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| Marcelino Champagnat |
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| Tres rostros de San Marcelino |
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| FMS Mensaje 28, febrero 2000 |
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La canonización ha lanzado un nuevo
rostro de San Marcelino, un rostro con dimensión
universal. Ha traspasado el marco del Instituto Marista
para convertirse en patrimonio de toda la Iglesia. Presentamos
aquí tres rostros, correspondientes a tres momentos
importantes de su historia, inmortalizados en tres pinturas.
La primera, que se llevó a cabo en los instantes
inmediatos a su muerte, pretende ajustarse a su realidad
física. Un intento, desde otra área, ha sido
realizado recientemente en Brasil a través de la
reconstrucción craniométrica de Marcelino.
Los datos que aporta la investigación no pueden alcanzar
a la expresión del rostro. La segunda, correspondiente
a su beatificación, subraya su dimensión trascendente,
por razones espirituales de la época histórica
y personales del artista. La tercera, colocada en la fachada
de la Basílica de San Pedro en el día de su
canonización, acentúa su dimensión
pastoral, propia de “un corazón sin fronteras”. |
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El problema de un rostro histórico |
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Antes de que la fotografía se popularizara,
el mandar hacer su propio retrato se consideraba una muestra
de orgullo o de lujo que los religiosos debían evitar.
La mentalidad era que el único retrato que tenían
que dejar de sí mismos era el de Cristo, a quien
debían imitar fielmente. Esta espiritualidad, aunque
loable del punto de vista ascético, puede considerarse
reprobable desde el punto de vista histórico.
Para conciliar estos dos aspectos contradictorios,
las congregaciones religiosas idearon tres posibles soluciones:
- La primera y más sencilla consistía en que
una asamblea o capítulo o un estatuto decidiera que
todo Superior debía hacerse retratar. Un ejemplo
de casa: en la sesión del 17 de julio de 1860, el
Capítulo General de los Hermanitos de María
otorgó al Hno. Francisco, dimisionario, el plazo
de 6 meses para responder a esta obligación. Y así
lo hizo.
- La segunda solución era más discutible:
se echaba mano de un pariente cercano. Éste fue el
caso de San Pedro Mª Chanel, martirizado en Oceanía:
su hermana, religiosa marista, posó para él.
- La tercera solución consistía en esperar
el fallecimiento del interesado, del que se quería
perpetuar los rasgos. Ésta fue la utilizada para
el Padre Champagnat. |
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EL RETRATO OFICIAL, Ravery, 1840 |
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El
día mismo del fallecimiento, 6 de junio de 1840,
se llamó a un pintor de Saint-Chamond, amigo del
Fundador, el Sr. Ravery (que ya había realizado trabajos
de pintura para la capilla del Hermitage). Se aseó
y rasuró al difunto y lo revistieron con la sotana,
el roquete y la estola. Fue expuesto en su habitación,
sentado sobre un sofá, y le pusieron en la mano derecha
el crucifijo de su profesión. En una mesita contigua
se colocaron el breviario, el bonete cuadrado usado por
los eclesiásticos y las imágenes de Nuestro
Señor y de la Sma. Virgen. Dos cirios encendidos
alumbraban esta escena... tenuemente.
Marcelino Champagnat “estaba muy
pálido pero no desfigurado; su rostro conservaba
los rasgos varoniles y el semblante de bondad y dignidad
que en vida le daban tanto ascendiente sobre los espíritus
y que le ganaban los corazones.
Junto a él (a su cadáver),
no se tenía la menor sensación de repulsa;
al revés, uno se sentía a gusto y estaba feliz
de poderlo contemplar” (Cf. VIDA, ed. bicenten., p.
257).
El pintor tuvo que trabajar apresuradamente
-(aunque, por supuesto, lo pintó y lo terminó
tranquilamente en su estudio de St. Chamond)-, y su cuadro
reflejó fielmente la rigidez cadavérica y
las órbitas hundidas propias de un difunto. Un blasón
con la leyenda “histórica”, colocado
antiestéticamente en el ángulo superior derecho,
servía para identificar al personaje y conferirle
el sello de “retrato oficial”.
Este retrato, conservado primeramente
en Ntra. Señora del Hermitage, desde 1840 a 1858,
fue trasladado a la nueva Casa-madre de St. Genis-Laval,
junto y con todas las demás “reliquias Champagnat”,
y allí permaneció hasta 1903. En esa fecha,
y con motivo de la gran dispersión que siguió
al decreto de supresión y expulsión de las
Congregaciones religiosas, el famoso retrato desapareció
y se le creía perdido definitivamente. En 1934, el
Hno. Jean-Emile, a la sazón Secretario general del
Instituto, le dedicó un artículo en el “Bulletin”
(n° 95, del tomo 14). En este artículo, su autor
avanza la hipótesis de que el preciado retrato había
sido traído a España, a la casa provincial
de San Andrés de Palomar, Barcelona, y que desapareció
en ella durante el incendio que la destruyó con ocasión
de la Semana Trágica de Barcelona, en 1909. El Hno.
Jean-Emile tuvo la feliz idea de reproducir dicho retrato
en blanco y negro, sirviéndose para ello de una vieja
fotografía conservada en los archivos. Esto fue suficiente
para que un Hermano localizara, en un desván, en
una casa del norte de ltalia, el preciado “original”
confiado “provisoriamente” 30 años antes
a la casa de Carmagnola, cerca de Turín.
El hallazgo motivó la entrega del
cuadro a la Casa-Madre, por entonces en Grugliasco, y luego,
en 1939, junto con la Administración general, hizo
retorno a Saint-Genis donde permaneció hasta 1962,
fecha en la que llegó a la nueva Casa Generalicia
de Roma. En ella permanece en la actualidad, expuesto en
la capilla de los Superiores, junto a otras reliquias del
Fundador. Las dimensiones de este retrato son de 50 x 60
cm., y se hace notar que no lleva la firma del autor ni
tampoco la fecha de ejecución. |
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PINTURA OFICIAL DE LA BEATIFICACIÓN.
Ridolfi. 1955 |
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El
retrato oficial para la Beatificación de Marcelino
Champagnat se confió al pintor Tito Ridolfi, que
aceptó el encargo con entusiasmo y puso manos a la
obra. De vez en cuando, el H. Alessandro di Pietro, postulador,
iba a ver el resultado de su trabajo acompañado de
algún otro hermano. No le ahorraban observaciones.
El pintor, un poco cansado por las indicaciones que recibía,
exclamó que había puesto toda su pasión
para pintar el cuadro, que a menudo se había arrodillado
delante de él y que, en esa postura, había
considerado darnos lo mejor de lo que él consideraba
el resultado de su intuición, tras haber analizado
las varias representaciones que se le habían entregado.
Cuando presentó el boceto, los
hermanos consultados dieron su parecer favorable. Mientras
atendía a la ejecución del cuadro, perdió
inesperadamente la vista. Una vez más se arrodilló
frente a la imagen del Fundador para pedirle su recuperación.
Obtuvo visión parcial, de manera que, con dificultad,
pudo terminar el retrato, pero no reproducir fielmente la
imagen del boceto. Esta diferencia produjo desconcierto
entre los superiores que no ocultaron su desacuerdo. Pero
el autor no estaba en condiciones de retocarlo, cuando además
la Beatificación era inminente. Quedaron desdibujados
sus rasgos varoniles, acentuando de esta forma una trascendencia
angelical que bien podía concordar con una cierta
espiritualidad de la época, pero que no correspondía
con el intento original del boceto. |
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PINTURA OFICIAL DE LA CANONIZACIÓN.
Goyo. 1999. |
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El
equipo de la canonización encomendó a varios
pintores un retrato de Marcelino a finales de 1998. Se pidió
a los artistas un cuadro de entorno 50 x 70 cm (técnica
no definida) sobre el busto del Fundador sin ninguna imagen
sobre el fondo, que corresponda a un hombre de 40 años
(francés) y que exprese alegría, entusiasmo
y simpatía. Se hacía también referencia
a los derechos de autor y a algunos otros pormenores como
la fecha de entrega, etc. Se les proporcionó un mínimo
material, así como algunas descripciones literarias
de personas que convivieron con Marcelino y las características
del pasaporte. Llegaron realizaciones de cinco artistas,
cuatro hombres y una mujer. Se escogió la obra de
Gregorio Domínguez González “Goyo”,
pintada en acrílico, aunque se le pidió que
hiciera unos retoques para ajustarla a la edad que se había
solicitado.
Se le devolvió la obra, no sin antes
tomar negativos sobre la misma. Goyo efectuó los
retoques sobre el original y la obra resultante es la que
se transformó en gigantografía y se colocó
en la fachada de la Basílica de San Pedro el día
de la canonización. Goyo, 39 años, autor burgalés,
residente en Villalba (España), posee un amplísimo
repertorio de obras sobre Marcelino Champagnat. Su vinculación
al Instituto Marista a través de los compromisos
temporales le permitió un conocimiento muy pormenorizado
del Marcelino. Actualmente, es pintor profesional y expone
sus obras en distintas ciudades como Ginebra, Miami, Chicago...
El equipo de la canonización subrayó la dimensión
pastoral del cuadro. |
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SAN MARCELINO EN CINCO TRAZOS |
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| Los datos del pasaporte. Edad 47 años
Cabello color castaño Ojos color gris Barba color
castaño Estatura 1m 79 cm (5 pies y seis pulgadas)
Frente despejada (amplia) Mentón redondeado Cejas
color castaño Boca tamaño normal Rostro alargado
Tez o color pálidoSeñas particulares: Una
cicatriz en la parte superior de la mejilla y otra por encima
del ojo derecho.Pasaporte expedido el 22 de agosto de 1836
El Marcelino histórico caló
hondo en sus contemporáneos. Además de ofrecer
los datos del pasaporte, recogemos aquí cuatro opiniones
de Hermanos que vivieron codo a codo con él.
H. Juan Bautista Furet, su primer
biógrafo
TENÍA UN CARÁCTER ALEGRE, SINCERO, ENTUSIASTA
Y TENAZ
“El Padre Champagnat era alto, erguido y majestuoso;
tenía ancha la frente, los rasgos del rostro bien
definidos, la tez morena. Su aspecto grave, modesto y reposado
infundía respeto y hasta, a primera vista, temor.
Pero estos sentimientos se trocaban en confianza y afecto
en cuanto se le trataba un poco, pues bajo esta capa un
tanto adusta y en apariencia severa, se ocultaba la persona
más jovial. Tenía conciencia recta, juicio
certero y profundo, corazón bondadoso y sensible,
sentimientos nobles y elevados, Era de carácter alegre,
abierto, sincero, entusiasta, ardiente, tenaz y siempre
ecuánime.
Tan preciosos dones y cualidades, perfeccionadas por la
gracia y realzadas por una profunda humildad y exquisita
caridad lo hacían amable en sumo grado a los Hermanos
y a cuantos lo trataban. Dios, que lo destinaba a formar
educadores de la juventud, lo había dotado del carácter
más idóneo para la enseñanza. Así,
los Hermanos, en esto, como en todo lo demás, pudieron
seguir su ejemplo, y hallaron en él un modelo de
las virtudes y cualidades necesarias a un maestro, para
realizar el bien entre los niños”
Cap. 1, II Vida.
H. Francisco Rivat, primer Superior
General
ERA UN PADRE... CON TODA CLASE DE INICIATIVAS MATERNALES
Sintamos con él el gozo que sabía encontrar
en los empleos más humildes y sencillos; pensemos
en sus continuos desvelos, en su incansable vigilancia y
en la solicitud tan paternal que siempre mostraba, a veces,
por un solo Hermano.
Sabía esperar a las almas y motivar su retorno con
toda clase de iniciativas maternales. Su dirección
espiritual no comportaba largos discursos; con frecuencia,
consistía solamente en una caricia paternal, en una
palabrita, la misma palabra repetida varias veces pero,
dicha por él, penetraba hasta el fondo del corazón,
haciendo surgir el arrepentimiento, el amor de Dios, el
deseo de ser mejor. ¡Cuántos encontraron con
él la paz, la confianza, la felicidad!
Era recto y enérgico, sí, es verdad; su tono
de voz o una de sus miradas podrían habernos hecho
temblar; mas, sobre todo, era bueno, era compasivo ¡era
un padre! Al fundar la Congregación se propuso hacer
de ella una familia, una familia en la que el superior fue
un padre y en la que los Hermanos mayores cuidaran y protegieran
a los más jóvenes”
Libreta del H. Francisco
H. Lorenzo, Juan Claudio Audras
ALEGRE PERO FIRME
El Padre Champagnat era de carácter alegre y suave,
pero firme. Sabía introducir en la conversación
palabras de humor para alegrar la compañía.
Nunca se sentía incómodo entre los Hermanos.
A veces, le hacíamos preguntas harto complicadas,
pero él jamás tenía ningún problema
para responderlas, y lo hacía de modo tan atinado
que los Hermanos quedaban muy contentos. Tuvo que sufrir
mucho por causa de la diversidad de caracteres y por causa
de algunos espíritus muy atravesados, difíciles
de guiar. Éstos tenían, sin embargo, la seguridad
de un recuerdo especial en sus oraciones; pero si, tras
haber agotado todos los medios para ganarlos a Dios, aún
se mostraban incorregibles, ¡ay, amigo! entonces tenían
que marcharse.
Manuscrito del H. Lorenzo
H. Silvestre, Félix Tamet
BONDADOSO Y GRAVE A LA VEZ
Todavía me veo llegar, junto a un postulante de mi
pueblo y el Hermano que nos acompañaba, a la modesta
habitación de nuestro venerado Fundador... y experimentar
la impresión que me causó su estatura elevada
y llena de majestad, su aire bondadoso y grave a la vez,
su rostro que imponía respeto, sus mejillas enflaquecidas,
sus labios poco pronunciados que parecían sonreir,
sus ojos penetrantes y escrutadores, su voz fuerte y sonora,
su palabra claramente articulada, sin laconismo ni prolijidad,
todos sus miembros bien proporcionados... En fin, presentaba
en todo su aspecto uno de esos modelos de santidad que se
observan en los retratos de algunos santos”
Memorias del H. Silvestre, pp. 262-63.
Fuentes: HH. Pierri Zind, Agustín
Carazo, Alessandro di Pietro, Gabriele Andreucci y Lluís
Serra. |
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