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14/11/2016: Brazil

 

entre derechos

Es vital amplificar los clamores de los pobres y de Dios en nuestra sociedad. Hay que dejar meridianamente claro que nadie –ninguna persona, ningún poder económico, político, religioso, mafioso, etc.– está legitimado para decidir quién vive y quién muere en nuestras sociedades, o qué vidas son dignas de ser lloradas y cuáles no. (Judith Butler)

Los meses de noviembre y de diciembre recogen fechas significativas que nos recuerdan derechos sociales, compromisos adquiridos de la humanidad, asignaturas pendientes y pospuestas de una necesaria reconciliación con la vida en sus diversas expresiones y devenires soñados con los que poder celebrar la plenitud de la humanidad. Son los derechos de los más pequeños, es la defensa y repulsa contra los actos de violencia y abuso contra la mujer (por el hecho de ser mujer), es el cuidado de la salud (frágil regalo de cada día), es el recuerdo de la imperiosa abolición de toda forma de esclavitud y denigración del ser humano como si de un producto mercantil y de cambio se tratase, es el reconocimiento de las múltiples capacidades de aprendizaje y de comunicación (muchas y diversas las formas y los sentidos), es la universalización de la dignidad de las personas y sus culturas (sin distinción de tierra, credo, economía o historia), es el merecido homenaje a los pequeños y necesarios gestos de transformación social que nos brindan tantas vidas voluntarias, es el reconocimiento y respaldo de los proyectos migratorios porque estamos de mudanza en un mundo cada vez más desigualado y sacudido (pero también el mundo como todo ser vivo puede sacudirse “las pulgas / a cada uno de nosotros”) … ¡Tanto por recorrer, tanto por cuidar en la fragilidad de nuestras miras y decisiones! 

“Los Derechos (y las responsabilidades que conllevan)” serán universales o no serán, expresan el legado de nuestra historia y nuestro presente por seguir construyendo y posibilitando otro mundo, otra tierra, otros espacios.

Como afirma el prólogo de la Carta de la Tierra, somos una sola familia humana y una única comunidad terrestre con un destino común. El sentido de interdependencia es hoy mucho más importante que en cualquier otro momento histórico: interdependencia con la biosfera e interdependencia con las generaciones futuras. ¡Todo está conectado, todo está interligado... nos encontramos en esta Tierra, Casa Común de Todos, que nos sustenta, nos reúne y nos cuida!

Todo el mundo tiene derecho a ser reconocido en su identidad única. Cuando ponemos el acento en la igualdad, lo hacemos sobre la premisa de que todo el mundo tiene un paquete idéntico de derechos universales. En cambio, cuando lo hacemos sobre el reconocimiento de la diferencia, lo que hacemos es afirmar que todo el mundo tiene el derecho a que su identidad sea reconocida. Podemos seguir preguntando: ¿Quién eres?, ¿quién soy?, ¿quiénes somos?

Es tiempo de cuidar, de comprometerse en esta relación de cuidadanía. La idea de cuidadanía expresa una alternativa a nuestro modelo actual más allá del concepto tradicional de ciudadanía, que pone en el centro a los “mercados” e invisibiliza y desvaloriza los procesos que hacen posible la vida, que nos sostienen cuando somos frágiles y dependientes, y que oculta nuestra interdependencia y vulnerabilidad constitutivas. La cuidadanía pone el cuidado de la vida en el centro de la vida personal y comunitaria, del análisis social, de la economía y de la política. 

Unos 530 millones de niños y niñas viven en zonas de alto riesgo de inundaciones. Casi 160 millones de niños y niñas viven en áreas en las que las sequías son severas o muy severas. 50 millones están en países en los que la mitad de la población vive con menos de 3,10 dólares al día.

Los efectos adversos del cambio climático −inundaciones, sequías, olas de calor y otros fenómenos climáticos severos− contribuyen a la propagación de enfermedades tales como desnutrición, paludismo o diarrea, que constituyen las primeras causas de mortalidad infantil. Los desastres naturales causados por el cambio climático también influyen en la educación de los niños y niñas. Por un lado, afectan a los sistemas educativos, destruyendo las escuelas. Por otro, interrumpen la continuidad educativa y provocan resultados académicos más bajos. 

Asimismo, el deterioro ambiental obliga a niños y niñas a ocuparse en tareas de subsistencia y reduce su asistencia a la escuela, a pesar de que precisamente la educación constituye una oportunidad para mitigar los efectos negativos de los problemas medioambientales y para mejorar la resiliencia de las comunidades y personas ante la degradación medioambiental. (UNICEF. Unless we act now. The impact of climate change on children, Nueva York, 2015.)

Garantizar a todas las personas su derecho a una educación de calidad a lo largo de la vida contribuye tanto a mitigar las consecuencias del deterioro ambiental y del cambio climático, como a promover un cambio cultural y de modelo de desarrollo que permita el pleno desarrollo de la humanidad en armonía con la tierra.

En medio de las enormes injusticias de todo tipo que impiden la plena realización de los derechos del ser humano, es de justicia reconocer la labor de millones de ciudadanos anónimos que construyen ese mundo mejor, que dan luz y esperanza a esta humanidad y a esta tierra cansada de sufrir. Son ellos y ellas, auténticas protagonistas de la defensa y promoción de “los derechos”, pues no existe ningún derecho si no existe, junto a tal derecho, quien acepte el reto de respetarlo, de hacerlo realidad para el bien de otros.

La Panamazonía, uno de los principales pulmones del planeta y uno de los lugares de mayor biodiversidad, es también el hogar de múltiples culturas desde hace siglos, cuya existencia e identidad están en riesgo como consecuencia del modelo predominantemente extractor y depredador impuesto por las sociedades dominantes. Los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales de la región sufren sistemáticamente la violación de sus derechos humanos (desplazamientos forzados, aniquilación, sometimiento a servidumbre, degradación de su entorno natural y pérdidas irreparables de la cultura y la paz social). La Red Eclesial Panamazónica (REPAM) asume el papel de defensor de la vida y la dignidad de los que han sido tradicionalmente más excluidos y victimizados. ¿En qué red te mueves? ¿Con quiénes vas soñando y transformando este tiempo en movimiento?

El tiempo que tenemos no es un destino,
es un camino que juntos recorremos…
sin dejar a nadie detrás, sin descartes ni desplantes.
Se vislumbran nuevos horizontes en esta tierra común.
Hoy, podemos añadir el derecho al buen vivir y al bien soñar.
Reivindicamos cada uno de los derechos,
programa de encuentro y de reconocimiento
de nuestra hermanada humanidad, sin excepción.
Nos comprometemos con ellos para que sean de todos/as;
cada día, desde el amanecer hasta el atardecer,
entonces y ahora, allí y aquí.

Con profundo silencio, con contenida indignación,
con el compromiso decidido de denunciar nuestra limitada expresión
ante el devenir de violentadas vidas
… víctimas silenciadas
… voces humilladas, desplazadas y denigradas
… relatos anónimos que solo conocen sus protagonistas y villanos.

Esas voces deben ser aupadas con esperanza e inquebrantable justicia.
Defenderé el corazón del mundo...
que habita en cada corazón que late en este mundo.
El derecho a la Vida, el derecho a Ser.
El derecho a la tierra y el derecho de la Tierra (ella también tiene sus derechos).
El derecho a saber, el derecho a reconocer.
El derecho a la libertad, el derecho a decidir.
El derecho a sentir, el derecho a disentir.
El derecho a soñar, el derecho a intentarlo.
El derecho a moverse, a cruzar y traspasar las fronteras (no sólo las geográficas).
El derecho a la risa y a la imaginación.
El derecho a la vida querida que sorprende y desborda el deseo.
El derecho a la diversidad, a la diferencia, a la identidad genuina.
El derecho a respirar limpio.
El derecho a la sencillez.
El derecho a opinar y expresarse abriendo otras alternativas.
El derecho a abrazar y a ser abrazado.
El derecho a bailar y cantar.
El derecho a equivocarse.
El derecho a todos los colores y sus distintas tonalidades.
El derecho a la dignidad y el derecho a vivir.
El derecho a pedir y acoger las oportunidades.
El derecho a celebrar.

El derecho a tener derecho...
… hoy también, juntos e iguales en derechos.

Que el buen Dios-del-encuentro (que sueña la vida en plenitud y en comunión) siga revelándose aquí-allí, entonces-ahora entre los más sencillos.

Agradecido, con corazón de madre 

(Obrigado, com coração de mãe)

_________________
Iñigo García (IO) - Comunidad internacional de Tabatinga, Amazônia (LaValla200>) - Brasil

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