Elevado al sacerdocio en 1816, fui enviado
a un municipio del cantón de St. Chamond (Loire).
Lo que vi con mis propios ojos en este nuevo puesto, referente
a la educación de los jóvenes, me recordó
las dificultades que yo mismo había experimentado
a su edad, por falta de maestro.
A la Reina María Amelia, Carta
59
Una educación cristiana y religiosa es el medio
más rápido y eficaz para procurar buenos
sujetos a la sociedad y fervorosos cristianos a la religión...
Desgraciadamente falta este medio a la mayoría
de los ayuntamientos rurales: la insuficiencia de los
recursos municipales, la penuria de los habitantes no
les permiten confiar la educación de los jóvenes
a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, cuyo mérito
y capacidad son conocidos de todos. De ahí la triste
necesidad o de dejar a los niños abandonados en
la ignorancia más completa o, lo que sería
todavía peor, entregarlos a instructores mercenarios,
muy poco capaces de formarlos en las virtudes que les
son necesarias. Movidos por estas consideraciones, personas
piadosas han formado en la Diócesis de Lyon una
nueva congregación, conocida con el nombre de Congregación
de los Hermanitos de María.
A Luis Felipe, Rey de Francia, Carta 34