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Br. Marcellin Champagnat
23/06/1838 - Vol. , n.
Circular



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Según el Hno. Avit, (AA, p. 251), «parece que el Hno. François pedía ser liberado de las cargas del gobierno». Pero lo que justifica esta carta no es tanto el apoyo que, desde luego, también necesita, como el hecho de la salida del Padre desde París para Saint-Pol-en-Artois y el regreso posterior a l’Hermitage; además, es seguramente su visita al Sr. Ministro lo que subyace aquí. Esta última parece haber producido más decepciones que alientos. Esta vez, el Padre está convencido de que se buscan siempre nuevas dificultades para frenar el asunto porque, en el fondo, el Sr. Salvandy no quiere darle la autorización que pide. Es, pues, decepcionado, pero resignado, como el Padre deja París, viendo que su permanencia no acelerará el proceso para lograr el fin de su demanda.

V.J. M.J.

París, 23 de junio de 1838. Misiones Extranjeras, Rue du Bac, n.° 120.

Muy querido Hermano:

Su situación en l’Hermitage no es tan digna de envidia como se pudiera pensar. ¡Qué podría usted hacer? No ha buscado ese puesto. Trate solamente de cumplir bien con su deber y Dios hará lo que usted no pueda hacer.
Mañana salgo para Saint-Pol , a petición del Sr. Párroco y del Sr. Alcalde, para visitar el local destinado a los Hermanos. Estamos obligados a abrir esta escuela. Pensaba que podría haberlo evitado, pero, en la situación en que nos encontramos, no es posible.
Supongo que querrá saber cómo están nuestras cosas. ¡Ay!, no sé casi nada o, si lo prefiere, lo sé todo. Lo que para mí era una sospecha ahora es ya certeza. Estoy muy contrariado, pero no desconcertado; sigo teniendo gran confianza en Jesús y María. No dudo que lo conseguiremos, pero desconozco el momento. Lo que nos importa, por encima de todo, es no hacer por nuestra parte, sino lo que Dios quiere que hagamos, es decir, todo lo posible, y dejar después actuar a la Providencia. Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y lo que es bueno para nosotros. Estoy completamente seguro de que un poco de tiempo no nos hará daño.
Me ha producido mucha tristeza la muerte del Hno.. Fabien y que el Hno. Justin no se restablezca. ¡Bendito sea Dios!, que Jesús y María lo ayuden cada vez más.
Sabe lo mismo que yo que el año que viene, lejos de poder abrir nuevas escuelas, nos veremos obligados a cerrar algunas. No prometa nada a nadie. Reciba a los novicios de Marlhes de los que me habla. Ya ve que los que han pasado la llamada a filas nos resultan preciosos, que hay que aceptar lo que dan o pueden dar.
Sobre las reparaciones de la Grange-Payre, me remito a lo que haga Philippe . De todas maneras, me gustaría ver antes la pared que se quiere derribar. Lo que me inquieta es que esa pared estará demasiado reciente para poder vivir enseguida. Si se pudiera evitar, sería mucho mejor.
En cuanto a Marcellin Lachal , no sé qué decirle. No estoy lo bastante seguro sobre su conducta. Se ha equivocado mucho al dejar a su dueño.
Tengo buenas razones para incluir al Hno. François-Régis en esta nueva salida . El Hno.. Marie-Augustin marchará en otra ocasión. Espere mi llegada para la admisión de Jutier y de Blachon . Respecto a mi sobrino , tiene que ir con pleno consentimiento de sus padres y el suyo propio.
No dé ni paz ni tregua al Hno. Marie-Théodore, si no se lo toma en serio, quiero decir, confesarse, darle a usted cada ocho días, por lo menos, una cédula de confesión.
Mi salud va más bien mal que bien desde hace algunos días. Los viajes me perjudican. A mi regreso, le escribiré con el Sr. Bati , que está en París desde hace unos ocho días, si no regreso con él. En cualquier caso, pienso estar en l’Hermitage dentro de quince días.
No se olvide de decir a todos los Hermanos cuánto los quiero, cuánto sufro por no estar a su lado,

Champagnat.

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