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¿Por qué la Iglesia canoniza?
Todo grupo humano o religioso necesita
"modelos de referencia", líderes que sean
expresión de sus ideales o metas . Y cuando estos
personajes no los encontramos en la vida real nos sentimos
desorientados. No dudo que en la experiencia y en la mente
de cada uno de vosotros y vosotras está presente
el recuerdo de personas que han tenido un impacto positivo
en vuestro crecimiento humano y espiritual. ¿Recuerdas
qué personas han sido punto de referencia en la orientación
de alguna etapa de tu vida? ¿Qué santos o
santas han influido en ti?
La Iglesia es un grupo humano-divino que
también necesita líderes como expresión
de sus ideales evangélicos en cada etapa de la historia.
Necesita modelos de referencia, hombres y mujeres, que con
su vida, han puesto de manifiesto un estilo y una forma
evidente de ser discípulos de Jesús. Tiene
necesidad de ellos siempre pero, de modo especial, en etapas
de transición. En esas situaciones complejas y de
cambio, necesita personas intuitivas, con carisma, profetas,
personas que propongan utopías de esperanza y conduzcan
hacia esas metas. Algo parecido se puede decir de un instituto
religioso o de la misma sociedad.
¿Cómo se hace un
santo o una santa?
En la vida normal, la Iglesia ha establecido
unos procesos para autentificar la santidad de algunas personas
a fin de presentarlas a la comunidad eclesial y al mundo
como hombres o mujeres "santos", es decir, modelos
de vida evangélica, testigos sobresalientes de la
fuerza del Espíritu Santo en el mundo.
Los procesos que concluyen con la canonización
requieren serios trabajos sobre la vida, los testimonios
y la irradiación espiritual que después de
su muerte sigue suscitando la vida de una persona cristiana.
Entre los signos necesarios para una canonización
se requiere una señal milagrosa atribuida a la intercesión
de esa persona. Normalmente suele ser la curación
de una enfermedad, ocurrida de forma inexplicable, cuando
los médicos ya no tienen soluciones a partir de los
adelantos con que la medicina cuenta en ese momento concreto.
En el caso del P. Champagnat el milagro se realizó
en la persona del hermano Heriberto Weber el año
1976, en el Uruguay.
Son varias las personas que preparan la
información y los documentos necesarios para cada
proceso de canonización. Al responsable directo se
le llama "Postulador de la Causa". Por parte del
Vaticano hay expertos que estudian y autentifican los hechos
presentados, si es el caso. En este grupo de personas se
incluyen médicos que ejercen su profesión
y, además, prestan este servicio en los asuntos de
su competencia.
Actualmente los seglares pueden ser "Postuladores".
Conozco uno que dejó el trabajo de abogado y optó
por este servicio eclesial. Me comentaba que esta experiencia
le está siendo muy valiosa para su vida cristiana
y con fino humor añadía: "Mi esposa me
dice que hago "santos" a otros pero que yo no
lo soy".
¿Para qué sirven
los santos y santas?
¿Qué quiere decir que una
persona es reconocida como "santa" por la Iglesia?
¿Significa que nació "santa" y que
vivió la perfección cristiana siempre y sin
límites de ningún tipo?
Cuando la Iglesia canoniza a alguien y
lo propone como modelo de vida cristiana, lo que nos está
diciendo es esto: dejaos formar... dejad que el amor de
Dios os transforme (os convierta)... dejad que vuestro corazón
responda generosamente a ese amor de Dios. El amor es más
fuerte que la muerte (y el pecado es muerte); el amor triunfará
en vosotros si le dejáis. Tal como hizo Marcelino
Champagnat.
Creo que hay que situar la canonización en el normal
desarrollo de una vida cristiana que se deja guiar por el
Espíritu de Dios. Alguien que sin dejar de experimentar
los propios límites (e incluso pecados) se abre con
generosidad a la gracia e intenta con decisión dejar
que el Espíritu moldee en su vida la imagen de Jesús.
"Revestirse de Cristo"... "Tener los mismos
sentimientos que tuvo Cristo Jesús" (cf. Col.
3, 12-16).
Con frecuencia se tiende a igualar al
"santo" con la milagrería. Pero no. El
santo no es un superhombre. No es un "extra-terrestre".
Santo es uno que hace con su vida algo que los demás
no suelen hacer. Buen número de personas: nacen,
crecen, juegan, comen y beben, trabajan, desean, aman, traicionan,
se arrepienten de ser vulgar y lo siguen siendo, piensan
en sí mismas pero ignoran a los demás…
el recuerdo de tal vida se diluye pronto. A nadie le interesa,
porque fue una vida "sin vida".
Santo (o santa) es una persona que dedica
su vida (no sólo algunos años) a que algunas
cosas importantes cambien. Y para cambiar lo que está
mal no hay más técnicas que cambiar la propia
vida y ponerla al servicio del Reino de Dios. Está
claro que no es posible "ganar todo el mundo sin perder
la vida" (cf. Mt. 17, 22-23) sin darla generosamente
y por amor y sin una actitud de rectificar y superar los
errores (¡conversión!). Y esa es la trayectoria
de los santos y santas. Todo santo tiene sus límites.
Y los reconoce (precisamente ésta es una buena señal
de que se vive auténticamente la conversión,
la purificación, la santificación). El santo
nunca dirá: "Señor, yo no soy como los
demás" (cf. Lucas 17, 11-13). Es consciente
de su real debilidad. No tiene falsas humildades.
Un día preguntaron a un anciano
monje qué hacían en el monasterio, y él
respondió: "¡Bueno! Caemos y nos levantamos,
caemos y nos levantamos…". El hecho de que hayamos
optado por vivir nuestra fe cristiana de forma coherente
o nuestra vocación como Hermanos consagrados, no
nos pone al abrigo de las dificultades para llegar a ser
adultos en Cristo. El crecer en madurez exige que atravesemos
períodos de crisis. Y en esas situaciones tenemos
necesidad de un entorno en el que podamos caer y levantarnos
mientras andamos titubeando hacia el Reino de Dios. ¿Nos
sirven de apoyo nuestras comunidades o grupos de vida cristiana
en ese momento?
Personalmente siento la canonización
de Marcelino Champagnat como un don de Dios y un regalo
de la Buena Madre para toda la Familia Marista. Para los
hermanos es una gracia que nos reafirma en nuestra vocación
como consagrados laicos que deseamos seguir a Jesús
tras las huellas de Marcelino evangelizando a los jóvenes
mediante la educación. Para las personas seglares
y sobre todo, para los jóvenes, la canonización
es la justificación del amor y admiración
que sienten por Marcelino y la confirmación de que,
en la vivencia del Evangelio, en Champagnat tienen un modelo
a imitar.
¿Cómo celebrar la
canonización de Marcelino?
Los hermanos del Consejo General hemos
compartido nuestras expectativas sobre la canonización
y el significado que para nosotros tiene, en este momento
concreto de la vida del Instituto, de la Iglesia y teniendo
en cuenta la niñez y la juventud, porque ellos y
ellas están en el centro de la misión que
nos transmitió Marcelino.
De forma breve indico algunos de nuestros
deseos y esperanzas:
a) Creemos que la canonización es
un don, una gracia y una oportunidad para iniciar una nueva
etapa en el Instituto, en la que hermanos y "personas
seglares que se sienten maristas" asumamos compromisos
en la línea del carisma y de la espiritualidad de
Champagnat. Se trata de animarnos a mirar hacia delante
para "renacer", sin detenernos en la alegría
de ver realizado lo que durante tantos años hemos
deseado y pedido.
b) Valoramos este acontecimiento como un
tiempo favorable para profundizar en nuestra espiritualidad
tal como lo expresan nuestras Constituciones : "La
espiritualidad que nos legó Marcelino Champagnat
tiene carácter mariano y apostólico. Brota
del amor de Dios, se desarrolla por nuestra entrega a los
demás y nos lleva al Padre. Así armonizamos
apostolado, oración y vida comunitaria" (C 7).
c) Deseamos vivirla como un acontecimiento
eclesial que nos ayude a integrarnos más en la Iglesia
local y diocesana. En la canonización podemos encontrarnos
todos: hermanos y seglares con quienes compartimos misión
y espiritualidad, las cuatro congregaciones maristas, otras
familias religiosas con quienes estamos muy cercanos en
la misión y en un estilo de vida consagrada muy similar
como son los "Institutos de hermanos".
d) Nos gustaría celebrarla con otras
congregaciones e instituciones que, como nosotros, esperan
la canonización de alguno de sus "beatos o beatas".
Y a esto nos mueve el deseo de ampliar nuestra visión
de la Iglesia y compartir el mismo acontecimiento con otras
familias religiosas.
e) Nos sentimos impulsados a situarnos,
como Marcelino y con él, ante un mundo que se nos
ofrece como "mies abundante" y que espera segadores.
Un mundo de jóvenes que espera encontrarse con el
"hermano" amigo, presente y cercano a su realidad,
compañero de ruta con quien compartir la búsqueda
de Dios, el "hermano" que ama y que como Marcelino
"cada vez que se encuentra con un niño, con
un joven… sienta deseos de decirle cuánto lo
ama Dios". Por ello nos gustaría que los niños
y jóvenes, ellos y ellas, estén muy presentes,
sean protagonistas activos, porque son los amigos y las
amigas de Marcelino.
f) Queremos estar abiertos al Espíritu
para dejarnos interpelar por las situaciones del mundo (injusticia,
pobreza, marginación …). Se trata de descubrir
y responder con el corazón de Marcelino a los "Montagne"
de hoy. Abrigamos la esperanza de "re-leer el carisma
marista, mirar con ojos de Champagnat, apropiarnos de su
corazón" para que el Instituto Marista opte
más decididamente por los pobres, porque ellos tienen
derecho a nuestra preferencia.
H. Benito Arbués,
Superior General |