| XIX
CAPÍTULO GENERAL - 1993 |
CONFERENCIA
GENERAL
CIRCULAR 8.11.97
|
CANONIZACIÓN
1999
|
| 1.
Ver: realidades e interpelaciones del mundo,
la Iglesia y el Instituto. |
1.
Ver: ¿dónde estamos como
Instituto? |
1.
Ver: el don de la canonización de
Marcelino Champagnat hoy. |
| 2.
Juzgar: nuestras convicciones y llamados
a evangelizar |
2.
Juzgar: la refundación del Instituto
(= reorientar efectivamente el Instituto en la línea
de las intuiciones e intenciones que tuvo el Fundador
en los orígenes de la Congregación). |
2.
Juzgar
-
Un don para la Iglesia universal, el Instituto
y la sociedad.
-
Una llamada eclesial a la refundación
del Instituto
Con audacia y esperanza.
|
3.
Actuar: nuestros compromisos
-
Misión
-
Solidaridad
-
Relaciones seglares
-
Espiritualidad Apostólica marista
-
Formación
Animación-gobierno
|
3.
Actuar (unificando todas nuestras prioridades)
-
Profundizar nuestra espiritualidad marista
(dimensión marial y apostólica,
vocación de hermano y apóstol
de jóvenes, unificación de la
vida, en el mundo intercultural de hoy).
-
Desarrollar la propuesta de misión y
solidaridad (transformación de estructuras,
nuevas presencias, preferencia por los más
pobres y abandonados).
-
Compartir la misión marista con los seglares
(compartir espiritualidad y responsabilidades;
complementariedad vocacional en la Iglesia;
aplicación del proyecto educativo).
-
Pastoral de vocaciones y la formación
(urgencia; presencia significativa entre los
jóvenes: testimonio personal, comunitario
y de las obras; invitación; planificación
y colaboración (laicos, iglesias locales,
otras Provincias)
|
3.
Actuar hoy en la línea de la refundación
como fidelidad al proyecto de Marcelino, en un contexto
histórico nuevo y de encarnación en
la diversidad cultural.
-
Compromisos claros que sean indicadores de avanzar
en la línea de las cuatro prioridades.
-
La vivencia profunda de la solidaridad desde
la perspectiva del carisma.
-
La presentación de Marcelino
-
como joven que responde con generosidad
y decisión a las llamadas de Dios;
-
como educador que es un modelo en el amor
y la entrega a los niños y jóvenes;
-
como sacerdote que se entrega a su misión
parroquial y a la catequesis (como su compañero
de seminario el santo Cura de Ars y Julián
Eymar);
-
como religioso (padre marista) que hermana
la sintonía con Dios y la sensibilidad
por el mundo dando respuestas creativas
desde el Evangelio;
-
como cristiano que ha sabido seguir a Cristo
al estilo de María de Nazaret;
como fundador de un Instituto religioso.
Ser marista hoy tiene sentido y vale la
pena (somos herederos de su espíritu).
|