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Marcelino Champagnat - Canonización
 
“Marcelino Champagnat: un corazón sin fronteras”
ECOS nº 30: Presentación y logo
 
MaristasLa naturaleza presenta líneas y demarcaciones
 

La línea de un río juega caprichosamente sobre la geografía de un territorio, incluso creando meandros por los que al agua discurre plácidamente. Existen otros muchos tipos de líneas. La línea de la playa, donde convergen el mar y la arena; la línea del horizonte, donde se abren el cielo y el mar. En algunas ocasiones no se sabe dónde comienza uno y dónde acaba otro. La línea de las cadenas montañosas. Todo ello es natural porque las líneas introducen las diferencias y con ellas la riqueza de la diversidad. El mundo salió así de las manos de Dios.

La historia de la humanidad nos recuerda: que hemos corrompido la naturaleza cuando hemos convertido las líneas en fronteras; las demarcaciones, en cotos cerrados. Por mantener las fronteras o por ampliarlas, se han originado guerras, se ha derramado mucha sangre, se han creado enemigos, se han perdido millones de vidas humanas. La creación es unidad. La frontera crea la división, el odio, el dominio. La diferencia se transforma en discriminación. Importa saber de qué lado estás de la frontera: eres de los nuestros o estás contra nosotros. No vale cabalgar por el alambre como funámbulo. La frontera discrimina. En el fondo, las fronteras son las cicatrices de la historia. Varían con los resultados de las guerras.

“Marcelino Champagnat: un corazón sin fronteras” apunta al retorno hacia el proyecto creacional de Dios. Cuando una persona vive su existencia desde esta perspectiva, adquiere una dimensión profética porque el amor que une es la clave de su actuación. Marcelino afirmó que “todas las diócesis del mundo entran en nuestro proyecto”. No hay fronteras geográficas que resistan el empuje del carisma. Envió Hermanos a Oceanía, un viaje alocado y aventurero para aquella época. No hay fronteras sociales porque los que están al margen son los privilegiados. Por ello combatió la ignorancia religiosa y la pobreza mediante una educación integral de la persona. Consciente del daño que producen las fronteras, del dolor y del sufrimiento que generan... arriesgó cruzándolas para dedicarse a los más necesitados.

La presencia marista en 74 países es un indicador geográfico de la dimensión internacional del Instituto. Pero más importante aún es el sentido espiritual y la mentalidad pastoral. La canonización en la Plaza de San Pedro es una llamada a vivir sin fronteras. Para la Iglesia, será oficial el reconocimiento de la santidad de Marcelino y la proyectará sobre el mundo, sin fronteras. María tampoco vio que las cadenas montañosas fueran barreras insalvables. Acudió presurosa a ayudar a su prima, que estaba necesitada.

El corazón, en lenguaje bíblico, se refiere a la esencia de la persona. En él se adoptan las decisiones vitales, se mantiene el diálogo con Dios y se encuentra la fuente inagotable del amor... Un amor que, en Marcelino Champagnat, no conoció fronteras.

En el logo de la canonización aparecen tres elementos entrelazados: una letra, el movimiento que despliega la M y la esfera del globo terráqueo. Normalmente se considera el analfabetismo como un indicador de carencias educativas. La promoción de la persona, que pasa por desarrollar al máximo sus cualidades, implica la capacidad de saber leer el mundo de la vida. La ignorancia del joven Montagne estimuló al joven sacerdote Marcelino, de 27 años, a crear el Instituto de los Hermanos Maristas. La letra seleccionada del alfabeto es la M, que simboliza a Marcelino, a María, a los Maristas.

En Champagnat, el bien de la persona alcanza su sentido pleno cuando es vivido como realización espiritual, como santidad. La santidad es como un aroma que envuelve el mundo porque el bien no tiene fronteras como el corazón de Marcelino. El proyecto de su misión no se encierra en el propio ombligo de forma egoísta, sino que se abre a la plenitud del mundo: “Todas las diócesis del mundo entran en nuestras miras”. La santidad, que es la expresión espiritual del amor, une el individuo con el mundo. El 18 de abril tendrá lugar el reconocimiento oficial, como acto importante del Magisterio de la Iglesia, de la santidad de Marcelino. El corazón de Champagnat alcanzará la entraña del mundo porque dejó que Dios arraigara en la suya propia. Un modelo y una invitación para todos nosotros.

 
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