H. Henri Vergès
Beatificación
8 de diciembre

 

 



 


Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

España: Renovación de los votos del H. Alberto Vizcaya en el Colegio de Chamberi de Madrid

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

 


Llamadas del XXII Capítulo General



FMSI


Archivo de novedades

 

Calendario marista

13 noviembre

Santos: Diego de Alcal, Leandro, Estanislao Kostka

Calendario marista - noviembre

H. Vivencio (Juan Núñez Casado)

 

* 10/01/1908, Covarrubias - Diocese de Burgos
+ 08/10/1936, Barcelona - 28 anos de edad

El 10 de enero de 1908 nace Juan en la localidad de Covarrubias (Burgos). Su padre se ganaba la vida como zapatero y su madre atendía la casa. Las fechas que señalan su camino en la vida marista son las de su ingreso en el seminario marista de Artziniega (Álava) en 1920, los primeros votos, que emite el 8 de septiembre de 1924, y la profesión perpetua hecha el 15 de agosto de 1930.

Ejerce su apostolado educativo en los colegios de Sabadell (Barcelona), Badalona (Barcelona), Igualada (Barcelona), Zaragoza, Barcelona-Sants, Barcelona-Lauria, Larache (Marruecos), Logroño, Girona-La Mercè. En esta comunidad de La Mercè se encontraba el curso 1935-1936.

Los hermanos recibieron la invitación de los superiores para trasladarse a Francia. El hermano Vivencio salió de Girona con ese propósito. Junto con el hermano Vicente Palmada subieron a bordo del barco Cabo San Agustín donde llegaron con la consigna acordada: “Asunto Ordaz”. Allí fueron traicionados y arrestados 107 hermanos. Luego los llevaron a la checa de San Elías. El 8 de octubre de 1836 por la noche sacaron a un grupo de 46, entre los que se hallaba el hermano Vivencio, para conducirlos a los cementerios de Montcada y Les Corts donde fueron asesinados.

Su estancia en Larache (Marruecos) se debió a la prestación social sustitutoria que liberaba del servicio militar. Los religiosos podían ofrecer su colaboración durante un tiempo, en calidad de misioneros, en algunos países aceptados por el Gobierno, para condonar el servicio obligatorio.

Las cartas de su madre, que le escribía personalmente, las cuales pude leer cuando estábamos los dos en Larache (Marruecos), mostraban que era una santa y de gran influencia para él. Él siempre manifestó con admiración que a ella le debía su vocación y su vida espiritual. El Hermano Vivencio tenía un carácter un tanto impetuoso, y con empeño procuraba vencerlo. Era un buen religioso. (Cf. Positio, p. 43 § 145. Hermano Pedro Rueda Contreras)