmente no coração das Novas Gerações (NG). Necessitamos recuperar o sentido da espera, da lentidão, dos diálogos comunitários, nos quais não nos condicione o relógio. Às vezes dizemos que as NG estão mais voltadas para fora do que para dentro de suas comunidades; isso pode ser real. No entanto, também pode sugerir-nos o pensamento: Será que nos encontram sempre tão ocupados, com a agenda cheia, correndo depressa para a pastoral, ou esmagados pelo cansaço que nos torna insuportáveis? Será que encontram mais calor humano, mais emulação, fora de nossas casas do que dentro?
Precisamos escutar mais os nossos próprios ‘sem-sentidos’, por exemplo, em relação aos votos. Têm eles, para as Novas Gerações, o mesmo sentido que têm para nós, mais antigos? Uma releitura dos votos, uma ressignificação dos mesmos, é bem-vinda para todas e todos, se queremos compreender-nos, mutuamente, se desejamos viver em comunhão a partir do carisma e na missão, hoje.
Acompanhar as NG, neste momento pascal da VC, é urgente. Ingressar na VC já não é relevante para muitos, constatar a diminuição numérica e o envelhecimento, submergir na vertigem do ativismo pastoral, não dispor de tempo para o gratuito, para o belo, para o descanso comunitário, supõe corações fortes que, não somente se sintam acompanhados, mas compartilhem suas “visões” e o modo de ver nosso presente e nosso futuro; e supõe que partilhemos com eles nossas utopias e sonhos, tomemos decisões ousadas, proféticas, evangélicas que devolvam o sentido da vida e da alegria. “Teus filhos e tuas filhas profetizarão; teus anciãos terão sonhos e teus jovens terão visões” (Jl, 3,1b) diz o profeta. É urgente dar novo espaço, em nossas comunidades, à utopia, à fantasia do Espírito “que foi derramado sobre toda carne” (Jl 3,1ª; Rm 5,5).

 

O rosto de Cristo no rosto dos pobres

“Pobres sempre os terão” (Jo 12,8), não como peso, mas como nosso tesouro. Dizia um Padres da Igreja: “Os pobres são o tesouro da Igreja”. Eles são nossos senhores, são Jesus: “O que fizerdes a um desses meus irmãos, os mais pequenos, a mim o fizestes” (Mt 25,40). A VC empreende um novo êxodo, a ser vivido entre os mais simples, a partir deles, por eles, seja qual for seu carisma ou campo de apostolado. O que conta é “a partir de onde” nós vivemos. Um pé colocado na Palavra de Deus e outro, colocado na realidade, especialmente, de nossos irmãos mais pobres.
É preciso sair com toda pressa ao encontro dos pobres, mas não sem discernimento. Em alguns momentos, talvez, nossa saída poderá parecer assistencialista, pois, nem sempre se aprende a pescar, rapidamente..., mas, sem dúvida, “é preciso ir às causas” como disse o Papa Francisco à CLAR3, e exercer nossa dimensão profética, sendo a consciência viva da Igreja e da sociedade.

A VC quer estar ali, onde se joga a vida; sair de nossas comodidades onde ninguém no molesta; sair de nossos aburguesamentos justificados, do mundanismo que nos arma ciladas, pois queremos tocar a carne de Cristo e ser tocados por ela; queremos ter o odor de Cristo, da luta cotidiana, dos ônibus, do metrô, da cidade Bolívar, das favelas, dos cinturões de miséria; queremos também trazer o cheiro dessas outras marginalidades com que nos encontramos nas cidades, nas universidades, nos hospitais, nos subúrbios, em nossas pastorais. Os pobres sempre tê-los-emos conosco, e como VC queremos investir a vida ali, com eles, aprendendo deles sua confiança no amor providente de Deus, sua gratuidade, sua capacidade de ser felizes, vivendo com tão pouco, talvez porque seu segredo está na partilha. A partir disso poderíamos ressignificar nosso voto de pobreza.

A verdadeira renovação da VC passa por uma renovada opção evangélica pelos pobres. No-lo confirmaram Aparecida e o Papa Francisco. Uma VC que escolhe viver o “lado pobre da vida”, o lado simples, que opta por estar onde ninguém nos observa. A VC está refazendo seus passos rumo à encarnação e à inserção, porque está convencida de que “sempre teremos os pobres conosco” e, por isso, nos cabe acompanhá-los e deixar-nos evangelizar sempre por eles, sustentar sua esperança, consolá-los nas tribulações. Marta disse ao ouvido de Maria: “O Mestre está aí e te chama” (Jo 11,28).  A VC diz a essas realidades de pobreza e marginalidade que Ele está aí, e é capaz de transformar os dinamismos de morte, de injustiça e de violência, em dinamismos de vida e Vida em abundância, porque Ele é a Ressurreição e a Vida.

 

A unidade e a diversidade pelas categorias de gênero que refletem nesse Ícone as duas mulheres, com seu protagonismo, e os vários homens, com sua passividade.

Betânia é uma comunidade cristã que tem como protagonistas duas mulheres, Marta e Maria. Chama a atenção a pouca ação dos homens, nesse texto. Certamente terão ajudado a remover a pedra. Lázaro está doente, ou segundo Jesus, está dormindo ou definitivamente morto. Quando sai do túmulo necessita que lhe removam a pedra e as vendas. No fim de nosso Ícone, no banquete de Betânia está sentado ao lado de Jesus. Os outros homens do texto, exceto os discípulos, passam o tempo falando de mortes. Lázaro é irmão de Maria e Marta e em dado momento, o evangelista até se esquece do nome e o identifica como “o morto”. São João quer nos dizer alguma coisa. Provavelmente está falando de uma comunidade concreta, onde houve um salto qualitativo, onde as mulheres têm espaço, foram confirmadas por Jesus; umas mulheres davam exemplo do serviço de discipulado, de diaconia. É significativo que nessa família de amigos de Jesus, há apenas irmãos; não há um pai ou uma mãe. Jesus preside como o irmão maior, pois quem é o Pai, ali é o Abbá de Jesus: “Não chameis ninguém de Pai, porque um só é vosso Pai celestial. ” (Mt 23,9).

A VC feminina vai tendo um papel cada vez mais significativo, na medida em que se vive a partir da mística profética da diaconia e da contemplação. Não só porque é maioria, mas porque com ternura, alegria e paz cuida da vida, e também com ousadia, audácia e corresponsabilidade. O contexto da ressurreição de Lázaro está protegido pelo amor de duas mulheres, suas irmãs. A mulher tem a capacidade de propiciar espaços de ressurreição, para permitir que apareça a vida; as mulheres neste ícone, são as que confrontam a ausência de Jesus, evidenciam-na, e são as primeiras a dar lugar à fé – “Sim, Senhor; eu creio” (Jo 11,27) – que Jesus provoca com sua dupla pergunta: “Marta, crês isto?” (Jo 11, 26.40).
Com este protagonismo, percebe-se na cena de Betânia a profunda comunhão que ocorre a partir da igualdade na diversidade. Todas e todos irmãos, com diferentes ministérios.
Necessitamos de uma Igreja com mulheres e homens consagrados, buscando caminhos juntos, no diálogo sincero, fraterno assertivo, dizendo a verdade no amor e com humildade para aceitar os erros e mesmo para seguir adiante. Na Igreja, Povo de Deus, não deveria haver “ouvintes”, mas todas e todos participando, construindo o Reino. Por que ainda em alguns espaços eclesiais a VC feminina e a dos religiosos irmãos está presente apenas como “ouvinte”? Que tal se fossem abertos espaços mais proféticos, inclusivos, contraculturais para a própria Igreja, e nos escutássemos sentadas e sentados à mesma mesa? E o que dizer da participação leiga?

Na medida em que a VC despertar todo seu potencial feminino, sua “anima” será mais fecunda. A ternura, o consolo, o cuidado das pessoas, da mãe terra, a audácia e a fortaleza são aspectos muito femininos que correspondem não apenas à mulher, mas ao feminino que vinculamos com a Ruah divina, o Espírito de Deus que concede os carismas e cuida da unidade.

Necessitamos de uma VC mais pneumatizada, cheia do Espírito. Necessitamos de novo Pentecostes para ressuscitar e encher-nos com um fogo novo que acenda outros fogos.

Cada vez necessitamos mais uns dos outros. O Concílio vaticano II nos abriu um panorama novo de Igreja, Povo de Deus, Povo Sacerdotal, no qual “cada qual com seu tamborete tem um lugar e uma missão”, como cantamos na beatificação de Dom Romero, em El Salvador. Isso a transforma e Igreja de comunhão. Uma VC apenas tem razão de ser quando se reconhece vinculada com, pertença de...; quando caminha junto de seus pastores, junto de suas irmãs e irmãos, mas a partir de sua identidade própria: sua missão místico-profética. Essa comunhão somente se dá, graças ao Espírito, na riqueza da diversidade dos carismas e ministérios. Comunhão que está bem representada na mesa de Betânia, onde estão sentados todos iguais, com Jesus, e tendo somente a Deus como Pai, e aos demais como irmãos.

Comunhão onde se dá também o protagonismo do serviço, da “atenção concreta”, da diaconia que não é servilismo, mas expressão da ternura própria da mulher representada em Marta, que serve o alimento, parte e reparte-o entre os convidados, e agora o abençoa no silêncio feito ternura e alegria, sem censuras... Comunhão eucarística que já não é autorreferencial porque a Vida está colocada no seu centro, e essa Vida é Jesus. Betânia nos ensina a ser comunidades eucarísticas.

Maria de Betânia participa dessa comunhão com a unção (cf. Jo 12,3). Fala-nos de uma VC que unge com ternura e se lança a fazer gestos audazes, gestos proféticos que deixam ver o desmesurado, o excesso, o exagero, o “sem medida” do amor. A VC, hoje, está chamada a testemunhar essa comunhão a tempo e contratempo tanto em nossas comunidades como na missão mais remota.

Marta e Maria nos ensinam que a comunhão se constrói com o serviço e a unção; serviço que implica em viver nosso protagonismo evangélico, fiéis a nossos carismas, atentas/os à realidade; serviço que não busca o primeiro lugar, que se sente melhor a partir do segundo, que não busca o reconhecimento nem a aprovação, mas “aguenta” a não relevância; serviço que é capaz de dialogar com Jesus, face a face, e dizer-lhe suas expectativas, suas dúvidas, até chegar à comunhão que crê: “Sim, Senhor; eu creio!”

 

O ‘ressignificado’ simbólico da Vida Consagrada

Uma VC nova é possível e urgente. Quais serão os odres novos para o vinho novo? Podemos perguntar-nos: Diante da cultura global, neoliberal, que trata de impor-se por toda parte, a VC tem palavras ou gestos proféticos a propor? ”4 Esse ícone de Betânia está repleto de uma simbologia que nos motiva e questiona. Temos pedras a mover, estruturas a simplificar. Não podemos seguir adiante do mesmo modo!

Marta nos recorda que a VC é uma vocação de serviço à comunidade humana, pela gratuidade e a fascinação por Jesus. Maria expressa o excesso e a gratuidade do amor que se derrama sem mais. Não é moda ungir os pés, e se há alguém que o faça, e certamente há os e as que o façam, mas nunca será publicado nos jornais. Marta e Maria atuam por fascínio, por enamoramento, por amor apaixonado, audaz, profético. A VC ou atua por esse amor ou apenas funciona bem, e às vezes não tanto.

O perfume derramado por Maria é um convite a esparzir o bom odor do Espírito, o perfume da gratuidade e da alegria. A beleza é inútil. Como inútil são os amanheceres e os entardeceres... Malbaratar o perfume da vida no serviço amoroso, ungir os pés que depois vão encher-se de pó e serão crucificados, é inútil... A partir daqui poderíamos ressignificar nosso voto de castidade.

Quando a VC reconhece, com humilde atitude sua realidade de dormição, enfermidade ou morte... em que está sumida, gera um dinamismo pascal e transformador. Sabemos que é preciso despertar para despertar o mundo.

O reconhecimento de nossa realidade, dos clamores próprios, não se faz sempre com o sorriso nos lábios, mas, sim, com a lâmpada da fé acesa e com a esperança. Pois, sabemos “que Deus intervém em tudo para nosso bem” (Rm 8,28) e que os invernos não acabam com a vida, pelo contrário a protegem, guardam, contêm, até que irrompa na primavera. Marta, não duvida dizer a Jesus que seu irmão está enfermo, que lhe falta sua presença. Reconhecer que temos enfermidades como a falta de alegria, o apego a nossas obras, o considerar-nos salvadoras/es de humanidade, o fechamento em nós mesmas/os, comunidades enfermas com patologias egocêntricas, anemia espiritual, onde, às vezes, o ego predomina sobre a comunidade, não é bonito mas pode ser regenerador de verdadeira conversão à Vida, à Ressurreição; de uma VC que recupera humanidade e calor interior e exterior.

É sabido que ninguém cresce apenas no sentido negativo, mas reconhecer nossos adormecimentos e enfermidades supõe uma atitude humilde, que nos faz bem tê-la, e Deus abençoa a humildade: “um coração contrito Senhor, Tu não desprezas” (Sl 50,19). O importante é crer nisso. Jesus pergunta duas vezes a Marta: “Crês isso? ” (11,26), “Não te disse que se crês...? ” (11,40) e a pergunta é a mesma para a VC, neste Congresso: “VC, crês nisso? Crês que, mesmo que ainda estejas dormitando, enferma ou moribunda, viverás, ressuscitarás, terás vida nova? ” E nossa convicção, como a de Marta, é a de passar de um “já sei” (Jo 11,24) a um “Sim, senhor; eu creio” (Jo 11,27); creio que somente com a Fé em Cristo Ressuscitado se despertarão e ressuscitarão aqueles aspectos que nos enfermaram (contaminaram) com o passar dos anos; despertará também nossa ousadia para tomar decisões que assinalem novo rumo à nossa consagração e missão.
Somente a fascinação por Jesus e a paixão pela humanidade mantêm com vida e com sentido as vidas enamoradas, centradas em Deus, irradiando alegria e gerando paz. Rostos menos azedos e mais esperançosos. Não são as rugas ou os cabelos brancos que afugentam as pessoas; mas os olhares tristes, enfermos e moribundos; ou os gestos dominantes, as posturas rígidas e desumanizadoras. A VC centrada em Jesus produz mulheres e homens fascinantes e encantadores. Aqui se joga grande parte da fecundidade vocacional.

VC assim, com paixão, remove e alivia estruturas. Na medida em que nos liberarmos, tirarmos a pedra, deixaremos que o Espírito flua mais. “Saiam!”, disse o Papa Francisco à CLAR... Não permaneças em tuas mortes, em tuas crises, em teu inverno, porque há vida pela frente. Decide-te por um presente que tenha futuro e sonha um futuro que configure e encha de vida e de alegria teu presente. A vida se encontra na entrega, na saída missionária. “Vem para fora!” Não importa a idade, o lugar, a doença.

A formação que insiste na saída nos faz bem e falta muito. Algumas/uns jovens vêm à VC com medo de sair; quereriam um refúgio depois de viver tão desprevenidos numa sociedade tão líquida. Mas é preciso ajudá-los a se encaminharem, a entrarem na via da entrega, da gratuidade. Quando as NG saboreiam o caminho da radicalidade e o gozo do amor feito serviço aos pobres, aos novos rostos de pobreza; quando veem uma VC “compadecida”5 (que se compadece), são capazes de grandes coisas, e com sua criatividade, fantasia e coragem, empurram a VC para novos horizontes.

Consagradas e consagrados não temos medo de envelhecer, a dar a vida até o último suspiro, onde e como quer que estejamos. A VC em saída implica na obediência à voz do Espírito. Lázaro, morto, escutou a voz recriadora do Espírito, em Jesus, e sai para reconstruir a comunidade a partir da centralidade de Deus. A partir de aqui poderíamos ressignificar nosso voto de obediência.

Sabemos, no entanto, que essa saída missionária vai acompanhada de atitudes novas, pois não gostamos de sair perdendo o poder, mas aceitamos sair quando na perspectiva do serviço; assim também não aceitamos de sair se nos apegamos à atitude de quem ensina, mas aceitamos partir se sabemos aprender junto com os irmãos/ãs; não aceitamos a saída se isso compromete o prestígio, mas a saída é aceita se cultivamos a convicção de que não contamos muito; será difícil se contamos com o apoio dos grandes da terra, e a saída será tranquila se nos soubermos apoiados na acolhida dos mais pequenos.

Nossa VC quer viver a nova profecia da pequenez, que é a profecia do Reino descrito por Jesus com imagens como a do grão de mostarda, o fermento na massa, a pérola escondida, etc. ...
 
Convence-nos uma VC mais simples, mais semelhante ao comum dos cristãos, dado que – como disse nosso querido Papa Francisco –, todos somos chamados a viver o seguimento radical de Cristo. O próprio da VC, sua identidade, é o que se deixa ver em seus olhos, em seus gestos simbólicos, proféticos e evangélicos que, com ou sem hábito, a tornam “memória viva do modo de existir e de atuar de Jesus”6, e assim desperta o mundo.

Marta, sai ao encontro de Jesus, neste ícone de Betânia. No fim deste capítulo doze de São João, o apresenta sem reclamos, com atitude diferente daquela que nos mostrava S. Lucas, quando ela se queixava de sua irmã por não ajudá-la em nada. Marta, também alcançada pela ressurreição de Lázaro, serve com amor despojado de protagonismo, cheio de gratuidade, ou com protagonismo místico e profético. Maria unge os pés com perfume valiosíssimo, o de sua própria vida; o perfume da adoração, do amor apaixonado por Jesus... Atitudes que enchem a casa da VC e da humanidade com o bom olor do amor e da bondade, com atitudes que humanizam, oferecem alívio aos pés cansados. Uma VC como a de Maria que já consegue ver nos pés de suas irmãs/ãos um sinal das chagas do Crucificado. E o cabelo com que enxuga seus pés... Maria relativiza sua beleza, representada em sua bela cabeleira, pondo-a ao serviço de Jesus; passa do cuidado próprio à teologia do cuidado dos demais. Nossos gestos deveriam ser sinal de uma VC que unge e seca os pés da humanidade, e esta é sua verdadeira beleza.
Uma VC que desamarra vendas, as próprias e as alheias. Lázaro estava atado de pés e mãos; como pôde sair do túmulo assim, talvez dando um único salto, pois não podia caminhar devido às ataduras. A voz de Jesus, do Amigo Amado, do qual, talvez, se tinha desligado por algum tempo... Essa Voz deu-lhe asas, porque o amor as dá: “A voz de meu amado” (CC 2,8). “Nas cavernas rochosas e nos esconderijos, deixa que olhe teu rosto e escute tua voz!” (CC 2,14). “Levanta-te, amiga minha, formosa minha e vem!” (CC 2,13). Mas necessitou da ajuda dos que ali estavam, para soltar-se e andar, ver, abraçar novamente a vida e caminhar com a liberdade do Espírito. Mas, não podemos fazer isso na soledade. Necessitamo-nos mutuamente. A intercongregacionalidade é também um chamado que o Espírito, hoje, nos faz; o fortalecer vínculos, criar redes de solidariedade, de compaixão, de presença místico-profética.

Na medida em que como VC caminharmos com a liberdade do Espírito, iremos mais longe, mas será preciso deixar que nos desatem os medos, as seguranças; será preciso saber soltar e viver mais pneumatizadas/os (espiritualizados).
O que Jesus fez com Lázaro foi uma pneumaterapia. A VC necessita passar por esse tratamento: submeter-nos a uma séria pneumaterapia que nos ressuscite, encha nossa vida de paixão e de fogo, de palavras e gestos proféticos; nos ponha “luz no olhar, profecia nos lábios e fogo no coração”7. Somente o Espírito Santo dá essa terapia.

Em Betânia não se fala explicitamente do Espírito. Jesus e o Pai parecem ser os protagonistas da Ressurreição. Mas estão presentes as lágrimas de Jesus e suas entranhas, rahamin, que se comovem; está o Amor circulando entre os amigos. Em Betânia, o Espírito Santo não aparece em forma de pomba ou de vento, mas se faz presente – como dizemos no Credo – como “Senhor e Doador da Vida”, como a Mãe que realiza um novo parto, como o seio de Deus Pai e Mãe que se comove nas entranhas, ante uma comunidade amada, muito amada por Deus, mas que caíra na rotina, na desesperança e na autorreferência. As vendas que cobriam e atavam a Lázaro (Jo 11,44), são como o antitipo do Espírito que, “com laços de ternura” (Os 11,4), atrai novamente a comunidade ao encontro com Jesus. Na VC há Espírito, quando há lágrimas solidárias e entranhas que se comovem, quando existe corresponsabilidade.
 

 

A memória e a profecia dos 50 anos da CLAR e do Vaticano II no Continente

A CLAR é herdeira de uma forma de ser e sempre se deixou conduzir pela Palavra. Sabe que somente se constrói a partir da comunhão. Mas também está consciente de que não pode renunciar à sua mística profética.
Em seus cinquenta anos de caminho, a VC latino-americana e caribenha quer ser fiel ao impulso recebido do Concílio Vaticano II, em comunhão com os bispos, e tem sua missão própria: ser a consciência crítica da Igreja e da sociedade. “Não renunciem à profecia! ” disse nosso querido Papa Francisco. “Saiam. Despertem o mundo!” Somente com a fascínio por Jesus e pela vida entregue com gratuidade, a VC vai viver para os objetivos a que foi chamada. O ícone de Betânia nos confirma na herança místico-profética, discipular e missionária que recebemos.

 

CONCLUSÃO

Como a comunidade de Betânia, a VC também passa por situações que precisam ser ressuscitadas. Nossos cansaços, nossa falta de vitalidade, o aburguesamento e nossas utopias enfraquecidas, podem ser ressuscitadas por Jesus8.

A minoridade que estamos vivendo, o caminho de reconfiguração, nossa preocupação com a formação das NG, a partir do projeto alternativo de sociedade, de Igreja e de VC, são oportunidades que podem liberar um dinamismo místico-profético que revolucione a VC e a leve a horizontes de novidade.

“Sim, Senhor, eu creio” (Jo 11,27), creio que Tu estás entre nós, nas Novas Gerações que, qual vinho novo, confrontam nossos odres atuais e nossas gerações idosas que são nossa herança, porque delas herdamos sua fidelidade, sua paixão, sua felicidade, sua fecundidade. Em Betânia, casa de encontro, comunidade de amor e coração de humanidade, necessitamos ressuscitar em comunhão; ao mesmo tempo, precisamos saber esperar em comunhão. Maria, nossa Mãe, conhece bem estes ritmos de espera: “por sua fé, vê nascer o futuro novo e espera confiante o amanhã de Deus...”9. A VC espera nesse “amanhã de Deus” e, entrementes, quer ser ressuscitada, como Lázaro, pelo Espírito; porque a vida nova, “a nova primavera alcançá-la-á ... graças ao impulso do Espírito”10, graças a um novo Pentecostes.


1 MACCISE, Camilo, En el invierno Eclesial. Memorias de un carmelita profeta. Ed. Debate, México, 2015, pág. 424: “Na espiritualidade latino-americana, procura-se uma síntese entre contemplação e ação, entre oração e compromisso com os Irmãos, entre oração pessoal e oração litúrgica. Trata-se de ter um olhar contemplativo que leve à oração a vida de cada dia. Os tempos dedicados à oração vão abrindo a uma visão contemplativa da realidade que descobre Deus em tudo. Trata-se de chegar a ser contemplativos na oração e no compromisso de uma evangelização libertadora”.

2 PAPA FRANCISCO, A la Asamblea Plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. 27 nov. 2014.

3 Cf. Audiencia privada del Papa Francisco a la Presidencia de la CLAR, 6 de junio de 2013.

4 GARCÍA PAREDES José Cristo Rey, Cómplices del Espíritu. El nuevo paradigma de la Misión, Publicaciones Claretianas, Madrid 2014, pág. 199.

5 Expressão de Dom Pier Juvinville.

6 VC 22.

7 Beato Papa Paulo VI.

8 Cf.:  MACCISE, Camilo, En el Invierno Eclesial. Memorias de un carmelita profeta, Ed. Debate, México 2015, p. 412.

9 PAPA FRANCISCO, 21 de nov. 2013, Benedictinas camaldulenses.

10 P. JOSE MARÍA ARNAIZ, Radiografía y propuesta de la Vida Consagrada, Conferencia a los Obispos de Chile sobre Vida Consagrada.

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