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Carta de Marcelino - 193

 

Br. Marcellin Champagnat
20/05/1838


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M. Champagnat salió, pues, hacia París seguramente el lunes 14 de mayo, con una escala en Lyon, para llegar el jueves 17 a medianoche. La única ilusión que le queda es que el asunto, tal como está encarrilado, debe terminar en poco tiempo. No es, pues, el momento de aflojar la presión que ejerce sobre el Ministerio. Así pues, a pesar de su fatiga y con una voluntad tenaz, prosigue lo que considera su deber. Aprovechando el domingo, comunica todas sus preocupaciones del momento. Por una razón que ignoramos, retrasa el envío de la carta hasta haber llenado las cuatro páginas, escribiéndola en varios momentos.

París, 20 de mayo de 1838. Misiones Extranjeras, Rue du Bac, n.° 120.

Muy querido Hermano:

Llegué a París el jueves a medianoche. Apenas me detuve en Lyon. El arzobispo no me dio cuartel , tuve que marchar enseguida. No compré nada, ni piedra para litografiar ni harina. De todas maneras le hablé al administrador del seminario quien, cuando queramos, comprará nuestra provisión al hacerlo para el seminario. Creo que no corre prisa. Para ocupar al Hno. Marie-Jubin, cómprele una piedra en St-Étienne o en Lyon, si tiene ocasión.
He llegado más o menos como salí, a ratos bien y a ratos mal. El tiempo no se me hace largo porque me ocupo de nuestro gran problema. Ya he visto a cierto número de personas que ayudan y que, como siempre, continúan prometiéndome mucho. El Sr. Ardaillon me ha dado una falsa noticia al anunciarme que el dossier estaba en el Consejo de Estado; me aseguré enseguida y he visto que no estaba.
Responda al Superior del seminario de Montpellier que, como tengo que visitar una escuela en el departamento del Var durante el verano, trataremos de matar dos pájaros de un tiro, que nuestra firme intención es abrir un noviciado en el sur de Francia.
También esta vez he encontrado París muy tranquilo. Llegué con sotana; durante el trayecto, o sea en el carruaje, recé con los viajeros el mes de María y el rosario sin la menor dificultad y a satisfacción de todos. No oí nada en contra de las buenas reglas cristianas.
Si hubiera algo estropeado entre los objetos que ha recibido, hágamelo saber cuanto antes. Parece ser que el Sr. Prefecto de la Loire aún no ha escrito . Acabo de ver al Sr. Delebecque quien me ha dicho que sólo faltaba ese documento. Acabo de hacer que le escriba. Es posible que la carta esté en algún despacho. Que se cumpla la santísima voluntad de Dios; Él sabe cuánto me agradaría tomar enseguida el camino de Lyon, si los asuntos estuvieran terminados. Una vez más, que se cumpla la santísima voluntad de Dios.
25 de mayo.
Aunque me encuentro bien, el tiempo empieza a pesarme. Ya debe usted haber recibido una carta del Sr. Delebecque. Me gustaría saber su contenido, envíeme la copia si la tiene. No deja de llover ni un solo día.
Ya estamos a 26. Espero conseguirlo, es lo que no se cansan de pro-meterme. Me temo que lo deseo demasiado. Ruego y ruegue también por mí para que conforme mi voluntad con la de Dios.
Ayer recibí la carta que me ha enviado. He contestado y he prometido Hermanos para Pol (Pas de Calais). No podía negarme. Con la ayuda de María, removeremos cielo y tierra para cumplir esta promesa. Por fin ha llegado el informe del Prefecto de la Loire, muy favorable, lo mismo que el del Prefecto del Rhône. Voy al Ministerio hoy. Creo que aún habrá alguna otra miseria. Ad maiorem Dei gloriam.
Ya ve que he empleado diferentes momentos para escribirle . Casi he llegado a cansar con mis frecuentes visitas a todas las personas, me refiero a los diputados. Dentro de un momento, voy al Ministerio para ver si me entero de algo nuevo.
Vengo del Ministerio, me han citado para mañana. Acabo de conocer a un empleado del Ministerio que es de Lyon. Es el Sr. Pasqualiny quien me ha procurado esta ocasión. Me temo que no hará mucho más que los otros. Virgen santísima, vuestro mes se acaba...
Me vienen ganas de no comprar aún la capa, si no le sabe mal al Hno. Stanislas; le podré decir el motivo personalmente.
Aún no he llegado al final de mis miserias. Rece por mí, lo necesito mucho. Ya supondrá que no me olvido de ningún miembro de la Sociedad, los quiero mucho a todos. Dígales a todos cuánto espero de sus plegarias.
A Dios y a María, ahora y en la eternidad,

Champagnat.

P. S. Mis saludos para los Sres. Matricon y Besson. Ahora veo que mi presencia en París es necesaria. Dentro de poco sabré si de verdad hay algo que hacer.

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