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Carta de Marcelino - 080

 

Br. Marcellin Champagnat
02/01/1837


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El 29 de diciembre anterior, el Hno. Louis-Marie se dirigía al Padre Fundador con estas palabras:
«Me encuentro en la perplejidad más desoladora que me pueda ocurrir. El Sr. Douillet quiere que haga el contrato que usted conoce, sólo pro forma, con una contradeclaración que anule todo su efecto. Tendrá que estar hecho esta tarde, ya que debe ser presentado al consejo del comité cantonal de instrucción. Contamos mucho con el Sr. Párroco, que forma parte de este consejo, para conseguir una decisión favorable y nos tememos lo peor, si él no está. Pero el Sr. Párroco (que acaba de ser nombrado Vicario General) se marcha mañana, no definitivamente, desde luego, sino para varios días, ocho o, tal vez, quince. Sólo lo detengo yo. El Sr. Párroco desea que me decida a prescindir (de vuestra autorización); el Sr. Douillet me atormenta; el Sr. Alcalde y toda la gente, que no sabe cómo está nuestro contrato con el Sr. Douillet, se extrañan de nuestras dilaciones, pues sólo ven en este contrato una formalidad insignificante...».
En realidad, no sabemos con precisión cuál era la dificultad que la academia ponía al Sr. Douillet, hasta el punto de amenazar la existencia de su obra, evitable con un simple contrato, incluso ficticio. Ya el 26 de noviembre, el Sr. Douillet pedía a Mazelier que hiciera una declaración adoptando su casa para un noviciado preparatorio de su propia congregación. Como el asunto no cuajó, el Sr. Douillet encuentra la solución en un contrato ficticio con M. Champagnat, seguido de una contradeclaración, pues de haber sido real, hubiera convenido, desde luego, a los Hermanos, pero no al Sr. Douillet que, en cierta manera, se ponía a su merced. Por todo ello, al ver al Sr. Douillet obligado a firmar un contrato para salvar su obra, los Hermanos se preguntaban si no era ésa la ocasión de poner algunas condiciones que le obligaran a ceder en ciertas cosas que les negaba desde hacía ya mucho tiempo, a saber: el alejamiento de su sirvienta y del joven cocinero que les había impuesto y que decía preparar para el novicia-do, o sea, la autonomía necesaria para poder llevar la escuela según sus reglas y costumbres.
No sabemos cómo se desarrollaron las cosas ni si el contrato se llegó a firmar. Según una carta del Sr. Douillet al Sr. Mazelier, parece que las amenazas que pesaban sobre él se suavizaron. «Actualmente nadie me inquieta y hasta me han asegurado, bajo mano, que me dejarán tranquilo.» En realidad no se volverá a hablar más de este asunto.

Muy querido Hermano:

Seguimos esperando al novicio en cuestión . Importa mucho que nos demuestre, con una rápida obediencia, que se siente llamado; una mayor dilación provocará el rechazo definitivo.
Le autorizo a firmar el contrato que le pide el Sr. Douillet con la contradeclaración. Pido al Sr. Douillet que deje libertad a nuestros Hermanos para seguir en La Côte-Saint-André, como en todas partes, nuestras reglas y costumbres. No podemos permitir que se actúe de otra manera sin daño grave para nuestra Institución.
Nuestros misioneros se embarcaron el 24 de diciembre. He recibido una hermosísima carta del Hermano Marie-Nizier. Se la enviaré un poco más adelante . Exprese al Sr. Douillet mis felicitaciones de Año Nuevo, son muy sinceras. Siempre será recibido con satisfacción.
En cuanto a usted, mi querido Hermano, y quienes están con usted, les puedo decir lo que les digo, sin que lo desmienta mi corazón: Carissimi, diligamus invicem, etc., San Juan, el discípulo amado, lo repetía en todas sus cartas, yo también se lo puedo decir al comienzo de este año. Con todo afecto, los llevo a todos en mi corazón.
Diga al querido Hermano Raphaël que he recibido su última carta, que Jesús y María le ayudarán a vencer las dificultades que pueda encontrar en su empleo.
¡Que Jesús y María estén con usted!
Tengo el honor de ser su devoto y afectísimo Padre en Jesús y María,

Champagnat, Sup. de los Hnos.

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