Por entonces (1812 - 1815) se pusieron los cimientos
de la Sociedad de los Maristas. Unos cuantos seminaristas,
al frente de los cuales se encontraban los señores
Colin y Champagnat, se reunían regularmente para
animarse en la piedad y en la prática de las virtudes
sacerdotales. El celo por la salvación de las almas
y los medios para conseguirla eran el tema habitual de
sus conversaciones. Del mutuo intercambio de sus sentimientos
y proyectos sobre los medios más idóneos
para alcanzar ese objetivo surgió la idea de fundar
una Sociedad de sacerdotes. . .
La especial devoción que este grupo selecto profesaba
a la Santísima Virgen les inspiró la idea
de poner la nueva Sociedad bajo el patrocinio de la Madre
de Dios y darle el nombre de María. . . En una
de esas reuniones determinaron que irían todos
juntos en peregrinación a Fourvière para
poner su proyecto a los pies de María. . .
Pero en el proyecto de la nueva Sociedad nadie había
pensado en Hermanos educadores. Sólo el señor
Champagnat tuvo la idea de su creación y sólo
él la llevó a cabo. Decía con frecuencia
a sus compañeros: Necesitamos Hermanos. Necesitamos
Hermanos para impartir catequesis, ayudar a los misioneros
y dar clase a los niños.
Vida, III, pp. 28-30