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Cuatro Textos de Basilio
 

1-¡ El amor no es un fin ; el fin es la persona !

La experiencia me ha enseñado que la comunidad es un medio para el amor, pero también el objetivo del amor. El amor no es un fin, sino una actitud cuyo objetivo es la persona amada. El prójimo no se siente amado si es sólo un medio para que uno gane méritos. Ocurre en la vida comunitaria lo mismo que en la oración o en la pobreza. Ellas no son cosas "en sí", y cuando se las busca por ellas mismas, por la satisfacción que se halla en sí mismas, ellas tienden a sustituir a Dios. Llevan a radicalismos que muy pronto se revelan como nada evangélicos...

También la comunidad debe estar en guardia para no cerrarse en sí misma, pues de otro modo sus miembros pueden llegar a vivir, de manera paulatina, un crecimiento en el egoísmo, o si no caer en el infantilismo al carecer de contacto real con el exterior. Vuelvo a reiterar que nuestras comunidades no adquirirán la madurez cristiana sin la escucha personal y comunitaria de esta palabra de Dios : " No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios " (Mt. 4.4)...

No digo que haya que edificar una comunidad sin sabiduría humana, sin psicología, pero si no hubiera más que eso, ¿sería cristiana?. En otros tiempos se pensaba que el epíteto 'religioso' significaba más que el epíteto 'cristiano'. Yo voy a ser más modesto y me contento con que nuestras comunidades sean verdaderamente cristianas. Sin la fuerza del amor de Jesús, y sin una mirada constante a los valores evangélicos, una comundidad llega pronto a una chatura lamentable (Circular Proyecto de vida comunitario, pp.90-92).


2-En el compartir los sentimientos más íntimos

La nueva comunidad tiene preferentemente que reclamar la madurez y el afecto... En tiempos pasados no se sobrepasaban las fronteras de la intimidad. Las palabras de Cristo " Los llamo amigos porque lo que yo oí de mi Padre se lo he dado a conocer a ustedes " (Jn. 15,15) debería habernos ensanchado el horizonte, pero no nos percatábamos de su estrecha vinculación. Por cierto, existía el mundo místico del amor entre Cristo y los cristianos, que se regía por el Evangelio; y también un mundo de amor de cristianos entre sí, incluso de religiosos entre sí, apoyados ambos en el Evangelio, pero también sobre principios de una prudencia secular... Podía uno vivir durante años en comunidad y, por experiencia, llegar a conocer el modo de ser y de obrar de un cohermano, pero ignorarlo todo sobre su familia, su infancia, su historia, sus ideales, sus proyectos, sus dificultades, sus gustos.

No sé si debería pedirles disculpas por hablar de la comunidad antigua como si ésta hubiera ignorado el sentimiento y el afecto; les aseguro, de todos modos, que conozco de sobra que tan verdaderos eran entonces como ahora. Estoy preparando para el año que viene una circular sobre la fidelidad y ya tengo recogidos unos testimonios maravillosos. Pero, si yo no les hubiera hecho la pregunta, ¿quién hubiera llegado a saber que tal o cual Hermano que siempre aceptó todos los cambios sin manifestar ningún pesar, nunca dejó una comunidad sin derramar copiosas lágrimas? Y hasta consideraba que tal información no merecía ser comunicada... La puesta en común de los sentimientos más íntimos es, pues, normal y no tiene nada que ver con un mecanismo de compensación afectiva más o menos turbia. Al contrario, es algo que puede ser manifestación muy viril. ¿Por qué pretender que virilidad sea lo contrario de emotividad? (Circular Proyecto de vida comunitaria, pp. 103-104).

3-Extractos de una entrevista realizada por los responsables de los exalumnos de Chile, en abril de 1970 (Afm, 51.09, D3, 82-05-35)

" Ciertamente, yo los llamo a tener valor, pues hay momentos en los que, como se nos ha enseñado, sabemos mantenernos firmes, pero hay otros en los que uno quisiera tirar el mango junto con el hacha y abandonarlo todo; y sin embargo, un compromiso firme, la perseverancia, el hecho de darse valor a uno mismo y de animar a los demás a mantenerse firmes en el compromiso, el hecho de renacer sin cesar en una nueva juventud, a pesar de las dificultades, todo eso tiene grandes méritos; y por ello yo quiero animarlos a ustedes y aplaudirlos con toda mi alma...

La masificación de nuestro mundo hace que haya muchas personas que flotan a la deriva sin amor, sin amistad, sin compañía, sin solidaridad y sin objetivos por los que vivir. Hay muchos en esta situación. Y a veces una de las tareas de los Antiguos Alumnos sería la de tomar las listas de exalumnos y ver cuál es la situación personal de cada uno, para saber si no hay entre ellos quienes tienen buena tela y que, sin embargo, andan ociosamente a la deriva, cuando podrían estar comprometidos... Creo que tenemos necesidad de centros de unidad para reencontrarnos... Me estoy acordando de un país en el que se organizó un encuentro de jefes de partidos políticos; sólo de jefes, en un abanico que abarcaba desde la extrema izquierda a la extrema derecha... Estuvimos 3, 4 días, dialogando. ¿Saben cuál fue el resultado? Una confesión pública de los jefes de los partidos en la que reconocían haber saboteado en el Parlamento proyectos reconocidos como excelentes sólo porque ello hubiera significado el triunfo del adversario en las próximas elecciones. Los habían saboteado con total ciencia y conciencia de que eran los mejores proyectos que en el momento necesitaba la nación. Así que llegaron a una conclusión: comprometerse todos a garantizar un mínimo de bien común, como algo razonablemente intocable, y acordar un lugar de encuentro para reflexionar sobre el bien de la nación sin intereses de partidos políticos de por medio...

Les voy a traer un ejemplo realmente precioso. Estando en el Líbano, tuve un encuentro con un grupo de Antiguos Alumnos. No sabía bien cómo hablarles, pues entre ellos había protestantes, católicos, ortodoxos, musulmanes. Era muy delicado... De no importa qué lado me hubiera inclinado podía ser peligroso. Se me acerca entonces el mejor poeta del Líbano - será ciertamente considerado como el mejor de todos los tiempos en la Literatura del Líbano - : " Hermano, me dice, háblenos Usted de la Santísima Virgen ". Y les hablé de la Virgen María; y fue para todos el mejor tema de unidad... Después de lo cual, se puso de pie y pronunció el más bello discurso que yo haya oído en mi vida sobre la Virgen María. Estábamos en el lugar en que, según la tradición, se sitúa Caná de Galilea.


4-Carta a Monseñor Bruniera, Nuncio Apostólico del Líbano (Extractos)

He recibido de manos del buen Hermano Olivier la carta que Usted ha tenido la bondad de enviarme. Ya conoce de antemano la alegría que me da recibir alguna de sus cartas y el no menos gran placer que me causa el responderle... Es el gozo que se siente al escribir a un padre. Sabe Usted bien que Dios, por no sé qué misteriosos caminos, ha establecido entre nosotros esta clase de afecto fraterno...

He pensado mucho en Usted en mis viajes por América Latina..., sobre todo en el Uruguay (Monseñor A. Bruniera había sido Nuncio en ese país). Cuando leo lo que acontece en Oriente Medio, sobre todo lo que concierne al Líbano, me acuerdo de Usted y lo tengo presente en mi oración ante el Señor. Conozco muy bien que su fe robusta y su ardiente amor a la Iglesia le dan a Usted una gran paz y el indispensable valor en tales situaciones. Que el Señor siga bendiciéndolo en su labor...

No he andado del todo bien en mi salud; el cúmulo de trabajo... casi todos los días hasta el amanecer -y por consiguiente, sin poder dormir-, los continuos cambios de alimentación, de temperatura, están minando mi organismo. Si la vida se deteriora por la causa del Señor, la cosa no tiene imporancia. Mi único deseo es el de ser del Señor y el de quemar mi vida por Él. No obstante, trato de ser prudente y de cuidarme " en la medida en que me lo permiten quienes me solicitan en sus necesidades "... a ellos no les puedo decir que no. Un fuerte resfrío ha afectado mis bronquios de modo persistente : estoy siguiendo un tratamiento con inyecciones, confiando en que la normalidad se restablezca.

Un millón de gracias por las noticias que Usted me da sobre los Hermanos y por todo lo que hace por ellos. Que el Señor se lo pague en gracias espirituales y lo bendiga. Sabe bien que para mí es Usted uno de los miembros más apreciados de la Congregación. Lamento profundamente que cuando venga Usted a Roma en agosto-septiembre yo estaré ausente. Es para mí un gran pesar. Espero que podamos encontrarnos el año próximo. Con todo respeto le doy un abrazo y le pido su bendición (Roma, 19 de junio de 1970) (Afm, 51.09, D2, 70-06-037).

 
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