Intención: En esta celebración
queremos, con espíritu festivo y solemne, dar gracias
a Dios por el don que nos ha hecho en la persona del Hermano
Basilio. Lo haremos volviendo a tomar conciencia de lo que
el Hermano Basilio fue para nosotros y para la Iglesia,
de modo que expresemos con claridad los motivos de nuestra
acción de gracias.
Canto: Demos gracias al Señor porque
es bueno (algunas estrofas) u otro canto.
1 – Basilio, hombre de Dios.
Numerosos testimonios presentan a Basilio como un profeta,
un contemplativo, un visionario del futuro cuya mirada se
alimentó en la luz de Dios. Sí, Dios hizo
a Basilio su familiar, lo abrazó y lo abrasó.
Pero dejemos que él mismo nos hable de su experiencia:
Lector 1
La profecía tiene su origen en Dios como fuente y
se transmite al hombre cuando éste vive en su intimidad.
Esta relación se crea, sobre todo, en la oración;
ella es la que despierta en el hombre la pasión por
el Reino. En la escucha atenta de la palabra de Dios se
entabla un diálogo de intimidad que hace nacer el
vehemente deseo de proclamar, por la propia vida, que Dios
es la plenitud del amor y que vale la pena perderlo todo
con tal de que se lo posea.
De lo precedente, nace una exigencia de
búsqueda apasionada de la voluntad de Dios en una
comunión eclesial generosa e indispensable. El amor
por la verdad, el discernimiento de los signos de los tiempos
hacen que se hallen nuevas vías de acción
apostólica, con una lealtad sin límites en
relación con Dios y con el hombre, aún con
riesgo de la propia vida.
El profeta siente arder en su corazón
la pasión por la gloria de Dios y, una vez que ha
acogido su palabra, la proclama con su boca, por medio de
sus actos, por su pensamiento, por sus palabras, por su
contacto con el prójimo, con una transparencia que
manifiesta la autenticidad de los grandcs ideales a favor
del Reino, en una entrega heroica por todos.
Una vez que se ha comprometido la propia
existencia en el campo del amor, ya no es posible dar marcha
atrás. El cirio está encendido por las dos
puntas...
Quien ha conocido la fascinación
del amor de Dios sabe que ya no se pertenece más
a sí mismo. El alma, en efecto, ya no pide nada,
se da; y de ese don nace la gran intuición: la vida
no vale la pena de ser vivida si no se ama incondicionalmente,
y si no se está dispuesto a jugarlo todo por el todo
a una sola carta.
Así, pues, se pone la voluntad de
Dios bien por encima del amor a sí mismo, y el deseo
se reduce a una obsoluta disponibilidad.
Cuando el amor de Dios rebalsa los diques
de una vida, desencadena un tipo de amor que hace perder
la medida de todo lo razonable. El Tú de Dios y del
prójimo lo domina todo. (Quemar la Vida, pp. 304-305)
Tiempo de silencio
Eco del texto, eco simple o con oraciones de alabanza o
de petición.
Estribillo: Te alabamos, Señor, te aclamamos con
el coro de todos los Santos.
Dio, noi ti lodiam, Signore, noi ti acclamiam, nell’immenso
corteo di tutti i santi.
2 – Basilio, Hermano entre nosotros.
Un aspecto del don que Dios nos ha hecho en la persona de
Basilio, una faceta de su amor, es el de habernos dado un
hermano, excepcional pero lleno de ternura, de sencillez,
de verdad nuestro y uno de nosotros. Una razón más
para cantarle a Dios nuestro agradecimiento.
Muchos de los que han testimoniado en favor
del Hermano Basilio han hecho hincapié en su sencillez,
en su facilidad para estar a gusto con todos, el humor que
le brotaba espontáneo y expresado en formas sorpresivas,
en su impulso natural para ponerse un delantal e ir a lavar
la vajilla, en armarse de una escoba para hacer la limpieza,
en la costumbre de lavar su propia ropa... Pero también
su atención y sensibilidad por las alegrías
y los sufrimientos de los Hermanos. ¿Venía
alguien a verlo? Estaba totalmente a su disposición,
perdiendo hasta la noción del tiempo, atento sólo
a la escucha.
¿Iba al festejo de un cohermano
o de un amigo? Siempre lo sorprendía con pródigos
gestos de atención: decoración especial de
la capilla, oraciones, regalos, calurosos abrazos, algún
plato especial muestra de su delicadeza y su cariño.
Lector 2
«Los testimonios de los que tuvieron experiencia de
la presencia cercana del Hermano Basilio, y que conocieron
su personalidad, hablan de su carácter humano, sencillo,
cercano a las personas. Generoso, pronto a acudir en ayuda,
sembrador de alegría. Hombre sabio y prudente. De
corazón grande y de alma generosa...
Supo cultivar una rica sensibilidad que
le hacía extremadamente atento a las personas. Se
mostraba amable, antento en los detalles, y de una servicialidad
rayana en la exageración. Porque disponía
de un corazón grande supo ser un "amigo universal"...
Tuvo el arte de conservar y de cultivar la amistad.
(México Marista, nº 10, Septiembre-Diciembre
de 1996, p. 1)
¿Qué dice el Hermano Basilio
de los Hermanos y de nuestra Congregación?
«Ella ha llegado a ser mi propia carne y mi sangre,
sí, ella ha llegado a ser para mí una realidad
que amo en este mundo por sobre todas las cosas, salvo Jesús
y María.
Cada día crezco en entusiasmo por la vida que he
abrazado, y en amor por mi Instituto. Lo siento muy vivo
en el fondo de mi ser». (Lumière et Flammes
d’une vie, p. 345)
Tiempo de silencio
Canto sobre la fraternidad : Amaos como yo os he amado,
o Hermanos de una misma familia...
3 – Basilio como Superior
En Basilio Dios le dio a nuestra familia
religiosa, pero también a la Iglesia, un jefe, un
guía seguro, un pastor que sabía dónde
nos conducía. Sus circulares sobre la Vida Comunitaria,
sobre la Obediencia, sobre la Meditación, sobre la
Oración, sobre la Fidelidad, y Un Nuevo Espacio para
María, han tenido una gran resonancia en la Iglesia,
y son hoy en día aún más luminosas
que ayer. Pasemos directamente a los testimonios: Algunos
testigos afirman sin ambages: «¡Basilio nació
para ser jefe!»
Lector 3
«Las palabras del Hermano Basilio brotaban siempre
acompañadas de un soplo de optimismo y de confianza,
más allá de las dificultades y de las crisis.
Yo sabía que era un autor seguro
para la vida espiritual y ascética, y leía
con gusto sus libros sobre la oración, sobre la comunidad
religiosa, sobre la caridad fraterna, etc., y en ellos hallaba
luz, consuelo y ayuda. Era un maestro cabal, un guía
seguro, un líder con gran sensibilidad humana y evangélica.
... Sus reflexiones sobre la renovación
fueron ocasión de una profundización en la
esperanza y en la fe por el futuro...
La simpática figura del Hermano
Basilio Rueda permanece siempre en mi espíritu como
una bendición, acompañada de un vivo sentimiento
de admiración y de gratitud.
(Carlo Maria Erba, obispo de Velletri)
Lector 4
Me encontraba con él a menudo en las reuniones de
Superiores Generales en aquellos años «calientes»,
difíciles y llenos de esperzanza, de la renovación.
Eran verdaderos encuentros de discernimiento en los que
se planteaban las propuestas de cambio más diversas,
desde las más revolucionarias innovaciones hasta
las más tradicionalistas, mediante las cuales, a
la luz de la experiencia de cada uno de nuestros Institutos,
buscábamos descubrir cuál era la vía
más adecuada para encarnar las decisiones conciliares
y para enfrentar el porvenir.
Una de las personalidades más apreciadas
en esos grupos era precisamente la del Hermano Basilio.
Sus escritos sobre la vida religiosa eran muy conocidos
y valorados, a causa de su concisión y seguridad
doctrinal...
Durante los trabajos en grupo, su extraordinario
conocimiento de los problemas cotidianos en la vida religiosa
y en los diversos contextos culturales, eran verdaderamente
sorprendentes. De hecho, se unían en él conocimiento
y experiencia, doctrina y conocimiento directo de las situaciones,
ciencia teológica e inteligencia profunda del espíritu
humano; manifestaba en sus síntesis una competencia
muy pocas veces conocida.
Bastante a menudo, sus puntos de vista
se convertían en doctrina y se los tomaba, no sólo
en la reuniones sino también en los documentos de
varios Institutos, como seguras referencias.
Puede afirmarse, sin temor a equivocarse,
que el Hermano Basilio, tanto por sus escritos como por
su presencia activa y única entre nosotros, fue uno
de los guías más escuchados y equilibrados
en los años de la renovación, no sólo
en su Instituto sino en el conjunto de la vida religiosa.
(P. Pier Giordano Cabra, FN, en FMS Mensaje, nº 19,
p. 37)
Tiempo de silencio
Nuestra acción de gracias al Señor
y a Basilio
Gracias, Basilio : (lectores espontáneos)
1 –Gracias, Basilio, por haber aceptado
por dos veces, en elección de Asamblea capitular,
ser nuestro Superior General, cargándote con una
responsabilidad muy pesada y muy exigente;
2 –Gracias, Basilio, por haber sido durante 18 años
un Padre Champagnat para nosotros: tú nos amabas,
tú nos inspirabas, al igual que él lo hacía
con sus primeros discípulos y «pequeños
hermanos».
Estribillo: Gloria y alabanza a Ti, Señor
Jesús ( u otro estribillo semejante)
3 - Gracias, Basilio, por tus primeras
circulares tan ricas en doctrina y enseñanzas sobre
el hombre religioso, el ser religioso, el mundo religioso,
y sobre la evolución total que se desenvolvía
sobre el escenario del mundo y en la Iglesia;
4 - Gracias, Basilio, por tus lejanos y dilatados viajes,
a veces urgentes, a veces peligrosos, siempre equiparables
a excursiones de caridad.
Estribillo: Gloria y alabanza a ti...
5 - Gracias, Basilio, por haber sido un
trabajador infatigable, ansioso e insaciable por comunicar
a los Hermanos tus luminosos y transparentes mensajes en
favor de los jóvenes, de los pobres, de la justicia,
de la comunidad, de la Iglesia.
6 - Gracias, Basilio, por haber trabajado lealmente en equipo
y corresponsabilidad con todos los que colaboraron contigo
en el servicio de la autoridad.
Estribillo: Gloria y alabanza a ti...
7 - Gracias, Basilio, por el tiempo que
consagraste al más pequeño de entre nosotros,
al más joven como al de más edad, ya sea mediante
una carta, una llamada telefónica, una visita, un
mensaje inesperado, un sorprendente gesto fraternal.
8 - Gracias, Basilio, por tu alegría tan comunicativa,
por tu risa explosiva, por tus bromas tan finas y curativas,
por tu lenguaje tan pintoresco.
Estribillo: Gloria y alabanza a ti...
9 - Gracias, Basilio, por habernos dejado
entre tus numerosas circulares aquellas sobre la Oración,
sobre la Obediencia, sobre la Vida Comunitaria, y aquella
sobre Un Nuevo Espacio para María;
10 - Gracias, Basilio, por el ejemplo de tu vida de intensa
oración, por tu fidelidad a la presencia de Dios,
por tu inmensa sed de adoración y de contemplación.
Estribillo: Gloria y alabanza a ti...
11 - Gracias, Basilio, por el misterio
de amor y de unidad del que fuiste portador, profeta y realizador
por doquiera estuvieras, ya sea de paso, ya como huésped
esperado y de solicitada permanencia.
12 - Gracias, Basilio, por tu gran empeño en la formación
en el Instituto a todo nivel, y por tu solicitud con nuestros
Hermanos misioneros en lejanos países.
Estribillo: Gloria y alabanza a ti...
13 - Gracias, Basilio, por haber sido el
Hermano universal para con todos y cada uno de nosotros,
y por haber luchado para que esta fraternidad universal
habitara entre nosotros; por tu discreción y respeto
en todo encuentro, en toda comunicación, en toda
intervención, en toda exigencia y en todo pedido;
14 - Gracias, Basilio, por haber salvado del olvido y del
abandono el Patrimonio Marista de Nuestra Señora
del Hermitage, y de habernos proporcionado la ocasión
de reencontrarnos allí para siempre con el Padre
Champagnat, con el Hermano Francisco y con nuestros Primeros
Hermanos.
Estribillo: Gloria y alabanza a ti...
Todos: Gracias, Hermano Basilio, por haber
sido nuestro Hermano mayor, y por aceptar seguir siéndolo
todavía mediante la intercesión por nosotros.
(Hno. Edouard Blondeel, en FMS Mensaje, nº 19, pp.
55-56)
4 - Un compromiso.
En la misa de funeral por el Hermano Basilio, el 23 de enero
de 1996, el Hermano Carlos Martínez Lavín
invitó a todos los presentes, entre los cuales estaban
el Hermano Seán y el Hermano Charles Howard, a tomar
un compromiso:
Lector 5
Pocos días antes de morir, el Hermano Basilio escribía:
"Siento una gran paz y plenamente -así al menos
lo creo- abandonado en las manos de Dios. No quiero, en
estas circunstancias, otra cosa que no sea la Santa Voluntad
de Dios sobre mí. Nadie hay que nos ame tanto como
él, y no hay nadie que sepa mejor lo que nos conviene.
¡Bendito sea Dios!". Encontramos en él
plenamente cumplido el deseo del Padre Champagnat: "Hacerse
Hermano es comprometerse a hacerse santo".
Nos deja el precioso legado de sus enseñanzas,
consignado en sus circulares y, sobre todo, en el libro
de su vida. Y tenemos el deber de llevarlo a su cumplimiento.
Algunos miembros de esta asamblea encenderán una
vela para expresar, por una parte, nuestra gratitud a Dios,
y por otra nuestro deseo y nuestro compromiso como individuos
particulares, como Provincia y como Iglesia, de convertir
ese don en aurora de un día aún más
esplendente.
(Cfr. México Marista, nº 10, p.14)
Mientras encendemos nuestras velas en el
cirio pascual, el animador recita las letanías que
van a continuación, y todos responden:
1 - Señor Jesús, dueño
de la Historia, pasión del Hermano Basilio,
- camina con nosotros por los caminos de Emaús.
2 - María, transparencia de Dios,
síntesis del Evangelio, Madre de Dios, nuestra Buena
Madre, tú que encontraste un Nuevo Espacio entre
nosotros gracias al Hno. Basilio,
- camina con nosotros, ven a guiar nuestros pasos.
3 - San José, jefe del hogar de
Nazaret, hombre disponible y fiel,
- camina con nosotros.
4 - Marcelino Champagnat, tú que
encendiste el fuego de nuestro carisma y que guiaste a Basilio,
- camina con nosotros.
5 - Hermanos de los primeros días
maristas, Luis, Lorenzo, Estanislao, Francisco, Buenaventura,
vosotros que nos habéis transmitido el fuego en el
que ardía Marcelino,
- caminad con nosotros.
6 - Hermanos de las sucesivas generaciones
maristas, educadores, misioneros, apasionados por los jóvenes
y por Dios, mártires que lo habéis dado todo
confiando totalmente en el amor de Dios, así como
tú, Alfano, que también lo viviste,
- caminad con nosotros.
7 - Hermano Basilio, nuestro Hermano, nuestro
Superior, nuestro Profeta del carisma marista, íntegro
Hombre de Dios, Lumbrera de la Iglesia,
- camina con nosotros.
8 - Santa Iglesia de Dios, de ayer y de
hoy, del cielo y de la tierra, de santos y de pecadores,
- caminamos contigo y con todos tus hijos que siguen peregrinando
en este mundo. Amén.
Salve Regina (con las velas encendidas
en alto)