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Uso Evangélico de los bienes
 
Centro Internacional Marista (MIC) — Nairobi
 
Taller sobre el Uso Evangélico de los Bienes
19-21 diciembre 2005
 
 
Informe del Hno. Spiridion Ndanga, Superior de la Comunidad

El 20º Capítulo General encomendó al Consejo General “diseñar un plan de discernimiento sobre el uso evangélico de los bienes en el Instituto, y acompañar su puesta en marcha en cada unidad administrativa” (Optamos por la vida, 48.5) El Consejo General constituyó una Comisión para trazar el plan. Dicho plan fue luego aprobado, en febrero de 2004. Y a partir de entonces se está efectuando su puesta en marcha en las Provincias del instituto.

El Centro Internacional Marista no tenía la oportunidad de entrar dentro de esta dinámica, por ser una institución formativa interprovincial. Así fue como el equipo de formación del MIC invitó a un miembro de la Comisión del Uso Evangélico de los Bienes para que nos ayudará a entrar en un proceso de discernimiento. No hace falta decir lo importante que es hacerlo en el tiempo de la formación inicial para trabajar después en esa línea en las comunidades respectivas. El Hno. Maurice Berquet, coordinador de la Comisión, aceptó gentilmente la invitación y vino a animar un taller sobre esta cuestión en los días 19 a 21 de diciembre, 2005. Les estamos muy agradecidos, a él y al Consejo General que nos lo puso a nuestra disposición.

Realmente el taller fue un regalo de Navidad. En él nos recordaron que los bienes han de usarse al servicio del Reino, que “no hay pobreza cristiana si ésta no se origina en una pasión por Dios”, que el despego de los bienes terrenos es seguir el ejemplo de Jesucristo, “que, siendo rico, por nosotros se hizo pobre a fin de que nos enriqueciéramos con su pobreza” (2 Cor 8,9) ¿Acaso no consiste en esto el misterio de la Navidad? Se señalaron también otros valores, por ejemplo la confianza en la Providencia, un estilo de vida sencillo, caracterizado por el trabajo, la solidaridad con los pobres, el sentido realista en el uso de los bienes, el espíritu de familia, el respeto por la creación, y la promoción de la justicia. El método que se utilizó fue el mismo con el que se diseñó el plan: ver, juzgar, decidir y evaluar.

Uno de las cosas que conocimos en este taller fue la enorme cantidad de dinero que se invierte en la formación en el MIC y de dónde procede esa financiación. El dinero que se destina al sostenimiento del Centro manifiesta el interés que los Hermanos tienen en la formación. Viene del trabajo de los Hermanos. Eso nos lleva a estar agradecidos al Instituto y a vivir de una manera sencilla, con el fin de aliviar de algún modo la carga financiera que supone para los que proveen a nuestro sustento y formación.

Nos hemos dado cuenta de que este taller es sólo un punto de partida en el discernimiento del uso de los bienes. Vano sería el trabajo del Hno. Maurice si a este primer paso no le siguen otros. Por eso, nos comprometemos a desarrollar el plan en el Centro Internacional Marista como forma de renovar nuestra vida religiosa, ya que el uso de los bienes materiales constituye un “elemento clave en todo proceso de refundación”.

 
 

Informe del Hno. Garikayi Kasirayi

 

Hno. Garikayi Kasirayi

La víspera del día en que iba a comenzar el taller estábamos sentados algunos hermanos conversando en torno a las expectativas de lo que íbamos a escuchar y trabajar en esas jornadas.

Uno decía: ¿”Va a ser un taller sobre el uso evangélico de los billetes de mil chelines?". Otro comentó: “Será bueno para los formadores, porque ellos son los que acaparan los coches, ya que a los jóvenes no nos dejan conducir”. Eran reflejos de diferentes puntos de vista sobre lo que podemos entender por bienes que requieren de un uso evangélico.

Es de suponer que estos días sirvieron para aclarar muchos conceptos erróneos, mitos y fantasías. Si no, el proceso de discernimiento que propuso el Hno. Maurice todavía tendrá que madurar con un poco más de tiempo. Por lo que a mí respecta, quedaron contestadas casi todas las cuestiones, no al cien por cien, ya que sólo Dios conoce todas las respuestas. Según vayamos avanzando en el proceso de discernimiento se irán despejando las dudas que aún quedan en el aire.

Como el taller iba orientado al fondo de la consagración de los hermanos, la reflexión fue más lejos del contenido estrictamente material del asunto. A mí me sirvió para considerar el uso evangélico de los bienes con una perspectiva diferente, me ayudó no sólo a ver la utilización responsable de las cosas que tengo a mi disposición, sino también a profundizar en la base espiritual en que esa utilización se sustenta. “Consiste en un amor apasionado de Dios. No hay pobreza cristiana si ésta no se origina en una pasión por Dios, un Dios que se vuelve absolutamente importante para mí, el centro de mi corazón, mi todo; esto es lo que marca la manera de vivir con espíritu de pobreza”. (Hno. Basilio)

Amar a Dios apasionadamente es llevarle al núcleo de mi vida, y eso me dará una gran libertad, un verdadero sentido de pobreza que me ayudará a superar mi natural inseguridad y a considerar los bienes terrenos como cosa relativa. Dios, que es todo amor, me dará la gracia de poseer sólo lo necesario para que yo pueda alabarle, agradecerle y servirle; en otras palabras, la gracia de poseer de un modo apropiado. Es entonces cuando los bienes adquieren una dimensión importante para las vidas de mis hermanos, para la misión y para la solidaridad, no para mi interés personal.

El taller nos ayudó a revitalizar y rectificar nuestra visión y nuestras actitudes para con la pobreza. Fueron días propicios para dar un impulso a nuestros proyectos de adviento y aprovechar esta Navidad para poner en práctica lo que allí estábamos reflexionando. El artículo 29 de las Constituciones dice: “Conservamos, sin embargo, la propiedad de nuestros bienes, la capacidad de adquirir otros y la de añadir al patrimonio lo que éste pueda producir”. Hermanos, nosotros pertenecemos a Cristo y Cristo pertenece a Dios. Dios se da sí mismo en totalidad, en todas las cosas, y nos creó para que nosotros podamos disfrutar de esa riqueza. Es bueno recordar que incluso lo que consideramos como propio es parte del Instituto; que lo que usamos en nuestra misión y en nuestras vidas es dinero de nuestros hermanos. Nuestra pobreza tiene que estar fundamentada en nuestra identidad de maristas consagrados. Eso nos llevará a fomentar valores como el despego de los bienes terrenos siguiendo el ejemplo de Jesucristo, la confianza en la providencia de Dios, el estilo de vida sencillo, la solidaridad con los pobres, poner los bienes al servicio del Reino, actuar con realismo en el uso de los bienes, el espíritu de familia, el respeto a la creación, y la promoción de la justicia y la paz. Reflexionar en profundidad en torno a estas cosas, desde la base de nuestras herencias culturales, diferencias de contextos, situaciones sociales, políticas y económicas en que nos encontramos, nos ayudará sobremanera a discernir cómo utilizar debidamente nuestros bienes.

A las fraternidades del MIC se les pidió que compartieran en diálogo en torno a esos valores y eligieran dos de entre ellos que, en su opinión, eran los que Dios nos pedía desarrollar en estos momentos y en el país en el que estamos, Kenya. Casi todas se decantaron por el espíritu de familia y la solidaridad con los pobres. También resonaron luego en la sesión plenaria los valores del respeto a la creación, la promoción de la justicia, y el sentido de realismo en el uso de los bienes. Tal como se puso de manifiesto en el taller, estamos en el punto de arranque de un elemento que es clave para llevar adelante una refundación. Refundación que es necesaria para todo el Instituto, y que podemos conseguir a través de experiencias compartidas que nos ayuden a todos.

 

 

Mis impresiones del taller
Hno . Stanislaus

 

Para mí fue una experiencia importante, y me sirvió de gran ayuda. Fue un elemento necesario que habría echado de menos si hubiese pasado por el Centro Internacional Marista sin haber tenido la oportunidad de tenerlo. Me brindó una excelente ocasión de reflexionar y profundizar en torno al voto que más se confunde y del que más se abusa en nuestro tiempo: el de pobreza.

En nuestro mundo de hoy, que junto con el desarrollo científico y tecnológico viene caracterizado por el individualismo, el consumismo, la corrupción y todos los demás vicios, un religioso joven como yo, que está llamado a vivir este voto de pobreza, se enfrenta a grandes desafíos. Los medios están constantemente invitándonos a poseer lo mejor, lo que está de moda, lo más lujoso, y siempre mucho más de lo que es realmente necesario. Se nos presenta delante esa tendencia a instalarnos en las capas medias de la sociedad aburguesada. Tenemos la tentación de relacionarnos con personas de esa clase social porque en ese espacio nos sentimos más cómodos. Veo que todas esas fuerzas me impiden vivir mi voto de pobreza, que es lo que yo he elegido vivir. Muchas veces trato de justificar en mí mismo actos que no reflejan verdaderamente ese espíritu de pobre. Corremos el peligro de vivir la vocación de hermano como una búsqueda de status, olvidando la misión que hay detrás.

Una cosa que me llamó la atención fue la pregunta: “¿De dónde procede el dinero que se gasta en el Centro Internacional Marista?” Como miembro del Centro, admito que, prácticamente, nunca había pensado en ello. La simple respuesta de que procede del sudor de nuestros hermanos me impactó. Me vino muy bien esa comunicación para comprender que hay muchos hermanos trabajando para que yo tenga una buena formación. Me siento agradecido a todos ellos, que tan generosamente nos ayudan a los que aquí estamos estudiando. Yo también quiero hacer lo mismo por los que vengan detrás cuando haya terminado mi tiempo de formación.

Los diez valores del plan de discernimiento me sirvieron para evaluar mi vida personal. Fueron como una invitación para volver a situarme en el recto sendero que un día escogí libre y voluntariamente. Esas llamadas al despego, a confiar en la Providencia, a llevar una vida sencilla y laboriosa, a luchar por la justicia, al espíritu de familia y la solidaridad con los pobres, entre otras, supusieron un aldabonazo para mí y me hicieron sentir que debo mantenerme en el camino correcto y vivir mi pobreza religiosa como es debido, porque eso me llevará a practicar el evangelio como un auténtico seguidor de Jesús.

 
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