Toda celebración eucarística
es ofrenda e inmolación y acción de gracias.
La de hoy añade motivos particulares al sacrificio
de Jesús y a nuestra alabanza y acción de gracias
a Dios, Padre de bondad y de misericordia. A la muerte violenta
del Arzobispo de Bukavu, monseñor Christophe, siguió
la de los Her-manos maristas: Julio, Fernando, Miguel Angel,
Servando y últimamente, en Goma, la de dos sacerdotes
y una religiosa de origen zaireño. A ellos hay que
añadir los miles de personas que han muerto y de quien
nadie hablará...
La muerte violenta de Servando, Julio, Miguel
An-gel y Fernando ha interrumpido la presencia física
de una comunidad religiosa en el campo de Nyamirangwe. Pero,
ahora, sus vidas tienen una nueva dimensión y sus mensajes
hablan de Jesús resucitado con más fuerza que
nunca.
Por la experiencia vivida en las ultimas semanas tengo la
impresión de que los cuatro Hermanos han sobrepasado
los límites canónicos del Instituto maris-ta
y definitivamente son patrimonio de la Iglesia, de la vida
consagrada y de muchas personas de buena voluntad que se han
encontrado con Dios por la noticia de estas muertes violentas.
¿Quienes son Fernando, Miguel
Angel, Servando y Julio?
Femando ha vivido la mayor parte de su vida lejos de España,
en Chile, donde ha sido formador y consejero provincial. Apenas
llevaba un año en el Zaire. El 23 de octubre le sugerí
si podría continuar medio año más en
Nyamirangwe y su respuesta fue espontanea y hasta gozosa.
"Estaba esperando tu invitación y te aseguro que
me haces un gran regalo. Muchas gracias por esta buena nueva
que me das".
Miguel Ángel, ha vivido 13 años en Argentina
y 22 en Costa de Marfil, donde fue superior del Sector.
Julio llevaba 14 años en Zaire y en mayo le invité
a integrarse en ia comunidad Nyamirangwe.
Para Seroando ésta era su primera experiencia misionera.
Actualmente él era el superior de la comunidad de Bugobe.
Como los otros Hermanos fue por un año, pero por las
circunstancias que atravesaban
estos campos de refugiados aceptó gustoso continuar
un año más. En su provincia de Bética
fue consejero Provincial y miembro del equipo de animación
pasto-ral y allí le esperaban para continuar de nuevo
en ese servicio pastoral.
¿Qué hacían
en un campo de refugiados?
El mes de agosto de 1994 la Asamblea y Consejo de Distrito
de los Hermanos de Ruanda toman la decisión de estar
presentes con todos los ruandeses. Dentro del país
se abren de nuevo tres comunidades que centran su misión
en escuelas. Al exterior y al servicio de los refugiados,
seis Hermanos inician la nueva comunidad. Ante las dificultades
que van surgiendo para los refugiados y para los Hermanos
ruandeses, se refuerza la comunidad con Hermanos no africanos;
pero como los peligros persisten, optamos por retirar todos
los Hermanos ruandeses de la Comunidad de Bugobe.
A medida que he ido conociendo este proyecto ha crecido mi
admiración y amor a los Hermanos que lo iniciaron y
continuaron. Tuvieron la intuición de crear un proyecto
de educación muy en sintonía con nuestro XIX
Capítulo General: integrado en la Iglesia, con plena
colaboración y responsabilidad de laicos y respondía
a las necesidades del entorno. Y todo ello estaba animado
por una comunidad fraterna de consagrados que, en las dificultades,
era centro de referencia porque inspiraba confianza. "Cuando
nos ven es como si vieran a Dios", le decía Julio
a su madre.
¿Quien los ha matado y por
qué?
Hay aspectos de sus muertes que restarán des-conocidos
y como hipótesis. Otros son claros:
Fueron asesinados el día 31 de octubre sobre las 20
horas. Al parecer mueren por efecto de balas. Los autores
del crimen son las milicias Interhamwe (del anterior gobierno
de Ruanda), que permanecen unos días en el barracón
de los Hermanos e impiden que nadie se acerque porque,decían,
que los Hermanos estaban presos por ser espías. Los
cuatro cadáveres fueron sacados de una fosa séptica
el pasado día 14 y enterrados en nuestra casa noviciado
de Nyangezi.
Los.pretextos para asesinarlos pueden ser varios. Sólo
tengo una razón segura: han muerto porque a pesar de
los riesgos que corrían deciden quedarse junto a miles
de personas que iban y venían erran-tes, víctimas
del pánico y de la presión de quienes quieren
hacer de ellos escudos humanos en los com-bates o en la resistencia.
Desde el 23 de octubre cada día hablábamos
con ellos por teléfono el Hermano Jeffrey y yo. En
este momento sentimos no haber grabado las conversaciones
con Servando: serenas, de fe, de claridad en la decisión
que tomaban y de los riesgos que corrían. Su temor
era ser asesinados por los rebeldes que se aproximaban, aunque
también desconfiaban de las personas violentas que
estaban llegando al Campo a finales de octubre.
Ante mi insistente invitación a retirarse
del lugar, su respuesta era la misma: No podemos abandonar
a quienes ya están abandonados de todos. Si tú
estuvieras aquí harías lo mismo que nosotros.
Nuestra decisión es quedarnos si tú nos dejas.
En la mañana del día 31 Servando telefonea a
la Casa General y da este mensaje: "Se han marchado del
campo de Nyamirangwe todas las personas. Estamos solos. Esperamos
un ataque de un momento a otros. Si esta tarde no volvemos
a telefonear será una mala señal. Lo más
probable es que nos quiten la radio y el teléfono.
La zona está muy agitada. Los refugiados huyen sin
saber a dónde y es muy notaria la presencia de infiltrados
y de personas violentas". Ese mismo día hablé
dos veces con él desde Francia. La última a
las 13,50 horas y me dijo: "de nuevo nos hemos quedado
solos, tal vez vuelvan otra vez los refugiados porque no saben
a dónde ir. Nos quedamos porque no quere-mos mezclarnos
con los militares ni con los grupos armados".
Queridos Hermanos Servando, Julio,
HFernando y Miguel Angel
Como Superior acepté vuestra decisión de quedaros
y con vosotros asumí los riesgos que podíais
correr, pero al recibir la noticia de vuestras muer-tes he
sentido pena por este final doloroso; pena por vuestras familias
y por el daño que se han hecho a sí mismos quienes
os han asesinado. Estoy convencido de vuestro perdón
porque tampoco ellos sabían lo que estaban haciendo;
nosotros maristas les perdonamos y rezamos por ellos.
No puedo ocultaros que junto al sufrimiento
de estos días siento admiración por cada uno
de vosotros y gozo interno porque habéis sido testigos
de Jesús de Nazaret arriesgando la vida hasta la muerte
violenta. Os quedasteis en Bugobe por amor a Dios y a los
refugiados. Gracias por vuestra generosidad y por vuestra
fe. No olvidéis que los refugiados siguen necesitando
de vuestra intercesión porque los responsables de la
política internacional no muestran mucho interés
en ofrecer ayuda humanitaria y de paz a la Región de
los Grandes Lagos. |