A petición del H. Basilio Rueda,
Superior general, Henri escribió una autobiografía,
fechada el primer domingo de Adviento de 1978. He aquí
el final:
HISTORIA DE AMOR
“... Dios sea bendito, y también
la Virgen María, por haberme llamado, por haberme
dado la gracia de la fidelidad sencilla, a la que intento
responder lo mejor que puedo. Gracias a mis hermanos,
que me han permitido, por su fidelidad, a veces por su
debilidad, poder contestar mejor a la llamada de Dios.
Teniendo en cuenta también a algunos que han dejado
el Instituto y que me son aún muy queridos...Misterio...Gracias
a mis padres, a mi familia, a tantos amigos-sobre todo
sacerdotes y religiosos (as)-que me han entrenado en este
camino del Amor. Historia de Amor que continúa.
Y que el buen Dios nos dé la gracia de serle fieles.
FIAT, MAGNÍFICAT”.
Unos diez años más tarde, Henri aceptó
describir su itinerario espiritual: “En la casa
del Islam”. Termina así:
“Resumiendo, ha sido mi compromiso
marista el que me ha permitido, a pesar de mis limitaciones,
insertarme harmoniosamente en el medio musulmán,
y mi vida en ese medio se ha realizado más profundamente
como cristiano marista: ¡Dios sea loado!”
(Argel, Navidad de 1989).
Al celebrar el centenario de la llegada de los primeros
Hermanos Maristas a Argelia (marzo de 1891), Henri ya
llevaba diez años en ese lugar. He aquí
algunos extractos:
· Nueva etapa este año: Bab-el-Oued,
la Casbah... perdidos discretamente en el corazón
de la multitud, henos aquí, Maria, cerca de los
pobres, cerca de los jóvenes, humilde presencia
que quiere ser siempre disponible, proyección
de tu Hijo...Y con encuentros de VISITACIÓN.
Magníficat.
· La biblioteca, esos más de mil jóvenes
que acogemos .. esas decenas de miles que nos rodean...multitud
aún impregnada de la fe, pero que duda de su
futuro... juventud del tercer mundo, a veces desamparada...
¡Oh Madre, que podamos encender la esperanza en
esos corazones jóvenes!
· El RIBAT, lazo de paz, ese grupo que nos acoge,
deseoso de un acercamiento más espiritual del
Islam y de los musulmanes, en la vida de cada día.
Tú viajas con nosotros, María, a veces
en la exaltación de esas maravillas que se cumplen
en la base, signos proféticos en el espíritu
de la fraternidad de Asís, a la que se abre la
Iglesia de tu Hijo”.
Algunas anotaciones de Henri que traicionan su camino
espiritual en su última etapa.
“Vigilar sobre ese don que Dios
me hace de una simple mirada de adhesión total
en lo más profundo de mi ser, y lo que él
quiere en todo momento, en todas las circunstancias: sencillamente
ser sincero, en el amor, en su presencia. Con La Virgen
Maria, mi recurso, en la irradiación de la Eucaristía”
(Tibhirine, 17-12-1983).
“Tres criterios del apostolado
para el Instituto: orientación hacia los pobres,
educación mariana, llamadas de la Iglesia”
(3.4.1984).
“Fija tu corazón en Dios
y en María”.
“Señor Jesús, me
he entregado a ti para ser entregado en ti y contigo,
todo entero, al Padre, en el amor del Espíritu
Santo. Que mi voluntad sea la del Padre sobre mí,
y que pueda cumplirse cada día, hasta el final”.
1986: año de arabización intensa. Clarisses,
Argel, 22.03.1986.
“Dejar que la paz de Cristo
me invada más y más en lo más íntimo
de mi ser. Paciencia, dulzura conmigo mismo, paciencia,
dulzura con todos, en particular con los jóvenes
que el Señor me confía. Virgen María,
haz de mí un instrumento de paz en el mundo”.
“Esfuerzo particular, este año,
por una atención muy especial hacia los más
“desfavorecidos” entre mis alumnos. Desde
el comienzo, conocer a cada uno por su nombre. Adaptar
mejor mis enseñanzas, sobre todo para los más
desprovistos”, como se lo he escrito al P. Champagnat”
(N-D de l’Hermitage, julio de 1987).
“Con la gracia del Señor, acompañado
de la Virgen María:
-
Calma, paz en presencia de Dios
(sobre todo en el momento de oración).
-
Bondad con los alumnos.
-
Ayuno: en particular, sin postre
en la cena.
-
Aligerar cada día un poco
nuestros “pertrechos”.
“Mi presencia en ese lugar, en ese momento, es
solamente necesaria en la medida que Dios lo ha querido
para mí y para mis hermanos. Como Jesús,
estar totalmente disponible a la voluntad del Padre.
Ser la pequeño flor que se abre allí donde
el Señor la ha plantado o trasplantado en la
tierra de los hombres, pero siempre regado por el agua
de vida del Espíritu Santo. En todo y siempre
ser un sí en y dentro del SÍ de Jesús,
como la Virgen María” ( Escrito en Sour-el-Ghozlane,
entre 1986 y 1988).
“Ser transparencia del Evangelio, transparente
en el Evangelio. Ser una semilla oculta en la tierra
de los hombres donde podrá brillar el fermento
del Evangelio. Dejarme transformar un poco cada día
por la Palabra viva del Evangelio: No dejarme debilitar
por la desvitalización de la rutina, de la distracción,
de la instalación en la comodidad. Que pueda
hacer brotar constantemente, en mí, el hombre
nuevo. Ser siempre más Palabra de Evangelio”
(Ibid.).
“Que sea más verdadera una palabra que
yo viva, que una palabra que yo diga. Aspirar siempre
a una irradiación del ser” (Ibid.).
“Paciencia, perseverancia calmada y tranquila.
Como el sembrador que confía su grano a la tierra
y deja que el tiempo de Dios haga su trabajo. Actitud
esencial para un educador, dado que yo no conozco el
ritmo de desarrollo de cada joven. Dios me ha enviado
sencillamente a sembrar el grano en el campo escogido
por él: siembra en paz y deja que él cuide
el crecimiento. Sin asombrarse de la presencia de la
cruz, como en la vida de Jesús” (Ibid.).
“La semana de oración, con Jean-Marie,
ha sido para mí una ocasión de conversión
personal. Deduzco algunas convicciones: si el corazón
desea a Dios, entonces la oración ha sido buena...
Tener ese deseo en lo más profundo de uno mismo
y pujarlo siempre más lejos. Cristo debe irradiarse
por medio de nosotros. El 5º evangelio que todo
el mundo puede leer, es el de nuestra vida” (Encuentro
nº. 12 de Ribat, 31 de octubre a 2 de noviembre
de 1984).
En Sourd-el-Ghozlane, Henri se interroga:
“ ¿Por qué aquí?
-. Porque me ha enviado Dios.
-. Porque hay un designio misterioso de Dios sobre el
pueblo del Islam, un templo de su presencia donde me invita
a entrar, una apertura recíproca que favorecer,
un diálogo entre creyentes que promover, que desarrollar.
Nuestros caminos hacia Dios no pueden sino converger.
...
-. Porque mi vocación marista está especialmente
adaptada a esta presencia escondida de humilde servicio,
con fundaciones bien ancladas sobre las que descansa el
futuro; en este país joven - nosotros que existimos
para los jóvenes –, con María, ella
también presente en el corazón del Islam”.
|