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1-Tú me has seducido, Señor, y yo me he dejado seducir

En primer lugar, Basilio es realmente un hombre de Dios, un hombre seducido por Dios. Al igual que Marcelino, Basilio estaba desconcertado por el amor gratuito que Dios le dispensaba. En el testimonio que dejó para la revista española Religiosos de hoy nos dice : « No cabe ninguna duda de que el papel principal le corresponde a Dios... No se trata sólo de vivir un magnífico ideal en el seno de un grupo humano, sino de seguir a Cristo y de vivir una vida de amistad con Él... Se operó en mí un cambio radical de vida : las actividades y el entusiasmo que hasta entonces habían arrebatado mi vida cambiaron de dirección... El centro de interés se desplazó en mí hacia una plena vida de oración, y no fue para mí nada difícil consagrar horas enteras a la oración personal. La Eucaristía diaria era para mí una necesidad ». En la revista Entrevue J.M.J. hace esta confidencia : « En la escucha atenta de la palabra de Dios se establece un diálogo íntimo que hace brotar un vehemente deseo de proclamar, mediante la vida misma, que Dios es la plenitud del amor... Nace dentro de uno la exigencia de buscar apasionadamente la voluntad de Dios en el seno de una comunión eclesial generosa... Una vez comprometida su existencia en el terreno del amor, ya no es posible dar marcha atrás... Quien ha experimentado la fascinación del amor de Dios, sabe que ya no se pertenece más a sí mismo. En efecto, el alma ya no pide nada para sí sino que se da a sí misma... Descubrí un día que Dios nos hizo tangible su amor en la persona de Cristo, y que Jesucristo es el beso de amor y de ternura que el Padre nos da ». En su circular sobre la Obediencia hace esta sorprendente afirmación : « Todos llevamos dentro de nosotros un gran misterio, y es que cada uno puede decir: Jesús es yo mismo y yo soy Jesús ».Sólo quienes lo viven pueden decir una cosa semejante.

Estos textos iluminan el fondo del corazón de nuestro Hermano Basilio y nos revelan cuál fue el motor de su vida apostólica : la necesidad de darse a sí mismo, sin límites, aun a riesgo de que la vela se consumiera por ambos cabos. Y así también comprendemos por qué cuando en sus noches de trabajo llega hasta las primeras luces del amanecer, luego se recoge en la capilla para hacer una hora de adoración. Y comprendemos también por qué cuando en 1985 se le concede un año sabático consagra todo un mes de retiro espiritual para orar según la espiritualidad del Carmelo, y luego otro período igual para los 30 días de San Ignacio, más una serie de cursos sobre la Lectio Divina, y por fin un viaje a Tierra Santa. Sólo esta pasión por Dios explica la gran cantidad de retiros sobre la Oración mental que dirigió en multitud de lugares del Instituto, así como sus Circulares sobre la Oración, sobre la creatividad en la oración comunitaria, su Meditación en voz alta ante los Hermanos Provinciales, su circular sobre la Oración mental.

A este amor se vincula también su devoción a María y la gran vía que abrió en nuestra Familia con la circular Un nuevo espacio para María. Ya en sus actividades dentro del movimiento por un Mundo Mejor, en Ecuador, hizo esta confidencia: " Llevo dentro de mí un libro sobre la Virgen María ya a punto; ¿cuándo encontraré un poco de tiempo para escribirlo? ". El Hermano Gabriel Michel, su secretario, nos hace saber que para la circular Un nuevo espacio para María, las cosas sucedieron así : El Hermano Basilio convocó, en una casa cercana al lago Albano, a algunos Hermanos versados en Mariología. Tuvo con ellos un intercambio de puntos de vista durante un cuarto de hora, y enseguida se puso a dictar la circular sin interrupción durante una hora y media. Al cabo de ese lapso la circular quedaba escrita. Lo mismo aconteció para su circular sobre El espíritu del Instituto, pero esta vez en los Estados Unidos. Los Hermanos fueron testigos de un desbordamiento de cuanto llevaba en su corazón. ¿Y qué decir sobre sus rosarios, en que modificaba los Dios te salve, María, para dar cabida a la alabanza, la acción de gracias, las súplicas a favor de personas que venía de visitar o con las que se había encontrado?. Lo vivido alimentaba la oración, y la oración iluminaba lo vivido.

No era menor su amor por Marcelino. Escribió sobre nuestro Fundador páginas luminosas. Releamos, por ejemplo, las páginas de su primera circular Los llamados de la Iglesia y del Fundador, o las que se encuentran en la circular sobre la Vida de Comunidad, o más explícitamente en aquéllas sobre El 25 aniversario de la Beatificación, o las reflexiones sobre la pedagogía de Marcelino que trae el libro Quemar la vida en las páginas 210-213. El quiso que El Hermitage se convirtiera en centro de Espiritualidad Marista. Durante toda la vida permaneció fiel a este entusiasmo por el Fundador y a su apasionado amor por la vida marista.

Este amor forjó en él al apóstol : un hombre que se dio por entero y sin límites, sembrando entusiasmo entre los Hermanos, entre sus colaboradores, en la Familia Marista, entre los exalumnos, entre los jóvenes novicios que lo frecuentaban y estimaban, en el seno de los Superiores Mayores que encontraban en él luz, ánimo y paz. Basilio era optimista por naturaleza, pero lo era aun más por su experiencia de Dios, la cual mantenía siempre encendida su lámpara de esperanza y de confianza. El mensaje que dejó a los Capitulares de 1993 es un verdadero grito de esperanza : "No tengan miedo, tengan confianza..." A un Hermano de Ecuador que le preguntó "¿Qué consigna de renovación les daría Ud. a los Hermanos preocupados por el apostolado marista?", le respondió : " La vida apostólica, sin una vida interior por encima de la media normal, puede convertirse en activismo puramente humano".

He aquí en donde quería Basilio que nuestra vida marista estuviera sobre todo enraizada: en Dios. El último mensaje que envía a sus más íntimos amigos, pocos días antes de morir, obedece a esta misma lógica : " Lo pongo todo en manos de Jesucristo, en las manos del Padre, y entonces me siento en una paz profunda, en acción de gracias y en actitud de alabanza. Sé que no hay mejores manos que las de Dios, y es en ellas en las que me he confiado ".

2-Basilio, nuestro Hermano

En el panegírico que tuve que pronunciar en sus exequias dije : " Uno de los mayores dones que deja a cada uno de nosotros y al Instituto, es el siguiente : él fue nuestro Hermano. Nos quería a todos como a sus Hermanos y amaba a todos los que se le acercaban como a hermanos y hermanas. Su modo de ser Hermano con nosotros y para nosotros ha sido una bendición ".

Sí, esa era la impresión que se tenía de Basilio, la de un hermano entre hermanos, hombre sencillo y simplificador de las situaciones, de sincero y real afecto, amante de acoger, servir, festejar, sembrar alegría. Un Hermano me ha confesado esta confidencia : " Lo habíamos recibido en Diego Suárez, en compañía del Hno. Jean Thouilleux, y después de haber estado todo el día trabajando en el Proyecto de vida comunitaria, a la noche íbamos a tomar el fresco del mar a la terraza. Allí discutíamos sobre todo : sobre la situación del Insituto, de la Iglesia, del mundo, como si hubiéramos sido amigos desde siempre. La persona del Hermano Superior General había desaparecido, sólo quedaba el Hermano Basilio, un simple Hermano de la comunidad ". Nos había acostumbrado a sus gestos de atención y de sencillez : acoger a un Hermano que llegaba, llevarle la maleta, preparar las habitaciones, barrer el patio, servir las copas de fin de fiesta y, sobre todo, lavar los platos. A un cohermano que le había tomado el puesto, le dice apartándolo : " ¿Pero no sabes tú que yo he obtenido una licenciatura de lavaplatos? ". Era particularmente entendido en el cuidado de los enfermos, en velarlos de noche si hacía falta. Y hay que tener en cuenta también los regalos que enviaba a los amigos que iba haciendo en los caminos de su apostolado : bendiciones papales, rosarios, casetes musicales o con meditaciones grabadas, libros, medicamentos... y a menudo también, ayudas en dinero. El libro 'El estilo de una vida' está lleno de esos ejemplos tan sugerentes.

Poseía un corazón atento. Por eso, aceptaba recibir a los Hermanos en cualquier momento, escucharlos todo el tiempo que hiciera falta... En su anhelo de recibirlos a todos, las entrevistas mordían el corazón de la noche : las dos o tres de la madrugada. En Quimper, durante el mes de agosto de 1974, había más de 400 Hermanos reunidos, y la mayor parte de ellos ansiaban ser recibidos. Escuchar a los Hermanos, comprenderlos, iluminarlos, reanimarlos : esa era la responsabilidad que había asumido, dejando la tarea administrativa habitual en manos del Vicario General, Hermano Quentin Duffy.

Necesitaba mucha fuerza interior para escuchar y asumir tantos problemas. Los tiempos eran de cambios profundos, en todos los ámbitos, así que eran particularmente difíciles. ¡Cuántos Provinciales sufrieron problemas de depresión! ¿De dónde sacaba Basilio ese optimismo que lo caracterizaba para relanzar en la generosidad y en la fe a tantos cohermanos desorientados? De su intimidad con Dios y del amor sincero que profesaba a sus Hermanos.

Un medio de acercamiento y de animación del Instituto fueron las cartas que escribió. El libro 'Convergences' ofrece una página sobre dichas cartas, de la cual cito algunos extractos:
" Cuando, en septiembre de 1985, Basilio termina su segundo mandato como Superior General, reconoce haber escrito más de 50.000 cartas... Con sentido del deber y de la amistad, nunca dejaba una carta sin respuesta. Es cierto que disponía de cuatro o cinco secretarios. Pero las cartas que no eran administrativas brotaban de su corazón, escritas por su propia mano, o preferentemente grabadas de viva voz en casete para que los secretarios las transcribieran... Tenía muchos amigos. Por supuesto, Hermanos; pero también laicos, familias, religiosas, sacerdotes, niños, jóvenes parejas, médicos, profesores, obispos, políticos, otros Superiores Generales... y hasta choferes de taxi y lustradores de zapatos.

Lo realmente sorprendente es la calidad del afecto que dichas personas le expresan. Muchas le dicen que rezan por él todos los días, otras que les gustaría escribirle cada día, otras que esperan con impaciencia alguna palabra de su parte. Algunos sólo le piden amistad, otros consejos, otros arbitraje en sus conflictos, otros algún pequeño servicio... Las respuestas de Basilio manifiestan respeto, amistad sin cortapisas, animación, y siempre tal grado de comprensión de las dificultades y debilidades, que consiguen crear un clima de paz y le merecen la confianza y la amistad. En todas las cartas que recibe, hasta en las más dramáticas o deprimentes, sabe encontrar algún aspecto positivo. Incluso las respuestas en las que debe sancionar o rehusar desbordan afecto o terminan abriendo una puerta a la amistad y a la esperanza...

La correspondencia era para él un instrumento de apostolado, un modo de acercamiento y de encuentro con sus Hermanos y con la gente. Era otra manera de ser Superior General... Sabía que las cartas cargadas de amor entraban de lleno en su modo de entrega total a Cristo. Amar a la gente, animarla, iluminarla, ser amigo de cada uno, ese fue realmente su genio y su camino hacia la santidad ".
Y es así como lo veían y lo querían tanto los Hermanos como la gente en general.

La alegría, el optimismo, las bromas, los chascarrillos forman parte de su arte de ser hermano. Ya desde Hermanito joven sorprendía con sus bromas y chistes. Siendo Superior General, no se apartó del camino emprendido. Así, por ejemplo, le dice a su amigo Hermano Minguillón al ponerle una vacuna y verlo tan peludo: " ¡Pero Mingui, aún no has empezado la evolución darwiniana! ". Siendo Maestro de Novicios, en México, le gustaba embromar y que lo embromaran; gozaba con las tiras cómicas dibujadas que hacían sobre él; inyectaba en las naranjas o en los chocolates algún licor desagradable para gozar con la cara que ponían al comerlos...

Generoso en el afecto, sencillo, sin exhibir nunca sus títulos, feliz y dichoso de ser Marista, Basilio llegó a ser muy querido. Dejemos que el Hermano Charles Howard concluya esta reflexión : " Nuestros documentos hablan del Superior como de un 'Hermano entre los Hermanos' y el Hermano Basilio fue en esto un ejemplo para todo el Instituto. Su amor por los Hermanos y su relación con ellos llegaron a ser legendarias, y para muchos fueron fuente de bendiciones... Siempre hizo prevalecer a la persona por delante de la institución ".

3-Basilio, un hombre dotado

Escribe el Hermano Paul Sester, su Consejero y Secretario General, en su testimonio : " Con la muerte del Hermano Basilio Rueda desaparece un figura que marca huella, una personalidad de talla por encima de lo normal, cuyo relieve no es el resultado de la extensa duración de 18 años de superiorado, sino el fruto de una riqueza personal fuera de lo común... "

Hay que reconocer que Basilio era un hombre inteligente, abierto, trabajador, metódico. Su tesis de maestría en Filosofía Ser y Valor fue aprobada 'magna cum laude' y sus mismos profesores la consideraban como una verdadera tesis doctoral, aunque para Basilio no representaba sino el primer panel de un tríptico. Mucha gente quedaba sorprendida por su vasta cultura y se preguntaba de dónde sacaba tiempo para leer y mantenerse al día en el pensamiento más reciente. A menudo, en las reuniones de Superiores Mayores en Roma, cuando él expresaba su idea, la misma quedaba como opinión final del grupo. Sus circulares eran solicitadas y estudiadas por otras Congregaciones. La circular sobre la Vida Comunitaria fue vendida a las ediciones de San Pablo y en su tercera edición sobrepasó los 30.000 ejemplares. Cuando en el mundo Marista se organizaba una reunión de cierta importancia, Basilio era invitado para dar una conferencia, o a enviar algún artículo, y con gusto se le hacía alguna entrevista. También era invitado por muchas Congregaciones para dirigir sus retiros. El Hermano Gabriel Michel, su primer Secretario General, dice lo siguiente : "Era un hombre inteligentísimo, aunque a veces sus conferencias decepcionaran, pues no tenía tiempo de prepararlas. Pero cuando tenía tiempo para trabajarlas, era realmente magnífico, no había palabra que perder, ninguna podía tildarse de inútil". A menudo, un encuentro personal con él permitía a los Hermanos conocerse en profundidad a sí mismos, de llegar a las raíces de su vida interior.

Basilio añadía a esta particular perspicacia una muy grande apertura a cualquier iniciativa y a toda novedad. Como era inteligente y optimista, jamás condenaba nada en bloque. No sacralizaba ni el pasado ni las tradiciones, ni se hacía esclavo de ninguna cultura; amaba el presente, pero su espíritu estaba siempre en guardia. Uno se sorprende ante la cantidad de encuestas que realizó y desarrolló por la cantidad de servicios que solicitó a IBM de España, instrumento de vanguardia en ese tiempo. Comprendía bien al Concilio que le pedía rejuvenecer las estructuras al mismo tiempo que volver a las fuentes. En los cambios que introduce en la Congregación nos muestra una audacia sabiamente contenida.

En cuanto a su hábito de superproducción de trabajo, es una herencia directa de su maestro de Universidad Oswaldo Robles quien, por ejemplo, un sábado después de tres horas de curso brillante, dio a sus estudiantes como tarea no sólo la síntesis del curso sino también la de leer el Discurso del Método y presentarlo oralmente el lunes siguiente. Ese lunes el profesor pide que le presenten el resumen de sus clases del sábado. Basilio, que se había pasado el domingo leyendo y sintetizando el Discurso del Método, se excusa. El Profesor le retruca que las noches están hechas para trabajar si es necesario. Aprendió la lección para toda la vida, y así las noches de Basilio se convirtieron en el tiempo privilegiado para la reflexión y para el trabajo. Por suerte, tenía el sueño a voluntad, y podía recuperar descanso cuando lo necesitaba. Agradecía sinceramente a cuantos le recordaban el cuidado de su salud, pero igual seguía con su método de trabajo nocturno.

Muchos de sus cercanos colaboradores lo reconocen como un trabajador metódico. Así el Padre Manuel Portillo que predicó con Basilio muchos retiros en todo el mundo Marista, dice de él que preparaba todo con minucioso detalle. Se pueden ver en los archivos las notas que enviaba a los Provinciales señalando cómo debían disponer la capilla, las luces, los asientos, que debían prever los magnetófonos, las máquinas de escribir, las lapiceras, el papel, y hasta proponía horarios, por cierto bien cargados... Las encuestas revelan igualmente a un hombre metódico y minucioso, aunque en este punto los resultados concretos hayan sido, al parecer, bastante exiguos. Le era muy necesario ser un hombre ordenado si quería enfrentar tanto trabajo como se le presentaba.

Concluyamos con unos hechos que muestran a las claras cuál era la estatura intelectual y espiritual del Hermano Basilio. A principios de 1973, Basilio recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica Pontificia de Porto Alegre. En 1980, el Vaticano le invita a Basilio a participar como auditor en el Sínodo sobre la familia y luego a dirigirles la palabra a los Padres del Sínodo. De vuelta a México en 1985, forma parte del grupo EPSIMO (Equipo de Psicólogos, Médicos y Orientadores), grupo de investigación científica de alto nivel que apunta a dar respuestas científicas y religiosas a los problemas que plantea el mundo de hoy. Y de nuevo el 3 de de 1995 el Vaticano lo nombra Consultor de la Congregación para los Insititutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Pero ya en esta fecha Basilio estaba maduro para el cielo.

Basilio fue grande en la fe, auténtico hombre de Dios.

Basilio fue grande en el amor, verdadero hermano entre hermanos.

Basilio fue grande en sus dotes intelectuales, y las puso al servicio de todos.

 
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