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Carta de Marcelino - 175

 

Br. Marcellin Champagnat
07/03/1838


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Parece que desde la carta anterior el asunto no ha mejorado. El «Diario» casi no habla más que de visitas, a veces muy decepcionantes, ya que, con frecuencia, las personalidades están ausentes.

«Febrero 25 • Recepción de una carta del Sr. Séon. 26 • Visita al Sr. Baude.

27

28 • Visita al Sr. Baude; ausente.

Marzo 1 • Visita al Sr. Baude: ausente.

2 • Visita al Sr. Baude: no sabía nada nuevo sobre nuestro asunto (nos ha dicho que le enviemos los compromisos decenales de los Hermanos sujetos a filas, y que los enviará a los prefectos de las localidades).

3 • Envío de los compromisos al Sr. Baude.
• Visita al Sr. Rendu: ausente.
• Visita al Sr. Baude.

4 • Visita al Sr. Ardaillon.
• Visita al Sr. Deshayes.
• Visita al Sr. Deshayes.

5 • Visita al Sr. Pillet.
• Visita al Sr. Schmitz; ausente.»

Aquí termina el «Diario» redactado por el Sr. Chanut; la semana siguiente, M. Champagnat anotará algunos hechos, pero no más allá del día 19. Es cierto que la evolución del asunto es de una lentitud descorazonadora: las cartas de los Obispos, enviadas ambas el día 13 de febrero, son registradas, una el día 17 y la otra el 20, y hasta el 13 de marzo no se redactará el informe para el Ministro. Sin saberlo con seguridad, el Padre sospecha que no se tiene mucha prisa para complacerle.

V. J. M. J.

París, 7 de marzo de 1838. Misiones Extranjeras, Rue du Bac, n.° 120.
Muy querido Hermano:

He recibido días atrás los tres ejemplares de la Regla y la carta incluida. Me produce gran pesar seguir informándole de cómo sigue el tema de la autorización. No hay ninguna razón en contra, sólo una agobiante lentitud burocrática. Nos siguen diciendo que el decreto no tendrá ningún problema. Acabo de recibir dos palabras del Sr. Ardaillon que me dice que mañana pasará al Consejo. No me ha dicho nada más. Creo que es la respuesta de uno de los Obispos y que este consejo debe de ser el consejo universitario cuyo presidente conocemos, un excelente cristiano. Tenemos que pasar aún por el Consejo de Estado del que conocemos a varios miembros. ¡Cuándo llegaremos! ¡Qué lentitud, Dios mío, qué largo se me hace el tiempo, qué duro es correr de un despacho a otro! Aun no ha llegado el momento de ocuparme de esto. A Dios sea dada toda la gloria. Días atrás, entregué los compromisos que tenía aquí. No sé lo que pasará. Continúe y continuemos rezando juntos: Dios no niega nada a la oración perseverante.
De ninguna de las maneras puede cambiar al Hno. Alipius; si, por el momento, no le puede enviar otro, que el Hno. Gonzague tenga paciencia. No recuerdo quién es el que usted le envió. Haga lo que pueda, pero sin sacar al Hno. Alipius de Charlieu.
Promesas para nuevas escuelas: ya hemos hecho demasiadas; obtengamos de una vez la autorización, luego veremos lo que podemos prometer. Me temo que, si lo conseguimos, nos veremos obligados a enviar varios al África; es lo que nos pide uno de los miembros del Consejo de Estado. No necesito decirle cuál es la respuesta que le he dado cada vez.
Usted conoce las normas del código. Yo no me aclaro mucho con las leyes. Si el granjero se queda todavía un año, se quedará luego dos, a pesar nuestro. Si el Sr. Finaz no quiere actuar, hay que recordarle lo que me prometió cuando le consulté sobre este tema y le rogué que le diera un aviso.
¿Cuándo marcharé de París? ¡Ay!, no lo sé, cuando Dios quiera. Si es para mayor gloria de Dios que yo muera en París, hágase su santa voluntad y no la mía. Sigo decidido a continuar hasta el final. El Sr. Chanut se marcha; aquí me quedo solo soñando, pero, ¿qué digo?, nunca estamos solos, si estamos con Dios.
Finalmente he comprado una litografía con la que trabaja el Hno. Jubin. Cuesta 400, pero creo que llegará a 500 cuando pase por todo . La mandaremos a St-Chamond, pero sólo unos días antes de nuestra partida. También he comprado estampas, puntos buenos, etc. Incluso le diré que he comprado un copón muy bonito.
Ya sabe usted que el Sr. Vieno cuenta con que le compremos un centenar de barriles de su vino. Que el Hno. Stanislas vaya a Lyon y comprometa al Sr. Vieno a llevárnoslo a Perrache . Es preciso, como verá, no perder esto de vista.
Que el Hno. Jerôme vea dónde puede guardarlo todo, si en la Grange-Payre o en l’Hermitage. Preocúpese de esto. Consulte con el Sr. Matricon y etc...
A Dios, mis carísimos Hermanos, que Jesús y María estén con ustedes,

Champagnat.

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