Agradecimientos
Este libro es el fruto del trabajo de muchas
manos. Primero debo una palabra de agradecimiento a los Hermanos
Stephen Farrell, Romuald Gibson, y Frederick McMahon. Todo
el que conozca un poco la obra de Stephen titulada Achievement
from the Depths, y la tesis que hizo Rom sobre la espiritualidad
de Marcelino bajo el epígrafe de Father Champagnat:
the Man and his Spirituality, y la vida del fundador de los
Hermanitos de María, Strong Mind, Gentle Heart, debida
a la pluma de Fred, advertirá la influencia de esos
estudios en las páginas del texto que aquí presentamos.
Sin la ayuda de sus investigaciones, el autor se habría
visto bastante perdido y sin saber por donde empezar. Todo
ello, añadido a las cartas de Marcelino y los Anales
del Hermano Avito, ha servido de base para enhebrar este relato
de la vida de Champagnat de carácter divulgativo.
También expreso mi agradecimiento
al hermano Benito Arbués, Superior General, que me
brindó - generoso - tiempo y oportunidad para ponerme
a escribir.
Hubo igualmente otras personas que acompañaron
la elaboración de este texto con su lectura. Tengo
que dar las gracias a los hermanos Roberto Clark, Jean-Pierre
Cotnoir, Jeff Crowe, Michael de Waas, Fernand Dostie, Michael
Flanigan, Pedro Herreros, John McDonnell, Gaston Robert, Allen
Sherry, Luis García Sobrado, Vanderlei Soela, Brian
Sweeney y Henri Vignau; y lo mismo a la hermana Rachel Callahan,
a John F. Kerrigan Jr., la hermana Rea McDonnell, y a John
y Peggy Perring-Mulligan. Si la historia se lee bien y se
ajusta a su contexto, el mérito es de ellos. Cualquier
error de apreciación o inexactitudes que pudieran aparecer,
deben atribuirse al autor.
Me siento particularmente deudor con el hermano
Leonard Voegtle. Con su lectura cuidadosa de varios borradores
del manuscrito y con sus sabios consejos, me ayudó
a evitar algunas incorrecciones históricas.
No puedo olvidarme de dar las gracias a la
hermana Marie Kraus, que editó el texto. Ella es especialmente
diestra cuando se trata de encontrar una frase certera, y
para limpiarlo de toda la “paja” que a menudo
atiborra las hojas de los que escriben. Una vez más,
gracias, Marie, por tu colaboración.
Al redactar estas páginas tenía
en la mente a potenciales lectores seglares, los jóvenes
en particular, aunque quizá también pueda interesar
a otros. Es una obra incompleta y se advierte en ella el afecto
que siente el autor por la persona de Marcelino Champagnat.
En ningún momento pretendí efectuar un recorrido
histórico y biográfico de su vida. Eso ya lo
han hecho otros con resultados satisfactorios. En el apartado
final de Referencias se adjunta una lista de esas publicaciones.
El autor espera, de todos modos, que las rápidas pinceladas
que se recogen en este trabajo ayuden al lector a conocer
mejor la figura de ese hombre singular que fundó la
congregación de los Hermanitos de María.
Confieso que disfruté haciendo esto.
Fue como asistir a una clase dada por Marcelino: él
era el profesor, la materia su vida, y yo el único
estudiante. Confío en que algún día,
cuando me encuentre con él cara a cara, se mostrará
benévolo al evaluar el trabajo de su discípulo.
Por lo que fui descubriendo al escribir el libro, no me cabe
duda de que así será.
Introducción
Estimado lector:
¿Quién era San Marcelino Champagnat ? Ya sabemos
que fue un sacerdote de la Sociedad de María, y fundador
de los Hermanitos de María, más conocidos actualmente
en el mundo como los Hermanos Maristas. Sí, él
fue todo eso, pero había mucho más. Este libro
pretende descubrir el mensaje que su vida y misión
encierran para nosotros hoy.
La historia de este joven sacerdote se remonta
a finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX en Francia.
Prepárate para andar aquellos caminos, y sentir la
tierra que amó, disponte a conocer a la gente que le
moldeó, y a sufrir las adversidades que le hicieron
fuerte. Déjate cautivar por el mismo Dios que estuvo
en el centro de sus aspiraciones.
Marcelino Champagnat quería a los
jóvenes. Ellos, a su vez, se dejaron contagiar por
su entusiasmo y energía. Tres cosas alimentaron su
espiritualidad ardiente: la vivencia constante de que Dios
está siempre presente, una confianza ilimitada en María,
y las pequeñas virtudes de humildad y sencillez.
Fue un fundador joven. Tenía veintisiete
años cuando invitó a sus dos primeros discípulos
a seguir su proyecto. Dio una clara misión a los hermanos.
Proclamad la palabra de Dios a los jóvenes, - les decía
-, en especial a los más desatendidos. Estaba convencido
de que para educar a los jóvenes primero hay que amarlos.
Este principio orientó su vida y su trabajo, y deseaba
lo mismo para sus hermanos.
Así que, pasa la página, y
vamos a caminar al lado de este hombre, al que la iglesia
proclama santo, hombre de su tiempo, y apóstol de la
juventud. Eso es lo que fue Marcelino en su momento. Y lo
sigue siendo para nosotros hoy.
H. Seán D. Sammon
Roma, Italia
22 de Enero de 1999 |