El
19 de junio pasado comenzó una nueva etapa en el
trabajo de las naciones del mundo para lograr que hombres
y mujeres, niños, niñas y jóvenes sin
distinción alguna puedan disfrutar plenamente de
sus derechos como personas. La fecha marca el comienzo de
un nuevo organismo al interior de las Naciones Unidas: El
Consejo de Derechos Humanos. Este nuevo organismo tiene
una importancia similar al Consejo de Seguridad y al Consejo
Económico y Social de las Naciones Unidas, y será
el responsable de “promover el respeto universal para
la protección de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales para todos, sin distinción de ningún
tipo, con justicia y equidad”, según la resolución
de la Asamblea General de marzo de 2006 por la cual se creó
este Consejo.
Durante 60 años (1946 – 2006), la discusión
sobre temas de Derechos Humanos se realizó por medio
de una Comisión, que dependía del Consejo
Económico y Social (ECOSOC), y cuenta entre sus logros
la redacción de la Declaración Universal de
los Derechos Humanos (1948) y de 7 instrumentos de derecho
internacional sobre Derechos Humanos, incluida la Convención
de los Derechos del Niño (1989). El nuevo Consejo
sustituye a la Comisión, estableciendo así
una mayor importancia de los Derechos Humanos dentro al
interior de las Naciones Unidas, y marcando una reestructuración
de la Organización que todos esperamos ayude a establecer
mecanismos más efectivos para la consecución
de la paz y la seguridad entre las naciones, el desarrollo
socioeconómico de los pueblos y un mundo con justicia
e igualdad de oportunidades para todos.
Durante estos días, los representantes de los gobiernos
tendrán reuniones diarias para dialogar sobre los
temas más apremiantes en materia de derechos humanos:
la pobreza, la discriminación, la intolerancia religiosa,
los conflictos armados, la corrupción... son realidades
que siguen planteando retos para todas aquellas personas
que trabajan por un mundo mejor. También discutirán
sobre las formas que adoptarán para la organización
del nuevo Consejo, los temas que tratarán en futuras
sesiones y la revisión que los mecanismos y procedimientos
heredados de la Comisión anterior.
Los Maristas no somos ajenos a este cambio. Hace ya muchos
años comenzamos a explorar nuevas presencias educativas,
formadoras y evangelizadoras en ambientes distintos de la
educación formal, urgidos por las realidades apremiantes
de muchos niños y niñas de nuestras comunidades.
Ahora iniciamos una presencia en foros internacionales para
hacer eco de las voces de estos niños, niñas
y jóvenes con quienes y para quienes trabajamos.
Coincide esta nueva presencia con los cambios al interior
de Naciones Unidas. Es una buena oportunidad para aportar
nuestra riqueza como educadores y formadores de niños
y jóvenes, la actualidad de nuestro carisma y sobre
todo, la vida que vibra en cada escuela, en cada reunión,
en cada actividad donde hay un corazón como el de
Marcelino, lleno de pasión por Dios y por los demás.
Ésa es nuestra experiencia y ésa es nuestra
palabra, la que compartiremos aquí en Naciones Unidas.
Que María, nuestra Buena Madre, nos anime en nuestro
trabajo por la promoción de los niños, niñas
y jóvenes. Ella, en su canto del Magnificat, nos
enseña a manifestar la grandeza de Dios que hace
opción por los pobres y sencillos. Junto con ella,
proclamemos que Dios quiere una vida digna para todos sus
hijos e hijas.