Tal
era el ideal del Hermano Basilio: apostar toda su vida por
Cristo. Repite con frecuencia el grito de Pablo: “¡Mi
vivir es Cristo! ¡Es Cristo quien vive en mí!...
¿Quién nos podrá separar del amor de
Cristo?”
Los textos siguientes son reflexiones del
H. Basilio que nos revelan el lugar que ocupaba Cristo en
su vida. Nos pueden servir para preparar una celebración.
(1)
1.- Los primeros pasos de Basilio:
Estas líneas nos sitúan en
1951. Basilio tiene 27 años. Practica los Grandes
Ejercicios previos a la profesión perpetua.
“Después de la confesión
y en el momento de los consejos, Dios se dignó poner
en los labios del Rev. P. Martínez estas palabras
ya dichas a una santa:
“No me hables de pecado; ¡háblame de
amor!”; tus pecados son numerosos, pero el amor lo
borra todo. Haz actos de caridad perfecta”.
Salí del confesionario completamente tranquilo, las
primeras palabras se clavaron en mi alma como una espada
y me venían continuamente a la memoria, me llenaban
de luz, de consuelo y de amor.
Sí, Jesús, quiero, deseo amarte más
cada día. Quiero amarte sin medida, con todas mis
fuerzas, con un amor intenso, generoso, verdadero, con un
amor apasionado. Quiero que mi vida sea un grito de amor
hacia ti que lo eres todo para mí. Que cada latido
de mi corazón, cada respiración, cada acto
y ejercicio de mis facultades corporales o espirituales
te digan, Señor, que te amo y que quiero vivir para
ti. Quiero hablarte continuamente de amor. Quiero amarte,
Señor, porque eres infinitamente amable, porque eres
inmensamente digno de amor. Quiero amarte por gratitud,
por el amor que has mostrado por mí... Quiero amarte,
Jesús, para darte gusto, pero además para
satisfacer una necesidad imperiosa de mi pobre corazón.”
2.- Jesús centro
Basilio se da cuenta de que, con la mejor
buena voluntad, el Instituto está demasiado centrado
en la manera de ayudar a los pobres, en las misiones, en
conseguir un ejercicio más evangélico de la
autoridad, y “al mismo tiempo, Cristo, el buen Jesús,
ha pasado a un segundo plano, y en algunas ocasiones ha
desaparecido, cuando en realidad es la razón principal,
la sublime razón por la que vivimos y morimos. El
es el origen de nuestra llamada, de nuestra fraternidad
y de nuestra amistad. El es nuestra salvación...
es evidente que ha llegado el momento de realizar los mayores
esfuerzos para volver a hacer de Jesús el centro
de nuestra vida.” (2).
He aquí algunos breves textos (3)
que expresan esta centralidad de Jesús:
Si nos preguntamos cuál es el centro, la quintaesencia,
el corazón y el núcleo central de la vocación
nos deberemos responder que es Jesús; la vocación
es Jesús. (4)
A sus cohermanos mejicanos de Corea del Sur les escribía:
“Que vuestro celo misionero, vuestro trabajo, vuestras
preocupaciones, etc. no os hagan olvidar nunca que los medios
humanos sólo sirven a las obras de Dios cuando las
personas están repletas de Cristo. Todo viene de
El, y sin El nada. Que Cristo, pues, sea siempre el centro
de vuestra vida.” (5).
El Hermano Cecilio Alonso se prepara para
marchar al Congo como misionero. Basilio le recuerda lo
esencial de la misión: “Si vas a la misión
es, no sólo, pero ante todo y sobre todo, para anunciar
a Jesús Cristo y para fundar y desarrollar la Iglesia.
Este punto es capital en unos tiempos en que la teología
está tomando un giro antropológico que proclama
que el centro de la Religión y de la Redención
apunta sólo al hombre y al hombre en su faceta temporal,
material y natural. El Hermano que no experimente la necesidad
de ser la encarnación viva del Evangelio y la presencia
del amor de Dios entre la gente, más vale que no
vaya, pes
e
a cuanto podría aportar en el terreno temporal...”
(6)
El sábado 26 de abril de 1986 (7),
después del desayuno, Basilio baja a la capilla y
medita sobre el primer canto del Siervo de Yahvé:
“Me doy cuenta de que Cristo, su Sagrada Persona y
su misterio deben ser el centro de mi vida, como un diamante
con mil facetas.” El 27 de abril: Se confirman en
mí la necesidad y el deseo de centrar en la Persona
de Jesús el estudio, la oración y el amor
hasta hacer de ello la gran obsesión y el amor de
mi vida.”
A veces deja este mensaje al H. Provincial:
“Las visitas a las Provincias descubren dos puntos
débiles, incluso cuando se dice que todo va bien
y que los Hermanos se sienten felices:
1- Jesús no es todavía el centro de nuestra
vida;
2- En muchos Hermanos el “para siempre” aún
no ha sido pronunciado.
“Se nos invita a abrir de par en
par en nuestra Congregación las puertas al Señor,
a dejar entrar por completo el sol en la vida de nuestros
Hermanos, para que de verdad Dios sea el primer servido.
Sí, es necesario que la gratuidad, la alabanza y
la escucha encuentren todo el espacio necesario y que, por
fin, estemos disponibles para que el Espíritu pueda
trabajarnos y modelar nuestro corazón según
su voluntad.” (8)
3.- Basilio y la Eucaristía
“En estos momentos es El quien gobierna
la Congregación”
Jugando con el nombre de la hermana, María
Eucaristía (9), Basilio le hace una maravillosa reflexión
sobre la Eucaristía: “Santo Tomás insiste
en que en la Eucaristía, con toda la grandeza que
representa (el mismo Jesús está presente),
no se trata tanto del sacramento, cuanto del signo y el
medio de producir algo más importante que la propia
Eucaristía, y es la presencia de Jesús en
el corazón de cada uno de nosotros para inundarnos
con su vida...; lo que al Señor interesa no es permanecer
bajo las sagradas especies del pan, ni en el tabernáculo,
ni sobre el altar, sino en el corazón y en todo el
ser, en la conducta personal de cada uno de nosotros.”
El testimonio de los Hermanos de Bogotá
nos ayuda también a comprender la importancia que
Basilio otorgaba a la Eucaristía: “Hacia las
nueve nos sorprende una llamada telefónica. Era el
Hermano Basilio desde un hotel del centro de Bogotá.
Nos preguntaba si podría comer con nosotros. Le respondimos
que encantados. Fuimos a buscarlo al hotel. Por el camino
quiso visitar una iglesia. Tras unos minutos de recogimiento
ante el Santísimo (no se celebraba ninguna misa),
salimos. Estábamos muy cerca del museo del oro, objeto
de visita para todos los turistas. Propusimos al H. Basilio
ir a visitarlo. Nos respondió que prefería
buscar otra iglesia, pues por nada del mundo quería
privarse de la santa misa y la comunión... Yo pensaba
que Basilio debía estar muy cansado después
de aquellos viajes y me edificó mucho que insistiera
en oír misa. La iglesia estaba llena de gente sencilla.
Al final de la Eucaristía el Hermano Basilio nos
expresó su gratitud por haber podido asistir a la
misa con gente sencilla y tan fervorosa.” (10)
Al Hermano Firmino Schneider, misionero
en Angola, le escribe: “Acepte un puesto especial
en mi afecto, así estará siempre presente
en mis oraciones, especialmente durante el Santo Sacrificio
eucarístico que celebramos, algunos Consejeros, el
secretario y su servidor, a altas horas de la noche, tras
una larga jornada de trabajo. En estos momentos es El quien
gobierna la Congregación. Estamos muy convencidos
de que sin El nada podemos hacer.” (11)
El Hermano Alfonso Wimer, mejicano, amigo
personal de Basilio y su Consejero general de 1967 a 1976,
nos confía esta revelación: “Muy pocos
conocen su gran devoción por la Sagrada Eucaristía.
El Hermano Basilio dedicaba todos los días una hora
a la adoración, pese a sus muchas ocupaciones , viajes,
correspondencia y circulares. No olvidaba nunca “su
hora ante el Señor”. (12)
4.- Jesús y el hombre
¿No es Jesús un amplificador
de espacios para el hombre?
Jesús es el mayor revelador de valores
que haya tenido nunca la humanidad. En El, en su persona,
en su testimonio, en su mensaje se iluminan y se decantan
muchas cosas que no estaban claras, aunque se presentían,
y se descubren otras que nunca se habían intuido.
Es El quien realiza de forma magnífica lo que hay
de más humano en lo humano y lo eleva a una nueva
vida.” (13)
Cristo es comunicativo y cuando toca un
corazón lo abre a la caridad, a la benevolencia,
al don de sí y a iniciativas fecundas para enseñar
a sus hermanos, entrar en comunión con ellos y, sobre
todo, descubrir todas las formas de servirlos y de hacerles
el bien...” (14)
“Quiero abordar ahora la segunda
petición realizada a propósito de la escuela
cristiana: ¿Qué hay que proponer, los valores
o a Jesús Cristo? Está claro que para un creyente
abocado a ese dilema la respuesta no puede ofrecer ninguna
duda... La opción debe ser Jesús, amado, escogido,
preferido por encima de todo... Pero volvamos al punto de
partida. ¿Acaso los valores se oponen a Jesús?
¡No!... Todo lo contrario, Jesús es el mayor
revelador de valores que haya tenido nunca la humanidad.
En El, en su persona, en su testimonio, en su mensaje se
iluminan y se decantan muchas cosas que no estaban claras,
aunque se presentían, y se descubren otras que nunca
se habían intuido. Es El quien realiza de forma magnífica
lo que hay de más humano en lo humano y lo eleva
a una nueva vida.”
Hay que obrar de manera que a la escucha de Cristo, el joven
descubra la extraordinaria propuesta de valores personales,
sociales e históricos contenidos en la vida que Jesús
vino a transmitirnos y en la historia de la salvación...
De este encuentro del Evangelio y el mundo, del Evangelio
y la historia deberían surgir las nuevas respuestas
cristianas, lúcidas, creativas y comprometidas para
ser testigos del Señor y constructores de la historia
en los años 2000... Una b
uena
pedagogía debería conducir desde los valores
hacia Cristo y desde Cristo hacia los valores.”
Hemos de abrirnos con toda el alma a los
valores de nuestro tiempo... pero es también necesario
que estemos prevenidos contra la mentalidad humanista, de
sentido inmanente que convierte al hombre en su propio fin
y modelo. Nuestro único modelo es Cristo. Nuestra
antropología dimana del misterio y de la historia
de la salvación con sus grandes realidades ricas
en consecuencias: la bondad de la creación, el hecho
de la caída con los desórdenes que de ella
se derivan para la naturaleza humana y el hecho bendito
de la redención de Cristo que progresa en nosotros
y en el mundo... En un humanismo cristiano solamente en
y por Cristo se realizan el mundo y el hombre –un
mundo digno del hombre y un hombre digno de este nombre.”
(15)
“Hay que infundir en el corazón
de cada alumno la persona del gran evangelizador, Nuestro
Señor Jesús Cristo, tiernamente amado y siendo
el todo en la vida, e infundir también el Evangelio
de Nuestro Señor Jesús Cristo.” (16)
Basilio: el amigo que no puede dejar de
ser apóstol, el seducido que desearía que
todos descubran al Señor, el contemplativo de la
Encarnación que permanece cercano a los hombres.
Es lo que escribe a su amigo el Hermano Victorino de Arce:
“Jesús Cristo quiere que luchemos codo con
codo con El, no en una Iglesia perfecta, sino en una Iglesia
de pecadores y de peregrinos; en esta Iglesia y en la fe
y el amor debemos esperar, servir y trabajar...” (17)
5.- Perlas en nuestras manos
La esencia, el corazón del cristianismo,
es el amor, amor que ya late en el Antiguo Testamento, pero
que estalla en plenitud en Jesús Cristo.
“Cada uno lleva en sí un misterio:
Jesús Cristo es yo y yo soy Jesús Cristo,
en el sentido más profundo del término.”(18)
“No hay que olvidar que la vida religiosa
no es otra cosa que la vida evangélica de Jesús
Cristo derramada en nuestros corazones y trabajada sin cesar
por el Espíritu Santo.” (19)
“Cuando un hombre reza y su vida
es verdaderamente cristiana, es Cristo, primogénito
del seno de María, quien reza en él; su oración
no es otra cosa que la vida de Cristo expresada en palabras.”
(20)
“En fraternidad con el único
que es Hijo, con Jesús que agota la paternidad del
Padre, configurados por el Espíritu en Jesús,
podemos invocar y clamar: “Abba, Padre”, desde
el fondo del corazón.”
No se trata sólo de saberse llamados
por un “Tú” trascendente, sino de saberse
hermanos de Jesús, configurados a El por el Espíritu
y, con su fuerza, poder clamar: “¡Abba, Padre!”
(21)
Vivamos, pues, este tiempo de adviento
en la esperanza ardiente de la llegada del Señor...
Dios nos es más necesario que el oxígeno que
respiramos.
El 29 de abril de 1986:
“Cada vez que Jesús llega trae la paz. La paz
es el signo de su presencia y de su acción. Incluso
en situación de pecado, de pecados graves, la paz
debe permanecer. Cuando el arrepentimiento se ve acompañado
por la inquietud, sin paz, el diablo está por medio,
al menos parcialmente. Cuando el arrepentimiento viene de
Cristo, de Dios, viene con dolor, con lágrimas pero
en la paz. Se reconoce sinceramente no sólo la aptitud
de pecar sin el hecho de haber pecado; esto produce dolor,
pero uno se sabe perdonado y amado.” “¡A
Jesús se le reconoce en la paz!.
6.-Ultimo mensaje antes de la muerte
Estás quemando la vida por los dos
cabos, (me recordaba el H. Léonida), y me enviaba
una página entera de Life en la que se veía
un cirio encendido por los dos extremos.
Y yo le envié una respuesta tal vez algo insensata:
“Ese ha sido siempre mi ideal”.
Quemar la vida por Cristo y por la Congregación,
incluso si ha de durar menos tiempo de lo que pudiera haber
durado.
¿He actuado bien? ¿He actuado mal? No me preocupa.
Lo pongo todo en manos de Cristo Jesús, en las manos
del Padre y siento una paz profunda, en la acción
de gracias y la alabanza. Sé que no hay mejores manos
que las de Dios y en ellas me he entregado. En las manos
en las que se entregó el Cristo moribundo.
Algunos decían al Hermano Basilio:
“Pero ¿no te das cuenta que Cristo puede seducir
como lo harían los brujos?” Responde: “Uno
se da cuenta de que esa hipótesis podría ser
real. Y pese a todo me juego toda la vida, no de palabra,
ni en conceptos sino con todo mi ser. Y no teniendo más
que una vida, me la juego completamente por Jesús
Cristo.” (22)
Muchos dicen que Basilio es un santo. Yo
no podría afirmarlo; lo que sí sé es
que fue un hombre que siguió a Cristo, que era feliz
y que quería transmitir a todos esa fidelidad y esa
alegría.” (23)
(1). Todos Estos textos están tomados
del cuaderno n. 14: Jesús en la vida del Hermano
Basilio.
(2). Carta a los amigos, 1 de noviembre de 1978.
(3). Los textos completos van al final del cuaderno14: Jesús
en la vida del Hermano Basilio.
(4). Conferencia dada en Arévalo, España,
durante el tercer retiro, en 1980: La vocación centrada
en Cristo. (Los archivos de Roma conservan casetes grabadas
con estas conferencias).
(5). Carta del 4 de junio de 1972. AFM 51.09 B1 Méjico
Central.
(6). Carta de noviembre de 1977, AFM 51.09 B1 Madrid.
(7). Del 15 de abril al 15 de mayo de 1986, Basilio realiza
los Grandes Ejercicios en Cuernavaca, Méjico.
(8). Circ. La oración , p. 334.
(9). Era una de las hermanas que habían acogido a
Basilio en Ecuador. Le escribe con frecuencia.
(10). H. Angel de Fuentes, Armenia, Colombia, marzo de 1996.
(11). AFM 51.09 6644 – Carta de Roma, 29 de julio
de 1980.
(12). El estilo de una vida, p. 45.
(13). Conferencia dada en Salamanca, el 25 de marzo de 1985.
(14). AFM 51.09. B2 – Porto Alegre.
(15). Circ. 2 de enero de 1968, pp. 131-132.
(16). Conferencia de retiro dada en Arévalo, España,
en 1980: La misión, la gracia y el horizonte marista.
(17). Carta del 1 de julio de 1976.
(18). Circ. La obediencia, p. 37.
(19). Llamada a avanzar, retiros de 1970, Naturaleza dinámica
de la vida evangélica en nosotros, p. 1.
(20). Ibid., p. 504.
(21). Circ. Del 2 de enero de 1968, Las llamadas de la Iglesia,
p. 616.
(22). Llamamiento a la renovación, Problemática
de la oración 1, p. 11.
(23). El estilo de una vida, p. 90-91.