|
La
formación continua se sitúa, a la vez, en
un contexto histórico y personal. Por un lado, el
período de cambios rápidos en el que nos toca
vivir, exige apertura de espíritu y de corazón
así como una puesta al día renovada sin cesar.
Por otra parte, toda persona es un ser en devenir, inacabado;
por eso, el bautizado o la persona consagrada se esfuerza
por “llegar a ser adulto a la medida de Cristo Jesús”
(C 110). Dentro de tal contexto, la formación permanente
presenta doble finalidad:
-
El desarrollo de la persona consiste
en hacer fructificar sus cualidades humanas, sus dones
espirituales, sus aptitudes profesionales.
-
La construcción del Reino
de Dios. A través del crecimiento personal,
se alcanzará también una meta congregacional
y eclesial: la construcción del Reino de Dios.
La comunidad local y la Provincia serán más
apostólicas, más útiles para
los jóvenes, la sociedad y la Iglesia. Desarrollarán
toda la riqueza del carisma marista. Para expresarlo
en otros términos, lo que nos jugamos, con
la formación permanente, es la vitalidad entera
del Instituto.
|
|
Cada Provincia o Distrito propone iniciativas
y medios para favorecer la formación continua de
los hermanos y seglares.
El Consejo General ofrece regularmente
algunos cursos para hermanos de distintas edades. Se llevan
a cabo normalmente en la casas marista de Manziana, Italia
y en la de El Escorial, España. Los Hermanos Consejeros
Generales tienen una función de enlace con los diferentes
centros de formación permanente.
Esta es su organización: |