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Carta de Marcelino - 019

 

Br. Marcellin Champagnat
03/01/1831


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Lo mismo que el año anterior (cf. carta n. 14), el Padre Champagnat responde a la felicitación que el Hermano Barthélemy ha debido enviarle. Y para darle ánimos le describe, una vez más, la grandeza de su misión. Y no es que el Hermano no pusiera bastante ardor por su parte, sino que, al parecer, no se creía a la altura de la tarea. (Cf. Répertoires.)

Muy querido Hermano Barthélemy:

No tenga la menor duda de que al mirarlos a todos como a mis queridos hijos en Jesús y María, por el dulce nombre de padre que ustedes me dan, los llevo a todos, con mucho cariño, en mi corazón. Soy muy sensible a los buenos deseos que me expresa, no los olvidaré. Encomendaré en mis oraciones a quien me expresa tan hermosos deseos. Comparto intensamente todas las molestias que le puedan causar las indisposiciones que padecen sus colaboradores. Cuídese mucho para que pueda cumplir su difícil tarea. Todos los Padres y Hermanos se encuentran bien. Les comunicaré sus deseos de un feliz año.
¡Mucho ánimo! Vea, mi querido amigo, cuán precioso es su trabajo a los ojos de Dios. Grandes santos y grandes hombres se felicitaban por un trabajo tan valioso ante Jesús y María. Dejad que los niños vengan a mí, pues de ellos es el reino de los Cielos.
Tiene en sus manos el precio de la sangre de Jesús. Después de a Dios, sus numerosos niños le deberán a usted la salvación. Su vida entera será el eco de Io que usted les haya enseñado. Esfuércese, no escatime nada para formar sus tiernos corazones en la virtud; hágales sentir que sin la virtud, sin la piedad, sin el temor de Dios, no serán nunca felices; que no hay paz para el impío. Que sólo Dios puede hacerlos felices, que han sido creados sólo para él. ¡Cuánto bien puede hacer, mi querido amigo!
Sus padres están bien. Su hermano, el que estaba en el ejército, ha muerto en París de una grave enfermedad en la cabeza. Rece por él, los lamentos de nada le pueden servir; sólo necesita oraciones.
Tendría aún muchas cosas que decirle; espero que dentro de poco se las podré decir de viva voz. Los dejo a los dos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡ya ve qué buenos lugares!
Tengo el honor de ser su afectísimo Padre en Jesús y María,
Champagnat,
Sup. de los Hnos.
Notre-Dame de lHermitage, 3 de enero de 1831.

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