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| Vida Religiosa |
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| Formación inicial |
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 “La
vitalidad de nuestra familia religiosa y la fidelidad a su
misión dependen, en gran parte, de la formación
de sus miembros. El Instituto se preocupa de que esta sea
sólida y adaptada a la personalidad y cultura de cada
uno. Formar hombres capaces de entregar toda su vida a Dios,
en el seno de una comunidad apostólica marista, es
el objetivo que unifica las diversas etapas de la formación”.
(Constituciones maristas, n. 95) |
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El prenoviciado (cfr GF, 132, 165, 134) |
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Antes de ingresar  en
el noviciado, el joven interesado en llegar a ser hermano
marista, comienza la preparación propia del prenoviciado.
Tal formación tiene como fin ayudar a los jóvenes
a conocerse, a aceptarse, a superarse y a convertirse al
Evangelio.
Consta de
dos etapas:
- un tiempo de búsqueda o aspirantado (cada Provincia
o Distrito prevé la modalidad).
- un tiempo de postulantado (su duración es de seis
meses, por lo menos).
La finalidad del prenoviciado es ante todo
el discernimiento, es decir, el darse cuenta, tanto por
parte del candidato como del Instituto, de la realidad o
no de una llamada a seguir a Jesús en la vida marista.
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El noviciado (cfr GF 194 y 196) |
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Para el novicio, se trata de entrar en
una nueva forma de vida que le lleve a lanzarse, con Cristo,
al estilo de María y de Champagnat, en una experiencia
de vida interior profunda, para descubrir en ella la fuente
del amor de Dios y de los hombres. De ese modo, logrará
dar a su compromiso un carácter motivado, libre y
gozoso y hacer una experiencia verdadera de vida marista
en el espíritu de las Constituciones.
Dejarse conducir por el Espíritu
Santo va a exigir cierto aislamiento y amplios espacios
interiores: tan sólo en el desierto podrá
el novicio discernir la veracidad de la llamada divina,
es decir, ver manifiestamente los motivos que le impulsan
a optar por la vida religiosa marista y purificarlos poco
a poco.
Su duración es de dos años
(cfr GF 238). Este tiempo de formación prepara al
novicio a la profesión religiosa como respuesta a
la llamada de Dios. (240). |
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El
postnoviciado (cfr GF 286, 287) |
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Después
del Noviciado, hasta la profesión perpetua, la
formación del hermano profeso temporal prosigue
en dos etapas de manera sistemática y equilibrada.
Se organiza en función de las necesidades de la
Iglesia y de los hombres, y se adapta a las cualidades
personales y al carisma del Instituto. Durante ese tiempo,
el hermano sigue aquilatando el sentido de su consagración.
El fin general del postnoviciado es la formación
de la personalidad apostólica del hermano joven.
Se trata de completar y profundizar el trabajo del noviciado,
terminando de poner las bases sobre las que podrá
edificarse sólidamente el ser adulto del hermanito
de María.
Esta etapa comprende dos fases:
-
Formación para la misión:
el hermano se prepara de manera más concreta para
evangelizar y educar a los jóvenes, especialmente
a los más abandonados, por medio de su presencia
y a través de un proyecto de promoción humana,
cristiana, cultural y social. Tiene una duración
mínima de tres años. (cfr GF 290 y 308)
-
Aprendizaje apostólico: Después
de la etapa anterior, centrada más bien en las
adquisiciones teóricas y la unificación
de la persona, llega aquella en la que se pone el acento
en el aprendizaje apostólico. (GF 293)
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Profesión
perpetua (cfr GF 316 a 318) |
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En el último año de profesión
temporal, el hermano es admitido a la profesión perpetua
por parte de los Superiores del Instituto, después
de haber reconocido su capacidad para “entregar toda
su vida a Dios, en el seno de una comunidad apostólica
marista” (Const 95).
El hermano se prepara para esta importante
decisión con una seria evaluación. En este
momento, debiera haber alcanzado, en su vida marista, un
nivel de identificación y de unificación suficiente
para comprometerse de una manera realista y definitiva.
Para alcanzar este objetivo, la duración
normal de la profesión temporal debiera ser de seis
años.
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