Hermano Francisco,
el Señor quiso hacer de ti
un santo de la vida ordinaria,
santificada por el trabajo y la oración,
en una vocación de hermano marista.
Tú te abriste a Dios,
y te consagraste a María,
y las vocaciones de hermanos florecieron en torno a ti.
Te pedimos hoy, hermano Francisco,
que mires nuestra familia
y se renueve con el ingreso de jóvenes
que quieran entregarse totalmente a Dios
como educadores consagrados
y apóstoles de la juventud de nuestro tiempo.
Venerable hermano Francisco,
intercede en favor de nuestra familia.
juntamente con Marcelino,
con todos los hermanos que están con él
en el cielo,
y con María, nuestra Buena Madre,
ante Jesucristo, nuestro único Señor. Amén.