a.
El desprendimiento en el seguimiento de Cristo. “Por
amor, caminamos tras las huellas de Jesús, para
aprender de él cómo vivir plenamente nuestro
voto de pobreza en el desprendimiento”(Constituciones,
n° 28). Al que quiere seguirle, Jesús le dice
que el Hijo del hombre no tiene dónde reposar la
cabeza (Mt.8,20).
b. La confianza en la Providencia. “Si el Señor
no construye la casa...” (Sal.126). A ejemplo del
Padre Champagnat, la confianza en la Providencia nos pide
que empleemos todos los medios para satisfacer las necesidades
de la misión y de sus obreros, sabiendo que Dios
desea nuestra participación para actuar.
c. Una vida laboriosa. Nuestro Fundador tenía
una alta estima del trabajo, siendo él mismo un
trabajador infatigable. Por el trabajo participamos en
la obra de la creación y recibimos todo lo que
necesitamos para vivir. (Constituciones, n°32)
d. Una vida sencilla. Nuestras Constituciones precisan
las características de nuestra pobreza: la sobriedad,
sin buscar lo superfluo (Constituciones, n°32). La
sencillez, virtud marista, se demuestra no solamente en
las relaciones sino también en el uso de los bienes
y en nuestra manera de educar. (Misión Educativa
Marista, nº105)
e. La solidaridad con los pobres. “La preocupación
por los pobres nos impulsa a descubrir las causas de su
miseria y a liberarnos de todo prejuicio... Por lo mismo,
nos sentimos más responsables de los bienes que
están a nuestro uso y que debemos compartir con
los más necesitados.” (Constituciones, n°34).
Fieles a la doctrina de la Iglesia, reconocemos en la
persona del pobre una presencia especial de Cristo.”
(Caminar desde Cristo, nº 34)
f. Nuestros bienes al servicio del Reino. “Acertar
a utilizar nuestros recursos económicos en relación
con los valores evangélicos y con la misión
es una preocupación importante que toca nuestra
identidad religiosa hoy y la credibilidad del testimonio
que de ella damos.” (Economía y misión,
n°1, USG). Este supone una administración inteligente
y creativa al servicio del Evangelio.
g. El realismo en el uso de los bienes. Jesús
nos pone como ejemplo la buena gestión en algunas
parábolas. Nuestro Fundador pedía poco dinero
para el mantenimiento de los hermanos en las escuelas,
pero ese poco lo exigía hasta amenazar con la retirada
de los hermanos. (Carta n.º 35)
h. El espíritu de familia, característica
del Instituto subrayada por nuestras Constituciones (n°6),
se traduce en transparencia y en la puesta en común
del uso de los bienes. De esta manera se da testimonio
de otra mentalidad sobre la finalidad de los bienes: no
para una utilización egoísta, sino para
una utilización compartida y puesta al servicio
y al bien de todos.
i. El respeto a la creación. La Iglesia se hace
cargo de esta nueva preocupación surgida en nuestra
sociedad (Caminar desde Cristo, n.º45). El documento
del último Capítulo recomienda a cada comunidad
un compromiso en este terreno (Optamos por la vida, n.º
43,7). Reconocemos la creación como la obra de
Dios y nuestra responsabilidad en cuanto a su salvaguardia
y a la utilización de sus riquezas.
j. La promoción de la justicia en el uso y distribución
de los bienes. "La preocupación por los pobres
nos impulsa a descubrir las causas de su miseria y a liberarnos
de todo prejuicio o indiferencia respecto de ellos. Por
lo mismo, nos sentimos más responsables de los
bienes que están a nuestro uso y que debemos compartir
con los más necesitados. " (Constituciones,
n° 34)