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Carta de Marcelino - 174

 

Br. Marcellin Champagnat
24/02/1838


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Con bastante regularidad y a través del Hno. François, el Padre Champagnat informa a los Hermanos de la marcha de sus gestiones. Esta vez, contraponiendo en la balanza sus esfuerzos por una parte y por otra el escaso éxito, si no el fracaso, de sus últimas gestiones para librar a algunos Hermanos de la incorporación a filas, no puede reprimir su decepción. Pero esto no frena sus gestiones, como demuestra el «Diario».

«Febrero 15 • Visita al Sr. Pillet, jefe de gabinete.

16 • Visita al Sr. Baude, miembro del Consejo de Estado, Rue de lUniversité, n.° 8, al que hemos presentado una carta de recomendación del Sr. Jovin. Nos ha dicho que hará todo lo posible para que todo termine felizmente y lo antes posible. Consultado sobre la naturaleza y las prerrogativas de la autorización legal, no parecía estar muy al tanto del tema. Nos ha dicho que se encargará de nuestro asunto y que es inútil que nos quedemos más tiempo en París.
• Recepción de una carta del Sr. Colin de Lyon en la que nos advierte que la carta del Sr. Arzobispo de Lyon, en respuesta a la del Ministro, había sido enviada el 13.
• Visita al Sr. Rendu; consultado sobre los privilegios de la autorización legal, nos ha respondido que [leva consigo el derecho de exención del servicio militar, por medio del compromiso decenal, así como el derecho a poseer. Nos ha aconsejado quedarnos para poder responder, en el acto, a cualquier dificultad que pueda ser presentada por el Consejo de Estado.

17 • Recibida una carta del Sr. Superior General en la que nos anuncia que la carta del Sr. Obispo de Belley salió el 13.

18 • Visita al Sr. Baude, y al Sr. Ardaillon para anunciar la llegada de las cartas.

19 • Visita al Sr. Fulchiron

20 • Visita al Sr. Párroco de St-Roch y al Sr. Lachèze.

21 • Visita al Sr. Ardaillon.
22 • Carta al Sr. Sauzet.
• Visita al Sr. Pillet, quien nos ha dicho que a las oficinas no ha llegado nada.
• Visita al Sr. Rendu; ausente.
23 • Visita al Sr. Ardaillon para ir con él a ver al Ministro, Sr. de Salvandy. No estaba, por haber tenido que ir al Ministerio de Finanzas.
• Visita al Sr. Fulchiron quien nos ha dicho que las cartas de los Obispos no habían llegado a las oficinas.
• Visita a los Lazaristas , Rue de Sèvres, n.° 95.
• Carta al Sr. Jovin Deshayes, para anunciarle que no hemos visto al Ministro.
24 • Visita al Sr. Ardaillon para rogarle que nos introduzca ante el Sr. Ministro.
• Visita al Sr. Ministro de Instrucción Pública; ausente.
• Visita al Sr. Delebecque; nos ha dicho que las cartas del Arzobispo de Lyon y del Obispo de Belley habían llegado, que eran favorables y que nuestro dossier iba a pasar al Consejo de la Universidad. Nos ha prometido que el viernes próximo lo haría pasar, y que este asunto se prolongaría todavía hasta tres semanas.
• Visita al Sr. Jovin, nos ha dicho que conoce al Sr. Maillard, presidente del Consejo de Estado para los asuntos de interior, al que deberá ir nuestro dossier, y que le hablaría.
• Carta enviada al Sr. Párroco de Saint-Martin-la-Plaine para avisarle de la extrañeza que su silencio produce en el Sr. Ardaillon...»
Como se puede ver, cuántas más visitas hacen más aumenta en los dos sacerdotes la conciencia de la lentitud con la que se llevan estos asuntos; lo que justifica el tono más bien pesimista.

V. J. M. J.

París, 24 de febrero de 1838. Rue du Bac, n.° 120.

Muy querido Hermano:

Acabo de recibir su carta del 19. El rector de la Universidad no ha querido poner el visado sin el compromiso, diciendo que era demasiado tarde; tampoco ha querido ponerlo en los que le he presentado. De todas maneras, pienso presentarlos en cuanto se solucione el tema principal. No sé cuál será el resultado de esta gestión, no sé qué otra solución presentar. En cualquier caso, envíemelo y encomiéndelo intensamente al Señor. Sobre el asunto del Hermano Théodore, conociendo la respuesta del Ministro, ya había hecho alguna gestión, pero totalmente infructuosa. Me han dicho que es más difícil obtener su exención que nuestra autorización; y que, incluso, él mismo podría hacerse declarar inútil en su regimiento. Que traiga todos los documentos y alguna carta de recomendación, si la puede obtener del Capitán de Montbrison y del General de St-Étienne .
Apruebo sin reservas los viajes del Hno. Cassien. Que Dios le dé el valor y la salud necesarios para tan buena obra.
El granjero debe marcharse; con gusto le podría alquilar un trozo de prado y de tierra, si ofrece un precio razonable, pero su salida debe ser incondicional.
En mi carta anterior le pregunté si el precio de los Hermanos era o no conveniente; quería saber qué piensa usted de esto y no me responde nada. ¿Sería necesario que yo les pidiera algunos ejemplares de su conducta?
No hay que llamar a más obreros para la roca.
En cuanto a nuestra gran preocupación: cuántas gestiones, cuántas caminatas, cuántas visitas, no se pude hacer idea. Llevamos dos días sin dejar de rodar para tener una audiencia con el Ministro, sin poderlo conseguir. Unas veces, no está el Sr. Ardaillon, está en el Ministerio de finanzas a donde el Ministro le ha enviado con urgencia; otras, es el Ministro el que no está. ¡Dios mío!, qué abuso, qué caro resulta, o mejor aún, qué despilfarro pues, como usted se imagina, para los coches hay que pagar hasta los minutos.
Acompañados del Sr. Ardaillon, acabamos de ver al Sr. Delebecque, quien nos ha dicho que nuestros documentos están completos y que el viernes pasarían al consejo universitario (2 de marzo). Estamos ahora buscando qué consejo es ése del que no habíamos oído hablar. El Sr. Jovin Deshayes (se multiplica para ayudarnos) nos ha prometido informarse y decírnoslo. El Sr. Delebecque nos ha dicho otra vez que nuestro asunto terminaría en tres semanas. Le hemos respondido que aunque se trate de un mes. Ni siquiera sabemos si acabará bien. Aquí me tiene, pues, en París para un mes. El Sr. Chanut se prepara para marchar dentro de poco .
Encomiende a las oraciones de la comunidad a mi Hermano . De diez que éramos ya soy el único que queda, creo que mi turno no está lejos. Que Dios me conceda prepararme bien, es lo que le pido. A pesar de todo, desde que estoy en París mi salud es buena, como nunca lo había sido. Apenas tomo las aguas calientes . Tengo muy buen apetito.
El Hno. Marie-Jubin hace maravillas. No se le puede pedir más. Tal vez compre una litografía. Ya he comprado un copón muy hermoso; es parte de lo que habíamos prometido a la Santísima Virgen. Ella se verá obligada a protegernos, a obtenernos lo que con tanta razón deseamos.
Desde hace algún tiempo, llueve aquí casi a diario. París es extremadamente tranquilo. Por lo que se refiere a los asuntos políticos, los ignoro como si estuviera a cien leguas. He ido una vez a la Cámara de Diputados, no tengo ganas de volver.
El Sr. Chanut me encarga muchos saludos.
Tal vez piense usted que tenemos mucho dinero; disminuye cada día y no ganamos nada, como ya se imaginará. Cuando hayamos acabado, pediré a los Sres. Ginot que me presten algo que se lo devolveremos.
Todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tengo el honor de ser su afectísimo servidor,
Champagnat.

Mis mejores saludos para los Sres. Matricon y Besson, me encomiendo a su Santo Sacrificio y encomiendo a mi pobre Hermano.
No necesito decirle cuánto aprecio a todos los Hermanos que le nombré en mi anterior, aunque usted no mencione a ninguno.
Los dos pagamos con misas de N.-D. de lHermitage. Dígaselo a los carísimos Hnos. Stanislas y Jean-Marie.
El Sr. Ardaillon debe ir por ahí, no dejen de hacerle una visita y agradecerle todo cuanto hace por nosotros.
Sólo podemos tomar nota de la petición del Sr. Ramber. No responde usted a casi ninguna de mis preguntas, supongo que no tenía nada agradable que decirme sobre varios de mis temas.
Si viniera el Sr. Ginot, pídale de mi parte que me traiga un breviario pars verna , el que he terminado, con un ejemplar de la Regla.
Mis respetuosos saludos al Sr. Párroco de Notre-Dame. Se me olvida algo que le quería decir.

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