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La convicción de la santidad
de Marcelino Champagnat, el tesón y los buenos oficios
del hermano Gabriel Andreucci, han sido decisivos para que
Marcelino Champagnat suba el 18 de abril a los altares.
La clave ha estado en el reconocimiento, tras un laborioso
estudio por parte de los médicos, por parte de la
Congregación de las Causas de los Santos, de la curación
milagrosa del hermano Heriberto Weber. El milagro ha sido
reconocido -dice el hermano Andreucci- porque, estando enfermo
de muerte, de manera inexplicable para la ciencia, recobró
la salud.
Lluís Serra. Roma
Los superiores maristas pusieron, hace
ocho años, en manos del hermano Gabriel Andreucci
la confianza y la responsabilidad de dar el empujón
final al proceso de canonización para subir a Marcelino
Champagnat a los altares.
H. Lluís Serra: ¿Este trabajo ha sido
el más importante de su vida?
H. Gabriel Andreucci: El trabajo más
importante de mi vida ha sido seguir a Jesús tras
las huellas de Marcelino. Yo me he encontrado con un proceso
ya encaminado, llevado a cabo por uno de mis predecesores:
el Hermano Carazo. El proceso había sido abandonado
porque los juicios breves solicitados a los doctores habían
desaconsejado continuar. No había claridad en el
diagnóstico. Un buen día llegó la siguiente
comunicación de parte de la Sagrada Congregación:
“Tenéis un proceso que ha obtenido el decreto
de validez jurídica. ¿Deseáis continuarlo?”
Sentí la voz del Señor que me pedía
continuara, y presenté la positio sabiendo que el
reconocimiento del milagro era difícil; pero no se
puede perder el ánimo ante la adversidad. Ahora,
lo que cuenta es que Marcelino será declarado santo
el 18 de abril. El trabajo ha merecido la pena y la alegría
que tenemos cuantos hemos colaborado en el proceso, compensa
todos nuestros trabajos.
Don de Dios
HLS: ¿Por qué
tanto interés por la canonización?
HGA: Para cualquier institución
religiosa, tener un santo entre sus miembros es un gran
acontecimiento. Tener un santo es un don que Dios da a una
familia religiosa. Por otra parte, está el deber
moral de las instituciones de solicitar que su fundador
sea propuesto como modelo para toda la Iglesia. Es una forma
de facilitar a muchos cristianos el camino de su propia
santificación.
Maestro para nuestras vidas
HLS: ¿Qué significa
para la institución marista la canonización
de su Fundador?
HGA: El reconocimiento oficial de la Iglesia
de que nuestro fundador es un hombre de Dios, suscitado
por el Espíritu Santo para conducir a la santidad
a todos aquellos que caminan tras sus huellas. Puede, además,
ser propuesto como modelo de referencia para la propia vida,
como seguro intercesor ante Dios y, naturalmente como un
maestro, puesto que no sólo ha vivido sino también
ha enseñado una doctrina relacionada con su carisma
y su espiritualidad. Esta doctrina es avalada por la Iglesia
como válida y segura.
En el caso de nuestro fundador, no tenemos
un cuerpo de doctrina muy extenso, pero sí lo esencial.
Podemos estar seguros de que todo lo que él nos enseñó
acerca de la vida religiosa, corresponde a la doctrina evangélica.
Todo lo que él nos enseñó sobre la
espiritualidad mariana, resumido en pocas palabras: «Todo
a Jesús por María, todo a María para
Jesús», es un camino evangélico de santificación.
Todo lo que nos enseñó sobre la educación
de los jóvenes, está en concordancia con la
doctrina de la Iglesia.
El Espíritu Santo no envejece
HLS: ¿Qué puede
decir un santo de ayer a los jóvenes de hoy?
HGA: No me gusta la expresión ‘un
santo de ayer’, porque el Espíritu Santo no
ha envejecido y los santos lo son por la influencia de ese
mismo espíritu. El Espíritu Santo es siempre
joven.
Nuestro deber es percibir y responder a
los retos que nos presentan nuestros Santos. Las respuestas
tienen que ser aquí y ahora, pero no hay ni hoy ni
mañana en la santidad. La actualidad del Fundador
está en su lenguaje, válido para los jóvenes
y para los religiosos de hoy. La realidad de hoy se encuentra
en la de ayer con sus diversas manifestaciones y modalidades;
las respuestas tendremos que darlas cada uno de nosotros
en nuestro tiempo.
Su lado humano
HLS: ¿Qué cualidades
de Marcelino destacaría?
HGA: Humanamente hablando, es una persona
de gran equilibrio y exige esta misma cualidad a sus seguidores.
Ésta es la primera cualidad. En segundo lugar, es
una persona de una gran prudencia, no solamente humana sino
también sobrenatural. Y sobre todo, su meta suprema
era Dios y el bien de las almas. En su biografía
se quitó todo aquello que en su tiempo no gustaba,
para quedarse solamente con el perfil moral: una santidad
rígida que se cargó todo su lado humano.
HLS: ¿Cuánto
dinero cuesta canonizar a una persona?
HGA: Los gastos más importantes
son los del proceso diocesano, ya que hay que pagar a los
jueces. Los testigos, por supuesto, lo hacen gratis. Se
debe pagar también la impresión de la documentación.
Para la Positio esto ha costado 3.000.000 de pesetas. Para
la sesión de los teólogos hay que cotizar
900.000 pesetas. Los gastos van subiendo según el
número de páginas que se imprimen. A los médicos
se les pagó un total de 5.000.000. Después
habrá que abonar los gastos que conlleva los actos
de la canonización.
Alegría compartida
HLS: ¿Qué sentirá
el 18 de abril en la Plaza de San Pedro cuando Juan Pablo
II declare santo a Marcelino Champagnat?
HGA: Una gran alegría. La alegría
de saber y de sentir que uno tiene como padre a un hombre
grato a Dios, identificado con Cristo, propuesto por la
Iglesia para que tanto yo como los demás cristianos
le imitemos.
Viví la beatificación de
Marcelino Champagnat en el colegio, con mis alumnos y sus
familias y, si Dios quiere, viviré la canonización
con mis hermanos y con toda la familia marista que acuda
a Roma. |