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Carta de Marcelino - 158

 

Br. Marcellin Champagnat
25/11/1837


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El Hno. Sylvestre acaba de ser destinado a La Côte-Saint-André (cf. Répertoires). Esta carta es, con toda seguridad, la respuesta a una de las que la Regla ordenaba escribir al superior. Este deja translucir en su respuesta las preocupaciones del momento: sólo cuatro líneas para animar al Hermano a abrirse a los superiores, ocho para hablar de los misioneros, como si quisiera consolarse de no haber podido marchar con ellos y, luego, cuatro sobre los preparativos de su viaje a París. Además, como hace con frecuencia, desliza un corto mensaje para transmitir a alguno de los Cohermanos de la comunidad, en este caso al Hno. Director. El conjunto denota a un hombre presionado por los mil asuntos que debe afrontar.

Notre-Dame de lHermitage, 25 de noviembre de 1837.

Muy querido Hermano Sylvestre.

Deseo ardientemente, amigo mío, que Jesús y María bendigan sus buenas disposiciones. Su confianza no puede dejar de ser bendecida, conseguirá la victoria, ¡ánimo!, viva siempre con la disposición de dar a conocer sus situaciones a los superiores y directores.
Hemos recibido una carta de nuestros misioneros en camino para Oceanía. Dentro de pocos días les enviaremos a ustedes la copia . El Padre Bret ha muerto durante la travesía a Valparaíso; los demás se encuentran bien y están muy contentos con su vocación. Suspiran ardientemente por llegar a su destino. El celo por la salvación de esos isleños les interesa de manera muy especial. Recemos, queridos Hermanos, recemos por su salvación y la de aquéllos que nos son confiados. El alma de los franceses también es el precio de la sangre de un Dios, lo mismo que la de los idólatras .
Diga al muy querido Hno. Louis-Marie que su situación no quedará sin bendición.
No los olvidamos, ni a los unos ni a los otros. Estamos haciendo los preparativos para Paris. Encomiende intensamente este asunto al Señor para que sólo suceda lo que Dios quiere y nada más; su santa voluntad, eso es todo. Es inútil que pensemos de otra manera, nos agitaríamos en vano, tan sólo la voluntad de Dios.
A Dios, mi querido Hermano, los dejo a todos en los Sagrados Corazones de Jesús María.
Tengo el honor de ser su afectísimo Padre en Jesús y Maria,

Champagnat,
Sup. Hnos. Maristas.

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