Una de las primeras iniciativas
de la Administración del Presidente Miguel Ángel
Rodríguez Echeverría fue la de volver a nombrar
un embajador residente en la Santa Sede después que
desde 1968, los embajadores eran concurrentes, residentes
generalmente en España o Francia, quedando en Roma
solamente un encargado de negocios ad interim.
Posteriormente a esta decisión, el
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Ing. Roberto Rojas,
de acuerdo a lo convenido con el nuevo embajador, establecieron
un plan de trabajo para el entero periodo de gobierno, programando
una serie de proyectos con el fin de fortalecer las relaciones
diplomáticas entre la Santa Sede y la República
de Costa Rica.
La Santa Sede fue el primer Estado europeo
en reconocer a Costa Rica como país soberano e independiente.
En febrero de 1950, papa Pio IX Mastai Ferretti, creó
la primera diocesis y nombró a Monseñor Anselmo
Llorente y Lafuente como primer obispo del país. Este
reconocimiento adquirió gran importancia para la nueva
República, produciendo también nuevas relaciones
diplomáticas con las naciones europeas.
El año del Gran Jubileo del 2000
coincidió con el aniversario de los 150 años
de este reconocimiento. Una fecha doblemente importante para
mi país, lo que determinó que para celebrar
la misma, como primer acto concreto, fueron suprimidas los
visados entre la República de Costa Rica y la Santa
Sede.
Después de estos gestos de caracter
formal, se realizaron muchos otros, anticipados por la visita
en Vaticano del Presidente Miguel Ángel Rodríguez
Echeverría, que fué el primer Jefe de Estado
en atravesar la Puerta Santa. Las relaciones se enfocaban
hacia diferentes frentes, y junto a la atención por
la beatificación de Sor María Romero, religiosa
muy venerada por el pueblo costarricense, se sentía
la aspiración de donar al Santo Padre una obra cultural,
realizada por un artista de Costa Rica.
Mi primer pensamiento se dirigió
al trabajo del escultor Jiménez Deredia, de quien conocía
y apreciaba la obra, y que además, para el año
1999, había obtenido el premio Beato Angelico. Como
representate diplomático, empecé los primeros
contactos para que el deseo se convirtiera en una forma real
de actuación. Se discutió el proyecto con su
Eminencia Monseñor Francesco Marchisano, Presidente
de la Comisión Pontificia encargada de los Bienes Culturales
de la Iglesia. Siguiendo los consejos de Monseñor Marchisano
, los primeros contactos se llevaron a cabo bajo la dirección
de los Museos Vaticanos. Era importante para el pueblo de
Costa Rica testimoniar a través del arte, el profundo
respeto y admiración por el Santo Padre, Juan Pablo
II.
La falta de espacios adecuados en el interior de las estructuras
contemporaneas de los Museos Vaticanos y el significado particular
que se quería trasmitir con la obra de Deredia, nos
impulsaron a buscar nuevas soluciones, enfocando casi naturalmente
nuestra atención hacia las Grutas Vaticanas, lugar
rico de recuerdos y de significados históricos y espirituales.
También en esta ocasión, la inexistencia de
un espacio adecuado parecía alejarnos de la aspirada
solución.
Manifestado en varias ocasiones el deseo
de mi país, fue durante una cena en la embajada que,
de forma totalmente casual, nuestro proyecto pareció
encontrar su verdadero camino. Mientras se discutía
sobre temas artísticos con los invitados, el Dr. Alfredo
Maria Pergolizzi, responsable de la Oficina Fotográfica
de la Fábrica de San Pedro, nos informó que
Su Eminencia El Cardenal Virgilio Noè, Arcipreste de
la Patriarcal basílica Vaticana y Presidente de la
Fábrica de San Pedro, además de haber escrito
un libro sobre la historia de las esculturas de santos fundadores
de órdenes y congregaciones religiosas, había
promovido un nuevo encargo artístico para continuar
el proyecto escultórico con nuevas obras realizadas
por artístas contemporaneos. Las nuevas estatuas tendrían
que ser colocadas en los nichos exteriores de la basílica
Vaticana.
Además de lo anterior, en aquel momento
la congregación de los Hermanos Maristas de las Escuelas,
después de la canonización de San Marcelino
Champagnat , tenían interés de partecipar en
la iniciativa de Su Eminencia y de realizar la escultura de
su fundador.
La Fábrica de San Pedro organizó
un primer encuentro en el que partecipó el hermano
Gabriele Andreucci, postulador del proyecto de canonización,
seguido por una segunda cita con el hermano Luis Serra. En
esta ocasión se aclararon aspectos prácticos
y organizativos de lo que se reveló como una aventura
espiritual y cultural.
Los acontecimientos posteriores son esculpidos
en la memoria de cada uno de nosotros. Desde la designación
del nicho, libre y aislado sobre la Plaza de Santa Marta,
en la estructura arquitectónica proyectada por Miguel
Angel, a las conversaciones en las cuales se unían
a las ideas del escultor, los deseos de los Hermanos Maristas
y las opiniones de la Fabrica de San Pedro, hasta la llegada
de la escultura en Vaticano. Durante una mañana llena
de emociones, las horas trascurrían dejando todos sin
respiración, hasta el momento en el cual la última
faja se desganchó y la obra de Jiménez Deredia
fue recibida entre la antigua piedra en travertino del Máximo
Templo de la Cristiandad; desde ese momento, la imagen del
pueblo costarricense se unió al coro de pueblos representados
por sus artistas que, con el pasar de los siglos habían
homenajeado este monumento de la arquitectura, edificado sobre
la Tumba de Pedro.
Marcelino Champagnat representa para mi
el logro de una meta para el pueblo costarricense, aunque
también una singular coincidencia entre el espíritu
que ha caracterizado la vida del Santo con la política
cultural de nuestro pueblo, en la cual la educación
de los jóvenes ha sido un tema de trascendental importancia
desde cuando, después de la abolición del ejército,
el gobierno de aquel momento transformó los cuarteles
en centros de formación y utilizó los recursos
antes destinados a la militarización a la enseñanza
gratuita y obligatoria.
La colocación de la escultura de
Jiménez Deredia fue una gran empresa, por la cual muchos
trabajaron con discresión y entusiasmo, condividiendo
el deseo profundo y sincero de mi país y creyendo en
la obra espiritual y artística de Jiménez Deredia. |