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Experiencia vivida en el II curso de Animadores comunitarios en El Escorial

 

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20/06/2005: Spain

 

SegundoTodo parece diferente cuando sabes que tienes que ir confeccionando un Proyecto de Animación para los superiores/animadores de comunidad de tu provincia y el tiempo pasa y el curso va hacia su fin.
Nuestra Comunidad Internacional va caminando intentando hacer vida aquello que aquí reflexionamos y compartimos en los grupos.

En el fondo nos damos cuenta que no descubrimos grandes novedades sobre la comunidad, pero sí que se nos ha pegado el polvo del camino, que tenemos el cristalino de nuestros ojos con cataratas y que se nos ha nublado lo esencial y de la centralidad de nuestras vidas por cosas secundarias. Hay que despertar en nosotros aquello que nos enamoró de Jesús y su Evangelio y que nos llevó a consagrar nuestra vida como Hermanitos de María. Reavivar el amor de Dios en nuestras vidas, sentir la comunidad como el lugar que Él nos ofrece para vivir nuestro ser marista hoy.
Descubrimos que haciendo este camino, seremos signos elocuentes para los demás.

Nuestra vida de consagrados pasa por arraigar nuestras vidas en Dios. No podemos vivir nuestra vida marista sin fe. Tenemos que centrar nuestra vida personal y comunitaria en Aquel que es razón de nuestro compromiso:

* desde la oración personal (para cultivar el sentido de la vida, buscar el Reino de Dios, para trabajarnos la experiencia de Dios);
* desde la oración en comunidad (para compartir nuestra experiencia de Dios, para celebrar su vida en medio de nosotros);
* desde el compartir fraterno y sencillo (y donde nos demostramos que nos queremos y que nos perdonamos y nos miramos con ojos de misericordia, porque somos frágiles);
* desde el discernimiento personal (¿qué quiere Dios para mí en este momento de mi vida?);
* desde el discernimiento comunitario (¿qué nos pide Dios como comunidad, cómo queremos vivir la parábola de la fraternidad, dónde nos quiere Dios?);
recuperando el espíritu de familia, el sentido festivo en nuestras vidas y el sentirnos hijos de la casa;
* desde los encuentros ya sean comunitarios o intercomunitarios o intercongregacionales (para crecer en amistad, para pensar futuros, para trabajar la comunión).

Todo ello pasa por dedicar tiempo a los hermanos, a la comunidad, al proyecto de vida comunitaria, tiempo para cultivar la fe. Estar en comunidad, leer, cultivar la formación permanente, hablar de Dios y de nuestro sentir profundo con los hermanos, trabajar el sentido de la amistad, de la apertura, de la acogida, de la pertenencia ...
Queda poco para reintegrarnos a nuestra provincia de origen, a nuestra comunidad de referencia, y a nuestra actividad apostólica. Pero todo tendrá un gusto, un color y un aire diferentes: es la experiencia de lo que hemos vivido en El Escorial.

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