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Marcelino champagnat
 
Bendición e inauguración de la estatua de San Marcelino Champagnat
 
Lluís Serra Llansana, fms

 

Los ojos escrutadores de Juan II contemplan la estatua de san Marcelino, ya completamente desvelada. El lienzo descansa en el suelo por unos instantes antes de ser retirado por los trabajadores de la Fábrica de san Pedro. El blanco marmóreo de Carrara se refleja en las pupilas de todos los asistentes. La estatua con pedestal incluido supera los cinco metros de altura. Las ajustadas proporciones de la Basílica absorben la grandeza produciendo un resultado de armonía. Sólo cuando se entra en contrastes comparativos, la inmensidad se hace evidente. Sin querer, el pensamiento vuela hacia el momento de la colocación de la escultura en la hornacina.

Colocación de la escultura

El viernes 15 de septiembre es el día reservado a la colocación. El largo trailer que transporta la estatua hace rugir sus motores durante toda la noche para trasladarla desde Carrara hasta las puertas de la Ciudad Eterna, a donde llega antes de despuntar las primeras luces de la aurora. La tensión marca todos los minutos de la jornada. Por fin el sueño acariciado durante tantos meses está a punto de cumplirse, pero la colocación entraña riesgos que pueden echar al traste el trabajado realizado. La emoción de ver tan próxima la meta puede hacer temblar el pulso. El miedo escénico puede cobrarse su precio. El trabajo de equipo es indispensable.

A las 7 de la mañana, el trailer entra a la plaza de Santa Marta. Poco a poco, el bullicio crece, cuando llegan los artesanos de Carrara, expertos en operaciones de este tipo, que conocen muy bien la estatua. A ellos se añade, una grúa imponente, capaz de alzar 60 toneladas y de desplegar un brazo de 40 metros de diámetro, dirigida por su propio equipo de trabajadores. Las 25 toneladas de la escultura no son su principal desafío, sino la precisión y la necesidad de que no reciba el mínimo rasguño.

La plaza de Santa Marta es lugar de mucho tráfico. El paso de un presidente con su séquito y la circulación habitual postergan el inicio de las operaciones hasta la una y media de la tarde. Superada la tensión de la espera. Jiménez Deredia dirige las maniobras integrando a los dos equipos de trabajadores. Se bajan del camión la estatua y el pedestal para depositarlas en el pavimento de la plaza. Posteriormente, su sube la base al entarimado, construido para esta ocasión y capaz de soportar las 25 toneladas de peso de la escultura. De ahí a la hornacina. El amarre de la estatua con las cinchas constituye la operación más laboriosa y larga. Un desequilibrio o una rotura precipitaría el inmenso bloque al suelo. La grúa alza la escultura y la coloca entre los pines del pedestal incrustándola en la barra de acero, prevista por el escultor para contener posibles deslizamientos por movimientos sísmicos. Todo se lleva a cabo como se había previsto, bajo la mirada atenta del cardenal Virgilio Noè. Tras unos retoques, la operación se culmina con éxito.

El Papa bendice la escultura

La agenda jubilar de Juan Pablo II está llena de acontecimientos e incluye en la misma la bendición de la estatua de san Marcelino, aceptando así la invitación del Instituto de los Hermanos Maristas a presidir este acontecimiento, que tiene lugar inmediatamente tras la audiencia del miércoles, 20 de septiembre de 2000, celebrada en la plaza de San Pedro. Las hemerotecas permiten confirmar que Marcelino Champagnat es el primer santo canonizado en tener una estatua en la Basílica de San Pedro mientras vive el Papa que lo ha inscrito en el libro de los santos y además es el único de los canonizados por Juan Pablo II en tener una estatua en la Basílica. San Marcelino fue siempre fiel vida al Papa de Roma, superando las corrientes de su época que se encaminaban hacia la construcción de una iglesia nacional francesa. Esta presencia de Juan Pablo II constituye un reconocimiento al sentido universal del santo y a su apertura hacia el futuro, ya que esta celebración se enmarca en los actos del Jubileo que abre las puertas de la Iglesia hacia el tercer milenio.

El H. Benito Arbués, Superior general del Instituto de los Hermanos Maristas lee un breve discurso:

“Santo Padre,
Le dirijo estas palabras de saludo y de agradecimiento, en nombre de las personas aquí presentes y de otras muchas que por motivos de admiración a San Marcelino Champagnat y de gratitud a la persona del Papa, se unen espiritualmente a este significativo acontecimiento.

S.S. canonizó a Marcelino Champagnat el 18 de abril de 1999. Fue un obsequio el que nos dio a las cuatro congregaciones nacidas de la Sociedad de María, a la Iglesia Universal y de modo especial a los jóvenes. San Marcelino es un modelo de santidad para sus hijos espirituales y también para muchos jóvenes que sedientos de valores buscan a Jesús.

Esta estatua que S.S. bendice hoy, es un presente del Pueblo y de las autoridades de Costa Rica y una obra maestra del escultor Jiménez Deredia.
Desde esta hornacina San Marcelino, seguirá ofreciendo mensajes del amor de Jesús y de María a muchos educadores cristianos y a jóvenes que al peregrinar a Roma, revivirán la experiencia religiosa de la Jornadas Mundiales de la Juventud de este Año Jubilar.

Santo Padre, muchas gracias por estar aquí con nosotros. Pedimos a María Madre de la Iglesia que le acompañe en este peregrinar del Jubileo 2000 para que siga siendo testigo de esperanza y del amor de Dios para nuestro mundo.”

El Papa lo felicita cordialmente juntando las manos con un gesto de aprobación e intercambian brevemente unas palabras. Se alza de su sitial y eleva su oración en voz alta.

Toma el hisopo con su mano derecha y lo dirige hacia al escultura enviándole el agua de la bendición, así como también a los presentes. El viento sopla con ímpetu. La belleza de la estatua concreta la catequesis que Juan Pablo II acaba de dirigir en la audiencia: "Quien realiza la verdadera experiencia del amor de Dios, no puede evitar repetir con conmoción siempre nueva la exclamación de la primera carta de Juan: '¡Qué grande amor nos ha dado el Padre para ser llamados hijos de Dios y lo somos realmente!' (1 Jn 3, 1)". Jiménez Deredia simboliza en la escultura de Marcelino la fortaleza de quien lleva sobre sus hombres el peso de la infancia y la ternura de quien la ama según el modelo de Cristo y de María.

El besamanos culmina la celebración. El escultor, su mujer Giselle y su hijo Esteban reciben una afectuosa acogida por parte del Papa. Diversas personalidades asistentes, entre las que se encuentran de los financiadores, rinden al Papa el tributo de su fidelidad y afecto. El Papa se despide con el signo de la cruz y con el saludo a todos los presentes, sube al automóvil, que abandona la plaza de Santa Marta.

La celebración eucarística y la inauguración oficial

El Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro es el lugar escogido para celebrar la Eucaristía a las cinco de la tarde. La preside Mons. Román Arrieta Villalobos, arzobispo de San José de Costa Rica y actúan de concelebrantes numerosos sacerdotes. Gran cantidad de peregrinos, presentes en Roma para vivir el Jubileo, se suman a los invitados. La coral de la Basílica acompaña con sus voces el desarrollo de la liturgia. El incienso y las vidrieras de Bernini crean una atmósfera mística de espiritualidad. La Palabra de Dios ilumina la vida de san Marcelino: "Extenderé su doctrina como una profecía, la transmitiré a las generaciones futuras" (Ecl. 24, 30-34) y "El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí" (Mt. 18, 1.7-10). La homilía enmarca el sentido del acto y comenta los textos bíblicos. El canto del "Salve Regina", tan apreciado por Marcelino, cierra la celebración eucarística.
La inauguración repite el escenario de la mañana con alguna pequeña modificación. Unas filas de asientos se abren en abanico frente a la estatua, que conjuga la modernidad de sus trazos con la tradición de las paredes de la Basílica. La coral de la Basílica introduce la nota musical del "Te Deum".

El H. Benito Arbués dirige unas palabras de saludo y agradecimiento, que son seguidas por una lección magistral del Cardenal Virgilio Noè en la que se entremezclan la historia, la arquitectura, la escultura y la espiritualidad. Un caluroso aplauso sigue a la intervención del cardenal Virgilio Noè. Los presentes contemplan una vez más la estatua. La frialdad física del mármol de Carrara se ha rendido a Jiménez Deredia. Ahora, aquel bloque arrancado de la cantera Figaia número 92 transmite ternura, fortaleza, belleza y espiritualidad. Al acabar la ceremonia, la Embajada de la República de Costa Rica ante la Santa Sede y los Hermanos Maristas de la Enseñanza ofrecen una recepción en la biblioteca de la Fábrica de San Pedro.

Asistimos al crepúsculo de un sueño. La escultura de san Marcelino Champagnat, como una realidad perennemente ofrecida a la contemplación, puede hacer nacer otros sueños y servir de estímulo para que siempre haya educadores y apóstoles que eduquen a los niños y a los jóvenes con la fuerza indestructible del amor.

..." El buen Jesús promete llevaros sobre sus hombros para ahorraros el
trabajo de andar "...
San Marcelino Champagnat
Carta al H. Bartolomé, 1 de noviembre de 1831

 
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