1.Sencillez de vida
Estas son las primeras líneas del libro “Pane
di Casa Nostra”, breve biografía del hermano
Alfano: “José Carlos Vaser, hermano Alfano
(1873-1943), es un hermano marista italiano; más
aún, es el primer hermano marista italiano. Primero
en el sentido cronológico del término; primero,
sobre todo, en el sentido espiritual: escaló con
brío las cimas de la santidad, con arrojo y determinación
no inferiores a aquellos que lo vieron trepar, siendo
niño, por los montes de su bella y bravía
tierra natal, el Valle de Aosta.
Su vida, carente de acontecimientos llamativos, tiene
el aspecto de una aventura totalmente interior. Es como
una cadena de montes que sólo revela el seguirse
de sus cimas y las bellezas ocultas de sus paisajes a
quienes saben soportar la fatiga que supone subir a las
alturas.
Estas son las etapas esenciales de su vida religiosa:
q 1886: José va a Saint Paul-Trois-Châteaux.
En 1891 emite el voto de obediencia.
q Desde 1891 a 1903 enseña en el colegio San León
Magno y se enamora de Roma, del arte, de la cultura y
de la fe que encierra esta ciudad.
q Desde 1903 a 1941 será un hermano educador, primero
con el cargo de maestro de novicios durante 15 años
(de 1907 a 1922), después con el de director de
escolásticos (desde 1925 a 1939); será ininterrumpidamente
consejero provincial desde 1909 a 1941, es decir, ¡durante
32 años!
q Su vida se apaga el 1 de marzo de 1943, en plena guerra
mundial.
Vida sencilla, como la de tantos hermanos, como la nuestra
cuando miramos al pasado. Y Sin embargo, esta vida del
hermano Alfano es una vida para Dios y un regalo de Dios
para nosotros. Cantamos nuestra gratitud al Señor…
Canto: ….
1- La personalidad del H. Alfano
El primer teólogo que examinó los escritos
del hermano Alfano afirmó: “Aquí,
en verdad, la mies es tan abundante que la dificultad
está en la selección. El siervo de Dios
había comprendido perfectamente que el estado de
la vida religiosa vivido en plenitud, es el jardín
donde, bajo el calor del Espíritu Santo, brotan
las flores de todas las virtudes”
1) La personalidad humana: Alfano era muy inteligente;
a los cincuenta años estudió el latín
y llegó a ser uno de los mejores profesores de
la materia. Era un hombre de una fuerte voluntad, tenaz
en el esfuerzo, monolítico y de una gran rectitud,
pero también de una gran cultura. Entre sus notas
características destacan la alegría y la
bondad. Quienes le conocieron afirman que: “Se mostraba
afable, especialmente en las relaciones interpersonales;
en las recreaciones y en los paseos era amenísimo
y de una alegría contagiosa… Aunque de carácter
fuerte se mostraba bueno con quien se equivocaba y muy
sensible a las necesidades de los demás…
siempre atento a los problemas de aquellos que estaban
a su lado”
Durante la primera guerra mundial, enviaba con frecuencia
a los hermanos llamados al servicio militar, cartas, circulares
con muchas noticias de la congregación, consejos
e incluso dinero para que pudieran pasar mejor algún
día de fiesta. Un discípulo suyo escribe:
“La severidad del hermano Alfano era un mito creado
en la mente de alguno…” He aquí el
testimonio del H. Antelmo:
“Durante la Gran guerra, (la primera guerra mundial),
enviaba circulares poligrafiadas a sus antiguos novicios
y hermanos militares del frente, llenas de sabios consejos
y noticias del Instituto, trantando de mantenerlos unidos
y en buenas relaciones con los superiores, alejados de
las malas compañías. Se interesaba de su
salud y de sus necesidades. A mí, en la Navidad
de 1917, me mandó un giro postal de 5 liras, para
que estuviera contento aquel santo dia; y lo consiguió
no sólo para mí sino también para
mis compañeros de trinchera”.
Pues bien, por la riqueza de esta naturaleza humana alabemos
a Dios. Canto…
2) Personalidad espiritual. En esto Alfano es todavía
más sorprendente. Maestro de novicios durante 15
años pasarán por sus manos 266 jóvenes
en formación de los cuales 144 perseveraron hasta
la muerte y entre ellos muchos de gran estatura espiritual,
porque un santo engendra santos, como fue el caso de Marcelino
Champagnat. La mirada que echaba en el corazón
de los novicios y el juicio que después daba de
ellos era de una gran lucidez, de gran exactitud, de psicólogo
seguro. Pero su sabiduría práctica le venía
de estar mucho tiempo en la presencia de Dios. Decía:
“¡Cuánto aprovecha una serena y tranquila
reflexión ante Dios!” Tenía predilección
por los tres primeros puestos del Fundador: Belén,
la Cruz y el Altar. Hacía todos los días
el viacrucis, se levantaba antes que los demás
para tener tiempo de hacerlo. Tiene pensamientos que nos
dejan asombrados: “Recordaré a menudo que
el sufrimiento es más dulce que el contento y el
bienestar físico. Por ello lo buscaré y
lo abrazaré con generosidad”. Su devoción
a la Virgen está encerrada en el neologismo creado
por él, “el rosariante”, aquel que
llena la jornada de avemarías. He aquí una
oración suya a la Virgen:
María se ha hecho todo para nosotros,
Se ha dado a los justos y a los pecadores,
A todos abre los tesoros de su misericordia.
Ella rompe las cadenas de los esclavos,
Devuelve la salud a los enfermos,
El consuelo a los afligidos,
El perdón a los pecadores,
El incremento de gracia a los justos;
Nadie puede sustraerse a su benéfica influencia.
Momento de pausa reflexiva…
Pero lo que caracteriza al hermano Alfano como marista
es una admiración sin límites por el Fundador,
sus cualidades, su carisma. Invitaba siempre a los novicios
a mantener siempre un ojo avizor sobre el Fundador y a
alimentarse de su doctrina a la que llamaba “el
pan de nuestra casa”. Y añadía: “Sólo
tengo un deseo: el bien del Instituto a través
de la imitación del Fundador por parte de todos
los hermanos”.
Cuando ponemos juntas la personalidad humana y la espiritual
vemos qué abundancia de vida brotaba del hermano
Alfano. Así, pues, alabemos a Dios, fuente de agua
viva, que quiere para nosotros la vida en abundancia.
Canto con estribillo de alabanza… (Releer espontáneamente
algunos aspectos
de la personalidad del H. Alfano … y repetir el
estribillo)
3. Lo que han dicho del H. Alfano
“El H. Alfano, afirma un discípulo suyo,
era considerado por los cohermanos y por los superiores
como un hombre excepcionalmente santo, un hermano marista
ejemplar”. En la base de su santidad se puede descubrir
un vigoroso espíritu de fe, una gran generosidad
y una constante fidelidad.
Otros testimonian: “Reconozco en él un religioso
dedicado por entero al bien del Instituto, sólo
preocupado por la gloria de Dios y por el bien de las
almas. Se perfeccionó a sí mismo cultural
y espiritualmente”.
“Vivía tan intensamente el espíritu
de la regla que lo llamábamos la regla viviente.
En su manera de rezar y en su comportamiento demostraba
estar siempre en la presencia de Dios y siempre en continua
meditación”. “Es mi impresión,
y sé que es la opinión de otros cohermanos,
más aún su firme convicción, que
el hermano Alfano ha sido un religioso que ha practicado
con constancia y de manera heroica las virtudes de la
vida religiosa”.
Canto con estribillo de alabanza… (Releer espontáneamente
uno u otro testimonio…
retomando el estribillo.)
4. Conclusión
Aceptemos esta sorpresa y esta gracia: un hermano como
nosotros, que ha vivido la humildad de nuestra vida, en
su banalidad cotidiana, es ahora nuestro amigo y nuestro
intercesor ante Dios. Nosotros, maristas, tenemos en el
hermano Alfano el ejemplo viviente de la Regla, el amor
incondicional por Marcelino y por el Instituto, el ejemplo
del “rosariante” que sabe llenar los tiempos
muertos de la jornada, diseminando avemarias por los caminos
de la vida. Nos pone en contacto con la Buena Madre para
ser conducidos a su Hijo Jesús y hacernos más
enamorados de él y más activos en la práctica
del bien. Así es como nos alimentamos con el “pan
de nuestra casa”, como decía él con
profundo afecto.
Y ahora recemos juntos:
Señor, que has concedido al hermano Alfano
La gracia de seguir fielmente a Cristo pobre y humilde,
Dándole la vocación de hermano marista,
Educador y apóstol,
Concédenos por su intercesión
Vivir también nosotros con generosidad y plenitud
Nuestra vida marista, irradiando con entusiasmo
El espíritu de Marcelino, nuestro Fundador.
Y tú, María, nuestra Buena Madre,
Glorifica a tu siervo Alfano
Que tanto te ha amado y glorificado entre nosotros.
Amen.
Canto final: Un solo Señor, una sola fe, un solo
bautismo