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Historia de vida laical Marista
Víctor Quiñones-Miranda
 
 
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Prov. América Central - Guaynabo - Puerto Rico
 
Saludos, me llamo Víctor Quiñones-Miranda y actualmente tengo 36 años. En los anos ’80 fui alumno del Colegio Marista de Guaynabo, Puerto Rico. Aun recuerdo el día que llegue por primera vez al Colegio para tomar el examen de admisión, fue un sábado en la mañana. Recuerdo que me recibió con una gran sonrisa en su rostro el Hno. Balbino Lezaún. Me dio la mano y la bienvenida al Colegio, en ese momento tenia 11 años. Yo venia de la Academia San Ignacio, donde las religiosas que dirigían la Academia en pocas ocasiones habían sido cercanas con nosotros los alumnos. La cercanía del Hno. Balbino impacto mi vida, ya que cambiaba radicalmente el concepto de un religioso que hasta ese momento yo tenia. Tome el examen con el Hno. Raimundo García, aunque fue un poco más estricto, típico en él, demostró ser, un ser humano muy sensible y cercano. Cualidades que años después conocería más a fondo. Ambos hermanos cambiaron mis paradigmas y abrieron la puerta a la curiosidad sobre la vida religiosa. Curiosidad que quedaría en el tintero hasta mucho tiempo después.

Ya siendo alumno del Colegio fui conociendo más de cerca a los hermanos y a un personaje del que nunca había escuchado antes… Marcelino Champagnat. La vida de los hermanos y la del Padre Champagnat me fue interesando, el espíritu de familia, el amor a María, su cercanía, sencillez, amistad y sobre todo su ejemplo fueron moldeando la persona en la que me convertiría y la que soy hoy. Champagnat me enseño el valor del trabajo y del esfuerzo, el amor a María, a ser sencillo y humilde. Valores que tesoro y que espero poder transmitir a mi hija, siendo modelo como lo fueron conmigo.

El luchar por un ideal, el perseverar y tener una meta fueron enseñanzas aprendidas en los años que pase en el Colegio. Durante mis años en la secundaria, tuve la oportunidad de participar del Movimiento Remar. Movimiento que fue clave en el conocimiento de la vida de San Marcelino y a su vez de los hermanos. Aquí pude descubrir otras facetas de la vida de ellos. Si su cercanía en el Colegio era palpable, dentro de las actividades y convivencias del movimiento era mucho más evidente. No estábamos dentro del salón de clase, así que era otro ambiente. Un ambiente de fraternidad, de apertura y de compartir a la vida.

Durante esos años en el Colegio tuve el honor de ser alumno de grandes maestros tales como el Hno. Félix Hernández, el Hno. Benito Baños, el Hno. Adolfo Cermeño, el Hno. Efraín Romo, el Hno. Hilario Martínez. Unos fueron mas estrictos que otros, pero todos fueron modelos cristianos y de persona. Todas las lecciones que me dieron me han servido a lo largo de mi vida. Sus vidas me impactaron tanto que en un momento decidí abrazar la vida religiosa marista.

Ya siendo ex-alumno tome la decisión de darme la oportunidad de descubrir el plan de Dios en mi vida. De la mano del Hno. Luis Carlos Gutiérrez, y a través de un proceso de discernimiento, fui descubriendo lo que Jesús me pedía. Opte por irme a Guatemala y hacer un año de servicio en la Escuela Marista de la zona 6 de la ciudad capital. Una de las varias obras sociales que tienen los hermanos en la provincia de América Central y Puerto Rico. Viví un año con la comunidad de hermanos de la escuela, trabajaba como profesor de inglés y realizaba todas las actividades y funciones que los demás hermanos de la comunidad realizaban. Ese año marco mi vida para siempre. Fue un año donde pude encontrarme conmigo mismo, con la persona de Champagnat y sobre todo con Jesús y María. Mi espiritualidad creció mucho. La ayuda de mis hermanos comunitarios durante ese año fue clave. Atesoro con mucho cariño las experiencias vividas en paseos comunitarios, el compartir la vida, el amor y el sentido de familia que teníamos entre todos. Claro esta, como en toda familia existen las diferencias, pero siempre reinó la fraternidad que Marcelino supo transmitir a los primeros hermanos. A través de ese año Dios me dio una gran lección. Me enseño que para servirle a El no necesariamente tenia que ser religioso como yo pensaba en ese momento, también lo podía lograr siendo un laico. Nuevamente Dios se manifestó en mi persona, ayudándome a descubrir mi verdadera vocación. Lo puedo resumir a través de esta frase que para mi es una verdad absoluta: “Dios nos esconde las cosas en frente de nuestros propios ojos”. Nuevamente me dejé en las manos de Dios como lo hizo San Marcelino y me di la oportunidad de que Él se manifestara otra vez. De esa forma la vida marista me hacia un regalo maravilloso en la mujer que hoy es mi esposa.

Dios ha sido muy bueno conmigo a través de mi vida. Es una realidad que tengo que admitir. La experiencia de mi año de servicio, no tan solo me dio la oportunidad de conocer otro país, otra cultura, otros hermanos, sino otro modo de ver la vida, me regalo una familia y me comprometió en ser constructor del Reino.

Compromiso que llevo a cabo a través de mis tres facetas laborales. La primera como profesor de educación en la fe, en el Colegio Marista de Guaynabo. Compromiso fuerte, porque debo ser modelo de un cristiano para mis alumnos. El afecto y el cariño que me demuestran ellos día a día me da la certeza de que vamos haciendo camino frente a los antivalores que promulga la sociedad. Se que la semilla que siembro en cada uno de ellos dará fruto mas adelante cuando tengan que enfrentar las diversas situaciones de la vida. Como catequista de confirmación también tengo un compromiso, ya que debo ser ejemplo y facilitador en el proceso de discernimiento de cada uno de ellos sobre lo que es ser un cristiano comprometido con su fe.

Finalmente mi trabajo como psicólogo clínico me compromete en la construcción del Reino, siendo agente de cambio en la vida de las personas a mi cargo. Muchas veces la persona que llega buscando ayuda necesita una persona que sea bálsamo para sus heridas, un orientador, un evaluador, un mediador o un conciliador. Aunque muchas veces lo que en realidad necesitan es un simple ser humano que los escuche y les dedique tiempo. El tener la oportunidad de hacer ese cambio es maravilloso.

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Víctor Quiñones-Miranda, Guaynabo, Puerto Rico
Provincia Marista de América Central
 
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