Dios, nuestro Padre,
has concedido a nuestro hermano Basilio
un corazón extraordinario,
una inteligencia penetrante
y una gran pasión por tu reino.
Su corazón ha sido una fuente generosa
de amistad.
Su inteligencia sabía dar solución a los
problemas.
Su pasión por tu reino ha renovado nuestra
familia marista.
Te damos gracias, Dios, nuestro Padre,
por el don precioso que fue Basilio
para la Iglesia, para sus numerosos amigos y para nosotros.
Permítenos llamarle en nuestra
ayuda
cuando la duda planea sobre nuestras vidas,
cuando la enfermedad, los problemas
o los años nos causan angustia.
En este momento te pedimos, de una manera especial, por
…
Y tú, María, buena Madre,
a quien Basilio dedicó una de sus más hermosas
circulares,
intercede también por nosotros.
Padre, que te glorifique nuestra oración.
A ti, a tu Espíritu Santo y a tu Hijo Jesucristo,
por quien te rezamos. Amén.