El señor Champagnat… esperaba
ansiosamente el momento en que los Hermanos pudieran encargarse
de la clase. Pero al verlos sin suficiente preparación,
se decidió a llamar a un maestro. Con ello pretendía
un doble objetivo: a su juicio, se necesitaba un maestro
ante todo para dar la instrucción primaria a los
niños de la parroquia; pero también para
perfeccionar a los Hermanos en sus conocimientos e iniciarlos
en el método de enseñanza…
El maestro vivía en comunidad con los Hermanos.
Puso escuela en la misma casita, que pronto se llenó
de niños. Los Hermanos lo ayudaban en las clases,
lo veían actuar, lo iban imitando y captaban su
metodología. Además, entre clase y clase,
recibían lecciones particulares sobre distintos
aspectos de la enseñanza.
Vida, VII, pp. 73-74