De
El Hermano Basilio Rueda Guzmán y las virtudes cristianas,
del H. José Flores García, Editiorial Progreso,
2005, México.
Editor: Instituto de los Hermanos Maristas
- Casa General -Roma – Italia - Febrero 2006
En un mundo dominado por el materialismo,
por el individualismo, el hedonismo, la falta de solidaridad,
y en donde los valores de la Iglesia Católica se ponen
en tela de juicio, necesitamos modelos de santidad cercanos
a nosotros, que manifiesten que es posible ser santo a pesar
del ambiente hostil a todo lo espiritual y trascendente, que
Cristo es hoy y siempre el centro de nuestra vida, capaz de
llenar plenamente las aspiraciones de cualquier ser humano
de buena voluntad.
La vida del Hermano Basilio Rueda Guzmán
fue una alabanza al Señor, un himno a la obra de sus
manos. Su unión con Dios rompió los moldes del
activismo desbordante que nos invade y se proyectó
al servicio de los seres humanos, a pesar del egoísmo
reinante. Su vida espiritual fue un itinerario de progresiva
entrega a Dios y a sus hermanos, en los difíciles momentos
posteriores al Concilio Vaticano II, en vistas a la renovación
de la Iglesia y de la Vida Religiosa.
Un día se le ocurrió que podía
ser Hermano Marista y decidió poner manos a la obra
para lograrlo, a pesar de las dificultades para conseguir
el permiso de su padre, que le costó largas horas de
oración, de ayunos y lágrimas y de insistencia
a la Santísima Virgen a quien, desde su primera infancia,
profesaba singular devoción.
Logrado su objetivo, su vida tomó
el rumbo de la santidad, como decía San Marcelino Champagnat:
“Hacerse hermano es comprometerse a hacerse santo”.
Basilio tomó muy en serio este asunto y se esforzó
toda su vida para hacerlo realidad.
Tuvo la gracia de encontrar, desde sus primeros años
de vida religiosa, a un excelente director espiritual en uno
de los capellanes de la casa de formación de Querétaro
en donde inició su formación profesional.
|