 Las
Constituciones maristas describen la Conferencia general
como una asamblea consultiva que tiene un doble objetivo:
consolidar la unidad dentro del Instituto y estudiar
los asuntos de interés general para darles
solución.
La costumbre de reunir a un grupo
significativo de hermanos para tratar con ellos asuntos
importantes del Instituto ya fue práctica de
Marcelino que veía cómo fomentaba la
unión de los hermanos. El origen de esta estructura
al servicio del gobierno general, tal como ahora la
conocemos entre nosotros, comenzó a gestarse
y definir su funcionalidad a partir de los aires de
renovación y del nuevo estilo de gobierno de
las instituciones religiosas que suscitó el
Concilio Vaticano II.
El Hermano Charles Rafael inició
esta práctica en 1961 y la volvió a
repetir en 1965. De estas experiencias iniciales se
pasó a consolidarse como convocatoria entre
Capítulos generales una vez trascurrida la
primera parte del período del mandato del Hermano
Superior general para tomar el pulso a la aplicación
de las decisiones capitulares pasando a formar parte
del capítulo del Gobierno general de las nuevas
Constituciones.
Siendo como es la Conferencia General
una asamblea consultiva su dinámica y funcionamiento
difieren de los de un Capítulo General. Éste
tiene plena autonomía respecto del Consejo
General y es la autoridad suprema extraordinaria del
Instituto. En cambio la organización, el temario,
el determinar la agenda y la duración de la
Conferencia general, es competencia del Superior General
y su consejo en diálogo con los Provinciales.
Los Capítulos suelen resolver todos los asuntos
por votación y ofrecen unos documentos al Instituto.
En las Conferencias no se votan las decisiones, pero
hay un consenso sobre los aspectos que han de ser
impulsados en las Provincias o en el Instituto aunque
no se expresen en documentos y declaraciones oficiales.
Estas diferencias se traducen en la forma de trabajar
y por supuesto en los objetivos que se persiguen y
en los medios para alcanzarlos. |