La
línea de un río juega caprichosamente sobre
la geografía de un territorio, incluso creando meandros
por los que al agua discurre plácidamente. Existen
otros muchos tipos de líneas. La línea de
la playa, donde convergen el mar y la arena; la línea
del horizonte, donde se abren el cielo y el mar. En algunas
ocasiones no se sabe dónde comienza uno y dónde
acaba otro. La línea de las cadenas montañosas.
Todo ello es natural porque las líneas introducen
las diferencias y con ellas la riqueza de la diversidad.
El mundo salió así de las manos de Dios.
La historia de la humanidad nos recuerda:
que hemos corrompido la naturaleza cuando hemos convertido
las líneas en fronteras; las demarcaciones, en cotos
cerrados. Por mantener las fronteras o por ampliarlas, se
han originado guerras, se ha derramado mucha sangre, se
han creado enemigos, se han perdido millones de vidas humanas.
La creación es unidad. La frontera crea la división,
el odio, el dominio. La diferencia se transforma en discriminación.
Importa saber de qué lado estás de la frontera:
eres de los nuestros o estás contra nosotros. No
vale cabalgar por el alambre como funámbulo. La frontera
discrimina. En el fondo, las fronteras son las cicatrices
de la historia. Varían con los resultados de las
guerras.
“Marcelino Champagnat: un corazón
sin fronteras” apunta al retorno hacia el proyecto
creacional de Dios. Cuando una persona vive su existencia
desde esta perspectiva, adquiere una dimensión profética
porque el amor que une es la clave de su actuación.
Marcelino afirmó que “todas las diócesis
del mundo entran en nuestro proyecto”. No hay fronteras
geográficas que resistan el empuje del carisma. Envió
Hermanos a Oceanía, un viaje alocado y aventurero
para aquella época. No hay fronteras sociales porque
los que están al margen son los privilegiados. Por
ello combatió la ignorancia religiosa y la pobreza
mediante una educación integral de la persona. Consciente
del daño que producen las fronteras, del dolor y
del sufrimiento que generan... arriesgó cruzándolas
para dedicarse a los más necesitados.
La presencia marista en 74 países
es un indicador geográfico de la dimensión
internacional del Instituto. Pero más importante
aún es el sentido espiritual y la mentalidad pastoral.
La canonización en la Plaza de San Pedro es una llamada
a vivir sin fronteras. Para la Iglesia, será oficial
el reconocimiento de la santidad de Marcelino y la proyectará
sobre el mundo, sin fronteras. María tampoco vio
que las cadenas montañosas fueran barreras insalvables.
Acudió presurosa a ayudar a su prima, que estaba
necesitada.
El corazón, en lenguaje bíblico,
se refiere a la esencia de la persona. En él se adoptan
las decisiones vitales, se mantiene el diálogo con
Dios y se encuentra la fuente inagotable del amor... Un
amor que, en Marcelino Champagnat, no conoció fronteras.
En el logo de la canonización aparecen
tres elementos entrelazados: una letra, el movimiento que
despliega la M y la esfera del globo terráqueo. Normalmente
se considera el analfabetismo como un indicador de carencias
educativas. La promoción de la persona, que pasa
por desarrollar al máximo sus cualidades, implica
la capacidad de saber leer el mundo de la vida. La ignorancia
del joven Montagne estimuló al joven sacerdote Marcelino,
de 27 años, a crear el Instituto de los Hermanos
Maristas. La letra seleccionada del alfabeto es la M, que
simboliza a Marcelino, a María, a los Maristas.
En Champagnat, el bien de la persona alcanza
su sentido pleno cuando es vivido como realización
espiritual, como santidad. La santidad es como un aroma
que envuelve el mundo porque el bien no tiene fronteras
como el corazón de Marcelino. El proyecto de su misión
no se encierra en el propio ombligo de forma egoísta,
sino que se abre a la plenitud del mundo: “Todas las
diócesis del mundo entran en nuestras miras”.
La santidad, que es la expresión espiritual del amor,
une el individuo con el mundo. El 18 de abril tendrá
lugar el reconocimiento oficial, como acto importante del
Magisterio de la Iglesia, de la santidad de Marcelino. El
corazón de Champagnat alcanzará la entraña
del mundo porque dejó que Dios arraigara en la suya
propia. Un modelo y una invitación para todos nosotros. |