1. En la Universidad de un chofer
de taxi.
(Basilio, en su primer viaje a Venezuela,
llegó al aeropuerto a las 3 de la
madrugada. No había nadie esperándolo.
Toma un taxi y se dirige a Los Teques, a
30 km de Caracas, donde iban a tener lugar
los ejercicios espirituales. Pero, sin que
Basilio fuera avisado, había habido
un cambio de lugar. Así que llega
tempranito a Los Teques, toca el timbre
repetidas veces, pero nadie acude a abrirle.
Entonces vuelve al taxi y en la espera entabla
conversación con el taxista).
- Creo que vamos a tener tiempo para conversar,
a menos que no te guste hablar con los pasajeros.
En verdad, me hubiera gustado encontrar
alguna cara conocida en el aeropuerto, pero
estoy contento de hacerte ganar la jornada.
¿Cómo te llamas?
- Ramón Sánchez, para servirlo.
Salta a la vista que es Usted una persona
distinguida y con buenos sentimientos. En
este auto se tienen que oír tantas
cosas... Y usted, ¿cómo se
llama?
- Basilio Rueda, Hermano Basilio Rueda.
Soy religioso Marista. Tengo mi sotana en
la maleta; es que las leyes de México
no nos permiten usar la sotana en público.
¿Tienes familia?
- Sí. Tengo una mujer maravillosa
y cinco hijos que, por suerte, crecen sanos.
Pero comen como limas. El volante da buenas
ganancias, no me quejo, pero no me veo saliendo
de pobre.
Y nos pusimos a hablar y hablar. Me informó
sobre todo lo que me interesaba de Venezuela:
política, sociedad, educación
de los niños, vida de la gente de
los pueblos y de las grandes zonas urbanas
residenciales con su lujo; sobre la Iglesia,
los sacerdotes, la fe de la gente y la moral
cristiana... Era un hombre honesto, de inteligencia
notable, pero que no había estudiado
en los libros: su taxi valía bien
una Universidad.
A la hora fijada por el reglamento, una
religiosa nos abrió la puerta. Hago
mi presentación y le digo que estoy
preocupado porque tendría apenas
tiempo para darme una ducha antes de iniciar
los Ejercicios.
- Pero..., es que no es aquí el
retiro, es en el Seminario interdiocesano.
Menos mal que tuvo la gentileza de ofrecernos
un café bien caliente, que nos reanimó
un poco en la fría mañana
de septiembre en Los Teques. Y de nuevo
rumbo a Caracas. Ocasión de otro
rato de conversación amigable con
Ramón Sánchez.
Llegamos al Seminario cuando la primera
conferencia-meditación llegaba a
su fin (la que Basilio debía haber
dado).
- ¿Cuánto te debo, don Ramón
? Ten en cuenta a tu mujer, a tus hijos,
a las horas que generosamente me has brindado.
- Sí, sí, pienso en todo
eso, pero también en que es usted
una buena persona y que no se merece la
pésima acogida que Venezuela le ha
brindado. Déme usted lo que señala
el marcador, y algo para la gasolina, que
en Venezuela es barata.
- Vale ; todo eso, más el precio
de la lección de sociología
venezolana que me has dado durante todas
estas horas.
Le prometí hacerle una visita en
su casa en el primer tiempo disponible.
(Cosa que cumplió. Cuando tuvo que
partir de regreso para México, salimos
un rato antes de casa para poder detenernos
en la del chofer. La alegría de esta
humilde familia podría ser comparada
con la de Zaqueo haciendo los honores de
su huésped el Divino Maestro.
¡Cuánto esta simple anécdota
del chofer de taxi nos pinta la personalidad
de Basilio !
(Hno. Jesús María Martínez
Gómez, Caracas, Venezuela).
2-El humor de Basilio
El Hermano José Kukulu, del distrito
del Congo, hombrachón que sobrepasa
los dos metros, nos cuenta : « En
el mes de agosto de 1992 me habían
llamado de Nairobi para hacer de traductor
en el Congreso de los Hermanos de Africa.
El Hermano Basilio estaba presente. Mi cumpleaños
caía justo durante el tiempo del
encuentro.
En la comida del mediodía, y en
clima de fiesta, todos vinieron a felicitarme.
Los Hermanos hacían cola para el
abrazo fraterno. Cuando le llegó
el turno al Hermano Basilio, se acercó
armado de una silla. La puso en el suelo,
subió encima, y así encaramado
me dio el abrazo fraterno ante las risas
de todos, divertidos y asombrados por la
sencillez y la pícara ocurrencia
del antiguo Superior General.
3-Recuerdo de un retiro espiritual
El Hermano Hilario Schwab, delegado por
la provincia de Córdoba en el XX
Capítulo General, ha compartido con
nosotros dos imágenes del Hermano
Basilio que le quedaron vivamente grabadas
en la memoria y en el corazón.
Según él, el Hermano Basilio
vivía el voto de pobreza hasta el
extremo : daba todo lo que tenía,
especialmente ponía todos sus talentos
al servicio de los demás, servicio
que comprometía su tiempo, sus noches,
a veces hasta la madrugada. En verdad, le
quedaba bien poco de espacio y de tiempo
para sí mismo, y eso no esporádicamente
sino a lo largo de toda la vida. Pertenecer
a los demás, aceptarse y estar de
veras al servicio, eso es vivir la pobreza
hasta el extremo.
Su segundo recuerdo tiene que ver con un
retiro que Basilio predicó a las
comunidades de Argentina. Desde el inicio
del retiro, el Hermano Basilio invitó
a todos los Hermanos a crear un clima de
silencio, a ser posible un silencio total,
evitando los ruidos en el caminar, en la
manera de sentarse o de ponerse en pie,
en el sonarse la nariz, en el abrir y cerrar
de puertas. Y en este espacio de silencio
total, intercalar largas horas de adoración
silenciosa. El silencio venía a ser
como el oro que recubre los íconos
de los santos. El silencio y la adoración
constituyeron la esencia de esta semana
de reanimación espiritual.
Para el Hermano Hilario, y para muchos
otros Hermanos, éste fue el mejor
retiro de su vida, y se propuso como modelo
para todos los que siguieron después
año tras año : un redescubrimiento
del silencio como clima de adoración
; y en la adoración, un prolongado
encuentro con Dios que reanima y provee
de sentido a la vida.
(Recuerdo del Hermano Hilario Schwab,
en viaje hacia el Vaticano con el Hno. Mariano
Medina y el Postulador, Roma 19 de octubre
de 2001).
4. P. Jan Hulshof, Superior General
de los Padres Maristas
Le pido disculpas por mi retraso en dar
respuesta a su mensaje del 25 de febrero,
acompañado por el envío del
libro Basilio Rueda, otro Champagnat. Después
de haber leído el libro, lo he hecho
circular entre los miembros de nuestro Consejo
aquí en Monteverde. Se lo agradezco
cordialmente, y lo felicito por esta bien
lograda publicación. Su libro nos
vuelve a poner en contacto con la vida,
con las enseñanzas y los ejemplos
del Hermano Basilio.
Personalmente me considero dichoso de haberme
encontrado con él en varias ocasiones,
cuando yo era Asistente del P. Ryan, y recuerdo
con gozo nuestro viaje común, en
avión, desde Fidji a Tonga, en febrero
o principios de marzo de 1980. En Tonga
fuimos recibidos con ceremonias verdaderamente
emocionantes e impresionantes, ceremonias
destinadas a él, pero en las que
yo también tuve alguna participación.
Aprecio la original fórmula de su
libro, de testimonios que alternan con textos
del Hermano Basilio. Me he sentido feliz
de leer (y en varios casos de releer) las
palabras de vuestro antiguo Superior General,
el que fue no solamente un líder
carismático sino también un
eminente autor espiritual.
Muchos entre nosotros hemos leído
sus circulares, sobre todo aquellas sobre
la vida comunitaria y sobre la obediencia,
ambas a justo título muy bien representadas
en su libro. Los testimonios sobre la vida
de Basilio son igualmente preciosos. Ellos
son los signos que confirman suspalabras.
He leído con placer los testimonios
de todos aquellos que conocieron al Hermano
(entre ellos mi amigo Eduard Blondeel).
En suma, ¡ cuánta razón
tiene usted en decir que el Hermano Basilio
es un honor para toda la gran familia Marista
! (Roma, 4 de mayo de 2002).