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05/09/2006: Argentina

 

(Articulo editado en el Diario “ La Nación”, el jueves 31 de agosto de 2006 – sección Actualidad


Es el Primer Premio del Concurso Literario organizado por este diario argentino.
El autor y ganador es: Nicolás Blanco Rodríguez, estudiante de la carrera de Periodismo de la Universidad Del Salvador y Exalumno del colegio marista Manuel Belgrano de Buenos Aires.
El trabajo esta hecho sobre nuestro Hno. Eutimio Merino, de religioso: “Samuel”, como es conocido por tantas generaciones. Nace en Santander el 19 de diciembre de 1913, de Eutimio y Sara. Junior en Villafranca en 1929 y novicio en Avellanas a fines de ese mismo año. Hace sus votos en 1931 y su primer colegio es el de Granada. Llega a la Argentina en 1933 perteneciendo a la Provincia de España hasta 1945 en que se encardina en la de Argentina. Hombre alegre y religioso piadoso. Dedicó muchos años de su vida a la formación y a sus matemáticas, grupos de Laicos y correrías apostólicas. Nuestro Hermano Samuel, inquieto por el Reino.

El texto del artículo ganador es el siguiente:

hspace=5El tradicional Colegio Manuel Belgrano de los hermanos maristas esta festejando sus 90 años de enseñanza. Sin embargo, uno de sus alumnos nació tres años antes de su fundación, y todos los días mira de reojo los afiches que conmemoran el aniversario para que lo inspiren a desafiar el paso del tiempo.
Con sus 93 años, el hermano Samuel viene a la pileta conmigo a las 4.30, cuenta el herniario Eutimio Rubio Saéz, director del colegio. Después del chapuzón de madrugada es el encargado de ir despertando al resto de los hermanos para tomar el desayuno y concurrir a misa. Antes que el timbre dé las 7.30 anuncie el comienzo del día escolar; recibe en la capilla a todos los profesores y alumnos que desean comulgar antes de empezar la jornada. Desde hace algunos años, el hermano Samuel ocupa dos veces por semana una de las máquinas de la sala de computación, donde trata de seguir la clase a Ia par de los alumnos. La profesora dice que soy un excelente estudiante, pero los chicos saben mucho más que yo, reconoce sonrojado el hermano, que entro en el universo informático con el fin de traducir textos sobre la biografía de los hermanos maristas y su santo patrono, Marcelino Champagnat.
Durante los recreos, Eutimio Merino -su nombre antes de ordenarse- recorre tranquilo el patio de colegio desconociendo la tumultuosa aceleración de todo lo que lo rodea, Como protegido por un aura divina, es la única persona inmune a un pelotazo involuntario o al tropiezo de algún distraído que no distingue obstáculos cuando la mancha lo acecha, Esos siempre insuficientes minutos entre timbre y timbre tal vez le sirvan para reencontrarse con su propia infancia en la Cuba que lo recibió a los 3 años, cuando dejo por primera vez su Santander natal. Con la inocencia que esconde a veces la esperanza, más de una vez lanzó una botella al mar pidiendo que lo autoricen a visitar la isla. Sin embargo, desde la otra orilla, Fidel Castro parece nunca haberse agachado a recogerla.
Los primeros años del nuevo milenio encontraron al hermano Samuel concurriendo todas las tardes a la clase de inglés. Empezó conmigo en quinto grado, y enseguida se amoldo. Los chicos lo trataban como a uno más, afirma Silvia Beja, su primera profesora en la lengua, de Shakespeare. Y como a uno más, durante un examen en el que el hermano comenzó a sacar sus libros y carpetas, no tardaron en llegar los reclamos del resto de sus compañeros: “Miss, el brother Samuel se está copiando”. En la actualidad cursa el primer año del secundario y, aunque reconoce que le cuesta seguir la clase, asegura que con el tiempo se va a poner al día.
Las cinco cuadras que separan al colegio del jardín por la calle que, paradójicamente, lleva el nombre del país de su niñez, Cuba, tienen al hermano entre sus habituales transeúntes. “Al jardín viene seguido, creo que es para buscar mimos, dice alegre la secretaria del jardín de infantes, Gabriela Aranzamendi. Todos coinciden en que lo que más disfruta el hermano Samuel es estar en compañía de los más chicos y, si tiene ganas de cantarles o de contar alguno de los cuentos ilustrados de su enciclopedia EI tesoro de la juventud (aunque muchos pequeños prefieren las historias en las que aparece el), no hay nada que lo detenga: Ha venido empapado en días de lluvia y le hemos tenido que cambiar las medias, comenta Silvia Oyuela, directora del jardín.
Cuando se les consulta a los pequeños quien es el hermano Samuel, surgen las respuestas mas inesperadas y fantasiosas: Es el hermano de Dios: Es un sacerdote; Es Champagnat Es como un abuelito, En el cariño y la inocencia del imaginario de los chicos -que no mienten- quizás haya algo de cierto sobre este muchachito de 93 años.

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